Lunes, 18 de Diciembre de 2017
15:51 CET.
Reportaje

Esperanzas sin subsidios

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Cuando Eligia G. sale a la calle enfrenta un fuego cruzado. El de los mercados. No puede salir indemne. En uno de los dos —privado o  estatal— debe hacer sus compras, pero estas son cada vez más escasas, porque los productos son cada vez más caros.

"Siento que a las personas como yo, nadie las toma en cuenta", dice.

Lleva una jaba de tela colgada en el antebrazo y suda a mares. En Madrid o Tel Aviv, tal vez  sería una más entre los indignados, pero en La Habana es una ama de casa resignada a su suerte.

En una vida de 65 años, esta viuda mestiza y bisnieta de esclavos, ha sido alfabetizadora, luego maestra Makarenko, profesora de nivel medio por veinticinco años, militante del partido comunista por más tiempo y madre de dos hijos varones, uno oficial de las fuerzas armadas, veterano de guerras africanas, el otro empleado público. Una vida ejemplar, políticamente correcta, la sumatoria de virtudes que ahora no se premian.

"Mis diplomas y medallas están guardaditos", dice a la entrada del mercado de 17 y K, en el Vedado, un antiguo escaparate agrícola con que el ejército quiso demostrar cierta competitividad con el sector campesino privado en una guerra sin tiros que acabó perdiendo.

Transición y costo social

La transición hacia un nuevo modelo económico en Cuba, que mantenga el status quo político y saque a la economía del marasmo y de los números rojos del déficit comercial, está dejando atrás a buena parte de la base social que durante cincuenta años soportó el peso de las malas decisiones del gobierno y las secundó sin reparos.

"Somos los que alguna vez fuimos llamados despectivamente carneros", apunta, por su parte, Jorge, el hijo de Eligia,  que se desempeña como jefe de recursos humanos en una destartalada empresa estatal venida a menos. También es miembro del Partido.  "Lo he dicho hasta el cansancio en mi núcleo", descarga molesto.

Tanto él como su madre integran una cada vez más esquilmada sociedad de ciudadanos susceptibles de ser apachurrados en el nuevo escenario, donde el Estado se retira para solo dejar vacíos y un reguero de gente frustrada.

Para el gobierno, el viejo sueño de justicia social se ha convertido en papel mojado, sin llegar a decir que fue una triquiñuela ideológica.

"En la actual política, está presente el concepto de que el socialismo significa igualdad de derechos y de oportunidades para todos los ciudadanos, pero no igualitarismos", expresó a principios de agosto el presidente de la Comisión parlamentaria de Asuntos Constitucionales y Jurídicos, José Luis Toledo.

La socióloga Mayra Espina considera, sin embargo, que "se mantiene la legitimidad del proceso de dignificación de los sectores populares", porque "hay factores sociales que amortiguan", como las remesas familiares desde el exterior y los pequeños negocios privados que hacen un "colchón que impide una ruptura".  La especialista, empero, alerta de que tal situación no puede ser vista como "un bono hacia la eternidad".

La iglesia, por su lado, reclama que se dejen atrás los remilgos ideológicos. "La generación de riquezas, y el surgimiento de nuevos 'ricos' puede representar un desafío de orden ético o legal diferente, pero la pobreza extendida no resulta menos desafiante o peligrosa para nuestra sociedad", evaluó en febrero pasado la revista católica Palabra Nueva en un editorial titulado "Sin miedo a la riqueza".

Las elites no comparten esa visión de sus socios del clero, avizorando en los nuevos ricos a futuros competidores políticos que pujarían por una Cuba abierta al multipartidismo.

Abrir y cerrar, los verbos de la reforma

Evitando un resbalón político, el gobierno avanza a paso de alpinista para evaluar y adaptar la liberalización a las demandas de control interno. Hay peligros. Un investigador como José Ramón Vidal avista más de uno en el horizonte de la reforma.

"Hay dos peligros, entre muchos otros. Uno, pasar de una política que desconoce la lógica económica a otra donde ésta se convierta en la lógica dominante y provoque otra distorsión en la comprensión del complejo entramado de las lógicas sociales. Dos, que la resultante de los cambios sea el incremento del poder de la burocracia, sin que la ciudadanía tenga un debido control sobre esta".

Las opiniones de Vidal, aparecidas en Espacio Laical, un portal de la iglesia católica en la red, hablan más de una caja de Pandora que de un modelo en equilibrio inestable. 

En paralelo,  el analista Armando Chaguaceda hace una instantánea leninista de la transición.

"Se trata —escribe— de un momento histórico donde los pataleos y acomodos de un viejo orden (y sus gestores) coinciden con los destellos (en las iniciativas y demandas de la gente) de algo nuevo que aún no alcanza a nacer".

Preguntas sin respuestas

¿Capitalismo neonato o socialismo post mortem? Es difícil elegir una de las dos preguntas y mucho más responder ambas.

"La gestión empresarial corresponde a la empresa, no al Gobierno local, no a la Asamblea local, no al Partido local". Parece que quien habla es un capitalista chino, pero no, es el mismísimo Ricardo Alarcón, jefe de la Asamblea Nacional, ahora intentando separar competencias y descontaminar a la economía de la política. 

Para los estrategas del gobierno se trata de armar un modelo que permita, en el corto plazo, una aceptable viabilidad económica en un escenario externo donde Estados Unidos continúe de enemigo y los republicanos podrían regresar en 2012 —con una Venezuela incierta ante la enfermedad de Chávez y una China tan tacaña y precavida como distante y centrada en sus problemas. 

"Uno de los más grandes peligros que tiene Cuba es reproducir la dependencia unilateral a un país, en este caso, de Venezuela", advirtió el economista Juan Triana, durante un foro de discusión de la revista Temas hace un año. Entonces el liderazgo chavista no atravesaba los escollos de hoy.

De hecho, la nueva administración cubana ha volcado sus esfuerzos en la prospección petrolera con capital extranjero en busca de un soporte energético que la haga dormir tranquila sin tener que llamar a Caracas. Pero en ese ínterin, el tiempo es el enemigo número uno, un tiempo que tampoco le sobra a la familia de Eligia G.

"Ya no digo cuántos años podré disfrutar la vida, sino cómo podré vivir los que me quedan", se pregunta esta exprofesora, quien terminó la jornada comprando croquetas criollas, confeccionadas a base de harina y de "ave", que en clave cubana quiere decir averigua de qué están hechas. "¿Dónde las compré? En la pescadería. No había otra cosa".

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