Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Opinión

Editorial: Pablo Milanés en Miami

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El escaso centenar de personas que protestó ante el concierto del cantautor Pablo Milanés en Miami evidencia la pérdida de peso de las posiciones radicales en el exilio. Las 1.500 butacas vacías —el 30 por ciento del aforo— dejan claro que la producción del evento sobrevaloró las posibilidades del cantante en la comunidad. Ambos datos denotan que la política, incluso en una sociedad como la cubana, vende cada vez menos.

Y es que el esfuerzo por despolitizar el evento —llevado a cabo tanto por la producción como por el propio cantante—, fue auténtico solo en parte: ya el título de la gira, "Proposiciones: único, histórico, icónico", aludía, junto a la importancia musical del trovador ("icónico"), a su arista política ("histórico").

Miami era, hasta el pasado sábado, el único lugar donde la política podía ser utilizada aún como resorte para su trayectoria musical. Sin embargo, las estadísticas del concierto y de lo que lo rodeó dejan claro el fracaso de esa lógica. El espectáculo se realizó sin contratiempos. A partir de ahora, Pablo Milanés podrá volver (y seguramente lo hará) a Miami sin que su aparición entre gente del exilio constituya un "escándalo".

Para conseguir esto, el artista no hizo cambios de última hora. Él mismo pidió cantar en Miami y no en otra ciudad de Florida. Su decisión de no interpretar ciertas canciones fue una deferencia hacia el exilio, pero también, dadas sus más recientes declaraciones, un gesto de integridad propia. Desde hace años Milanés viene privilegiando el intimismo y la lírica de sus composiciones por encima de la épica de su repertorio. Y mucho antes de llegar a Miami había criticado públicamente al régimen cubano en varias ocasiones.

Hubo, además del puñado de manifestantes y trituradores de discos, quienes afirmaron que sin la revolución Milanés habría sido un simple cantante de boleros. Una aseveración así hace ostensible el desprecio por la cultura popular (el bolero no es útil a las maquinarias ideológicas) y el desconocimiento del trabajo del cantante y compositor con grandes voces e intérpretes que van desde un Miguelito Cuní hasta una Elena Burke. 

Pablo Milanés es, sin dudas, uno de los grandes intérpretes y compositores de la música cubana de todos los tiempos. Su influencia se extiende más allá del ámbito nacional, y a diferencia de otros integrantes de la Nueva Trova, movimiento musical aupado por la maquinaria propagandística castrista en América Latina, su carrera trasciende los límites de la canción política.

Quienes quisieron condenarlo a repetir a perpetuidad su pasado, porque no admiten cambio alguno en sus opiniones o porque intentan chantajearlo para que siga acompañando con su música a un régimen desfalleciente, se equivocaron. Y se equivocaron también quienes pretendieron utilizar como gancho publicitario el pasado político del cantautor. La presentación en Miami de Pablo Milanés ha demostrado el fracaso de todas esas intenciones y la libertad del verdadero arte. Las 1.500 sillas vacías en el Miami Arena fueron, seguramente, el asiento de la política.

 

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