Sábado, 16 de Diciembre de 2017
13:04 CET.
Economía

Sin ley y sin amparo

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Reciben órdenes y contraórdenes. Son enviados a casa como si fueran paquetes, no tienen un sindicato al que acudir y no pueden decir que el sistema no les funciona: no tienen a quien, no tienen donde. Las nuevas medidas económicas de racionalización de fuerza de trabajo que el gobierno ha implementado no brindan a los obreros ni una cuña del pastel.

Más de medio centenar de obreros medianamente calificados de la planta de extracción de níquel en Nicaro, municipio Mayarí, provincia de Holguín, quedaron sin empleo a inicios de este 2011. Las indicaciones de la administración de la empresa "René Ramos Latour" fue que reorientaran sus vidas, que dirigieran el camino laboral hacia otras esferas; esto, a sabiendas de las nulas posibilidades en un lugar devastado por la explotación mineral.

Según Ramón, trabajador afectado, el sindicato no hizo más que repetir lo indicado por el Partido y la dirección de la empresa. Al decir de este "disponible", otra orientación fue que se inclinaran por el trabajo por cuenta propia o esperaran a la conformación de un contingente agrícola que nunca ha llegado a ver la luz.

Hasta ahora, las medidas implementadas para animar la pequeña empresa o "trabajo por cuenta propia" han contado con más obstáculos que otra cosa, a pesar de que hasta el mismo Raúl Castro ha lanzado rayos y centellas contra el inmovilismo de cincuenta años alimentado bajo su propio mandato y el de su hermano.

Las quejas más frecuentes, aparecidas en los pocos espacios de difusión masiva, van desde el mal funcionamiento de los órganos de justicia laboral, pasando por la inopia de los sindicatos de base para la solución de los problemas de los trabajadores, hasta el autoritarismo más ramplón de las direcciones empresariales, cuyas intromisiones llegan a anular por completo la gestión sindical.

El semanario Trabajadores, órgano de divulgación del sindicalismo oficialista, publicó el pasado primero de agosto una entrevista a Daniel Casal, líder sindicalista canario. En la conversación, Casal, quien se define como defensor de los trabajadores, se queja del sistema asociacionista ibérico al afirmar: "Usted no puede estar en el sindicato que quiere y que lo defiende realmente, sino en el que le imponen so pena de perder el empleo, y hasta se llega al punto de poner como condición para trabajar el no estar sindicalizado".

Tal aseveración parece una burla ante la imposición del sindicato único en Cuba, al servicio del aparato ideológico del Partido Comunista.

Protestar, caminar por la cuerda floja 

Trabajadores del sistema de salud, la producción de azúcar y la construcción aparecen ahora con la más alta tasa de "disponibles", término que la jerarquía se ha inventado para definir a los desempleados, quienes, en ningún caso, podrían reclamar al sindicato totalitario desde uno conformado de manera independiente: su sola insinuación sería catalogada de disidente.

El Gobierno ha puesto en funcionamiento legal 74 de los 89 convenios ratificados en la Organización Internacional del trabajo (OIT). Muy pocos, sin embargo, se conocen entre los trabajadores. Aún así, continúan prohibidos el derecho a huelga y la asociación fuera del campo oficialista.

La huelga de los conductores de coches tirados por caballos en Bayamo, a inicios de año, donde un puñado de ellos se erigieron en líderes, puso en la mesa de negociaciones al gobierno local. Sin embargo, las contramedidas posteriores, tales como cancelación de licencias para laborar, coacción y otras amenazas, dejaron en el desamparo a los que protestaban desde un principio.

Aún así, un hecho como esta huelga y sus posteriores conversaciones aparecen como una anomalía en medio de la madeja de la represión gubernamental. En 2010, una huelga de trabajadores por cuenta propia sacudió al municipio Palma Soriano en Santiago de Cuba. No dejó saldos positivos para los huelguistas, mientras los sindicalistas independientes del país eran hostigados, detenidos, golpeados y acusados de trabajar bajo las órdenes de Washington o , incluso, de algo peor: recibir indicaciones de grupos de cubanos en el exilio, principalmente radicados en el sur de Florida.

Mientras tanto, Raymundo Navarro, funcionario que asistió el pasado junio a la conferencia anual de la OIT, relató en Trabajadores cómo se debatió en aquel foro sobre la libertad sindical y de asociación, el derecho laboral y la negociación colectiva, entre otros, términos que son un baldón en la historia sindical cubana de los últimos cincuenta años.

Así, el gobierno intenta dibujar una sociedad sin fisuras y la prensa se atasca frente a una realidad que no puede relatar. Mientras, con el temor a perder lo que le han robado de antemano, los obreros entonan, en voz baja, quejas que no pasan de ser un rezo.

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