Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
02:18 CET.
Represión

Los mártires por venir

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Las palizas propinadas en las últimas semanas a los disidentes pacíficos de la región oriental de Cuba han alcanzado un nivel de violencia inédito. Como si los más acérrimos castristas, preocupados por el crecimiento del sector contestatario en la ciudadanía, se dedicaran al aniquilamiento de la disidencia interna.

Ya ni los muy profesionales oficiales de la Seguridad del Estado se cohíben de proferirle amenazas directas de eliminación física a sus reprimidos. Tampoco se quedan atrás los agentes parapoliciales de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) o sus colegas de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC).

Todo esto acontece en una sociedad inmersa en una tensión casi insoportable: durante los últimos 22 años —tras la caída del campo socialista en Europa del Este— las precariedades materiales de los cubanos no han hecho más que aumentar. Y, al mismo tiempo, las tímidas aperturas raulistas en el ámbito económico tienden cada vez más a acentuar las diferencias sociales entre unos y otros.

La dicotomía entre el discurso político supuestamente "igualitario" de los representantes públicos y las incumplidas promesas del régimen se hace cada vez más evidente: de las aparentes bonanzas socialistas solo se escuchan las consignas y discursos demagogos.

Las lesiones propinadas a los opositores pacíficos no logran, sin embargo, frenarlos. Éstos continúan con sus reclamos día tras día, mientras de manera imperceptible se eleva el peligro por su integridad física. Y todo indica que se libra una mortal apuesta entre los cubanos libertarios y aquellos con actitudes opresivas.

De hecho, agresiones como la de golpes en la cabeza con tuberías metálicas por parte de los miembros de las progubernamentales Brigadas de Respuesta Rápida (BRR) ya prácticamente no son noticias, dados su carácter reiterativo y la falta de respuesta de un mundo conforme en su papel de mero espectador.

Observamos con dolor que muchos de los que residen en sociedades con un respetuoso Estado de Derecho y una democracia representativa se comportan frente a lo que sucede aquí de una manera impasible. Sus actuaciones no se encaminan a movilizar y denunciar abiertamente los abusos.

Creo, sin embargo, que necesitan comprometerse y tomar partido, declararse de parte de las víctimas o de los victimarios. En este asunto no puede haber medias tintas, porque están en juego demasiadas vidas humanas, ya que si al final estallase una guerra civil ocurrirían pérdidas para todos los cubanos, pues las balas y bombas no saben diferenciar entre profidelistas y antifidelistas.

Si los que disfrutan de la democracia se dejan llevar por la desidia, entonces tendrán que acaecer nuevos muertos de la represión contra la disidencia interna para que el gobierno castrista sea condenado y se refrene. Ojalá nadie tenga que prepararse para los mártires por venir.

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