Sábado, 16 de Diciembre de 2017
23:34 CET.
Sociedad

El desastre de la vivienda

Archivado en

Lejos de reconocer el asunto de la vivienda y todo lo relacionado con ella como uno de los principales problemas del país, los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista se limitaron a dar una serie de indicaciones intrascendentes, apenas abordaron la situación de los acueductos e ignoraron el mal estado de los viales interiores y de los alcantarillados.

Sin embargo, en la Sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, celebrada en diciembre de 2010, aunque sin profundizarse en el tema, se reconoció la existencia de un déficit de más de 500 mil viviendas, menos de la mitad del que indica cualquier cálculo mínimo. Se señaló, además, que para 2015 estaba previsto reducir el déficit a 200 mil, lo que llevaría a pensar que para 2020 estaría prácticamente resuelto.

Las estadísticas oficiales hasta junio de 2010 señalan la existencia de 3.661.020 viviendas en total, de las cuales 1.303.491 —el 35,6%— se encontraban en regular y mal estado, y solo 1.7 millones de ellas —el 47%— eran de mampostería con cubierta de placa. Para una población al cierre de 2010 de 11.241.161 habitantes, el índice de ocupación sería de 3.09 habitantes por casa.

Pero en materia de vivienda y todo lo relacionado con ello, incluyendo la infraestructura urbana, las cambiantes y contradictorias estadísticas oficiales solo tienen por fin adulterar la realidad.

Es común que en muchas viviendas cubanas convivan tres y hasta cuatro generaciones, lo cual es la razón fundamental de que se afecte la fisonomía de las edificaciones: la población ha tenido que acudir a ocupar terrazas, balcones, portales, aceras, áreas comunes y construir entrepisos para ganar espacio.

La apariencia de las ciudades cubanas, y en particular La Habana, no resiste un engañoso dato de 64.4% (2.357.529) de viviendas en buen estado, cuando la inmensa mayoría carece de mantenimiento, pintura, y presenta una mala situación del equipamiento interior, en especial las instalaciones y muebles sanitarios y eléctricos. Más allá, la simple clasificación del estado técnico de las viviendas no logra explicar la salud de las ciudades y pueblos, con un nivel calamitoso de las redes viales internas, graves problemas de acueductos, alcantarillados y redes eléctricas, así como de servicios comunales, como es la recogida de desechos sólidos y escombros.

Unos spots televisivos que tratan de dar una imagen edulcorada de los distintos municipios del país, con el título de "Cuba… Qué linda es", no alcanzan a ocultar el predominio en los pueblos de añejas edificaciones, ni la realidad del transporte, efectuado en carretones de caballos, bicitaxis y bicicletas. La televisión se abstiene de incluir en este acto de propaganda a los municipios de la capital, donde poco bueno hay que mostrar, sobre todo en los más poblados, como son Centro Habana, Habana Vieja, Cerro, Diez de Octubre, Guanabacoa, Marianao, etc. Un simple recorrido por La Habana no precisa de estadísticas para comprobar la ruina de la ciudad; incluso las zonas más presentables, como algunas partes de los municipios de Plaza de la Revolución y Playa, solo pueden mostrar "modernísimas edificaciones" de los años 40 y 50 del siglo pasado.

En un país donde siendo tan frecuentes los huracanes y los fenómenos tropicales los tendidos eléctricos aún son aéreos en su casi totalidad, cabría destacar que la tambaleante ciudad de La Habana no sufre el ataque de un ciclón de gran intensidad desde 1944, hace ya 67 años, y que por tanto la ocurrencia de un fenómeno de tal naturaleza causaría un verdadero desastre. Por suerte, ello no ha ocurrido aún, y ojalá no ocurra mientras se mantenga el régimen que ha convertido la ciudad más fastuosa del Caribe en una aldea fantasmagórica.

Las cosas han comenzado muy mal en un quinquenio en que el régimen pretendía hacer creer que iba a emprender la solución de la vivienda. De las 43.000 viviendas previstas a terminar en 2011, en el primer semestre solo se concluyeron 12.037, el 28,62%; y en particular, de las 19.606 que debían realizarse con esfuerzo propio (por la población) nada más se llegó al 16.35%, motivado principalmente porque las ventas de materiales de construcción cubrieron apenas el 15.6% de lo previsto.

Cálculos conservadores indican que el déficit habitacional cubano puede estar entre 1.3 y 1.5 millones de viviendas, y de ellas alrededor de medio millón en La Habana, lo cual requeriría un plan de construcción, reconstrucción y modernización que abarcaría de diez a quince años, con la demolición de barrios enteros, la remodelación y restauración de los viales internos de las principales ciudades, el soterrado de redes eléctricas y telefónicas, la regeneración y ampliación de acueductos y alcantarillados y la fundación de éstos en las ciudades que aún no los tienen. Todo ello requeriría como mínimo una inversión inicial de unos 50.000 millones de dólares, y por supuesto una amplia cooperación internacional. Adicionalmente habría que pensar en la construcción de un metro, ya necesario para la ciudad de La Habana.

No estaría de más decir que acometer obras de tal naturaleza pasaría por la desaparición del régimen que mal dirige el país desde hace medio siglo y que lo ha conducido a la actual situación.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.