Martes, 12 de Diciembre de 2017
22:58 CET.
Música

Habría que pensarlo muy bien

Señalaba José Mario, el fallecido escritor cubano, en la película Conducta Impropia de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, que a la entrada de los campamentos de trabajo forzado de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las UMAP, rezaba este mensaje: El trabajo os hará hombres. La testosterona, siempre la testosterona.

Pablo Milanés estuvo año y medio en esos campos, vituperado, ultrajado, sus derechos humanos y civiles impunemente violados junto a los de miles de hombres, incluyendo homosexuales, bohemios, religiosos, desafectos en general y, muy señaladamente, Testigos de Jehová. Eran los tiempos de la cólera del comandante, no los actuales de su sobrina iluminada. Hoy Milanés confiesa tener nueve hijos, dos menos que su bien-ponderado Fidel, el responsable de sus desdichas, con quien dijo recientemente tener "diferencias".

En las UMAP también se encerró a un joven católico activista llamado Jaime Ortega Alamino, quien hoy es cardenal y cabeza de la Iglesia Católica cubana. (En la primera visita de Ortega a Miami, el prelado declaró a la prensa en el mismo aeropuerto que el gobierno cubano nunca había tenido una política anti-religiosa). ¿Cuáles fueron los motivos entonces de su encierro?

Es un acto de absoluta voluntad haberse quedado en Cuba. Es un acto de cristiandad extrema desearle bien al autor de tanto atropello, como dice Milanés que hizo cuando enfermó el comandante. (También lo hizo el cardenal, convocando a sus feligreses a orar por la pronta recuperación del máximo máximo). Parecer ser que el síndrome de Estocolmo cunde saludablemente en la siquis de dos cubanos importantes: el cantautor de la Nueva Trova y el cardenal de la Vieja Habana.

Lo que sí importa es ser consecuente: que haya concordancia entre lo que se dice, lo que se hace y lo que se piensa. Que venga a cantar Pablo Milanés a Miami: dejarle el terreno abierto nos hará más cristianos y democráticos, más grandes, más consecuentes. ¿Quién puede negar que el autor de Para vivir es un tremendísimo talento de Cuba, ergo, de todos los cubanos? Lo que pasa es que aquí se le está exigiendo que sea, además, un tremendísimo valiente. Siempre una prueba más. ¿No es suficiente vivir en Cuba y articular opiniones contrarias a las de su gobierno? Milanés ha querido promover a los artistas cubanos por encima de las limitaciones oficiales de la UNEAC. Abrió una fundación para ello, y el régimen se la clausuró. Se ha negado a firmar cartas de repudio en contra de otros colegas. Hace unos días habló de la intolerancia y del racismo que persisten en la Isla. Sigue viviendo allí —su absoluto derecho— pero no está de acuerdo con lo que allí sucede. Desde la sagüesera, el no estar de acuerdo es muy fácil; para hacerlo allá, hay que ser valiente. Pero no, qué va, no hay tregua. Desde esta orilla, los que ya están a salvo exigen más pruebas. Otros simplemente exigen que no cante en este territorio.

Pues bien: yo tengo la solución salomónica para Pablo Milanés. Yo le sugiero un acto público de buena voluntad. Le sugiero que establezca con sus ingresos y ganancias del concierto de Miami, un Fondo Benéfico pro Madres Cubanas Negras. Con ese gesto reconocerá el dolor y el sacrificio de mujeres como Reina Luisa Tamayo, que llegó a este Miami con las cenizas de su hijo muerto hace un año en huelga de hambre en una cárcel cubana, y trece miembros de su familia que no tienen manera de subsistir en esta sociedad. Reconocerá el dolor de Ramona Copello, Rosa María Sevilla e Isabel Isaac, madres negras de los tres jóvenes que fueron fusilados sumariamente en abril de 2003 por intentar el secuestro de la lanchita de Regla, para huir de la versión del infierno que se vive en Centro Habana. [Urge decir que Pablo Milanés fue el único artista en la Isla que se negó rotundamente a firmar la carta de apoyo a dicho fusilamiento, promovida por el ministro de cultura, Abel Prieto].

"No hay pasaporte en el mundo que premie a algún moribundo" dice una canción [Balsero] de Amaury Gutiérrez. Pero sí existe, nos legó el dramaturgo René Alomá, la posibilidad de "alguna cosita que alivie el dolor". Sería un gran comienzo para una nueva etapa en la vida y milagros de Pablo Milanés, un gran planteamiento racialmente solidario y éticamente correcto. Mostraría que se puede ser consecuente en la acción con las ideas que se profesan. Eso sí: antes de hacerlo, tendrá que pensarlo muy bien. Que los seres de luz que le protegen le alumbren el camino.

 

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