Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
11:53 CET.
Agricultura

¿Y los cítricos qué?

La economía de los Castro es una pulga prendida al lomo de un perro. Muerto el animal, fallece la pulga, o se muda a otro perro, no importa si habla ruso o español.

Como si fueran pocas las promesas incumplidas en medio siglo, el régimen insiste ahora en que con una inversión de 200 millones de petrodólares "bolivarianos" el país va a recuperar su producción de cítricos, que se ha reducido en dos terceras partes desde que dejó de ser subsidiada por la Unión Soviética.

Y así se le informa al mundo. Claro, los corresponsales que reportan desde La Habana tan formidables augurios probablemente eran adolescentes —más interesados en The Beatles que en cualquiera otra cosa—, o incluso no habían nacido, cuando en 1967 Fidel Castro anunció que Cuba se convertiría en una potencia exportadora de cítricos. Llegó a decir que la isla produciría tantas naranjas y toronjas como Estados Unidos, que los cubanos se iban a saturar con el 20% de la cosecha, y el 80% restante se iba a exportar.

Dos años antes, el 21 de enero de 1965, en un discurso pronunciado en la CTC, el Comandante había afirmado: "Ya para el año 1970 seremos, posiblemente, uno de los pueblos mejor alimentados de todo el mundo".

Era la época en que se iniciaba la versión fidelista de El Gran Salto Adelante maoísta, pero con dinero del Kremlin, con sus promesas de que en 1970 se alcanzaría la producción azucarera más alta de todos los tiempos en la tierra, que nos bañaríamos con leche de vaca, que la carne de res sobraría y la exportaríamos, que seríamos grandes exportadores de café, y que el arroz cubano inundaría la isla desde San Antonio a Maisí.

De aquellos planes faraónicos basta un solo dato: la Isla importa hoy el 82% de los alimentos que consume, y la cartilla de racionamiento cumplió ya 49 años.

Si algo permite detectar rápidamente el carácter parasitario de la agricultura socialista cubana es la producción citrícola. Cuando llegaban a la Isla los subsidios soviéticos ($100.000 millones en 27 años), el país elevó la producción. Pero al desaparecer la URSS, en 1991, todo se vino abajo, al igual que toda la producción agropecuaria, que ya desde los años 60 ostentaba el título de la más improductiva de Latinoamérica.

Quedó al desnudo que la producción de toronjas y naranjas sólo era viable si sus costos corrían a cargo del "tío Boris", quien entregaba puntualmente todos los insumos, fertilizantes, pesticidas, el transporte, el combustible y el equipamiento tecnológico para cosechar, envasar y exportar cítricos, frescos o enlatados. O sea, la agricultura castrista no era sustentable por sí misma, como tampoco lo es hoy. Ahora, con el dinero que Hugo Chávez le escamotea al pueblo venezolano, se habla de "recuperación" citrícola, en una ofensiva mediática en la que todos los planes económicos están encaminados a recuperar niveles de producción de la era de los subsidios soviéticos.

El gobierno culpa del descalabro citrícola a los huracanes, las plagas —menciona al "dragón amarillo"—, y a la falta de insumos y equipos que no pueden ser adquiridos porque el país no obtiene suficientes divisas y créditos debido al "criminal bloqueo yanqui".

Todos menos Cuba

¿Por qué entonces los embates climáticos y las enfermedades no derrumban la producción de cítricos en el resto del mundo? Todos los productores de cítricos, tropicales y de clima templado —Brasil, Estados Unidos, México, China, España, India, Sudáfrica, Argentina, Costa Rica, Irán, Israel, Pakistán, Irán, etc—, sufren calamidades climáticas, pero no dejan de incrementar sus cosechas, al punto de que la producción mundial pasó de 64 millones de toneladas métricas (TM) en 1990 a 119 millones en 2010. Y la firma holandesa Rabobank pronostica un aumento de producción y demanda a largo plazo, sobre todo de jugo de naranja.

Fue en 1990, último año de los subsidios soviéticos, que Cuba logró llegar al millón de toneladas (1. 015.873 TM) de cítricos y ocupó el puesto catorce a nivel mundial. Pero en 2010, tuvo una cosecha de 321.600 TM. Es decir, que mientras el planeta casi duplicó la producción de cítricos en estos 20 años, el Estado cubano la redujo en casi un 70%.

Con financiamiento de Moscú, Cuba llegó a exportar 456.689 TM en 1990, por valor de $145 millones. Pero en 1992, luego de desinflarse el "socialismo real", exportó apenas 32.772 TM, por $6.8 millones, según la Oficina Nacional de Estadísticas del gobierno.

En la medida que Venezuela fue reemplazando a la URSS como el tío dadivoso, la producción de cítricos volvió a subir y alcanzó casi 800.000 TM en 2001. Pero desde entonces viene descendiendo como expresión de la crisis terminal del socialismo criollo.

No son los huracanes, las plagas o el embargo estadounidense las causas del descalabro citrícola. Además de que había subsidios, y ya no, un factor clave es que el plan de producción nació tarado. Castro ordenó que las plantaciones de cítricos fuesen atendidas por niños y adolescentes. Se construyeron cientos de "escuelas en el campo" de enseñanza secundaria en las plantaciones citrícolas.

Decenas de miles de menores de edad, todos citadinos, fueron convertidos en obreros agrícolas de media jornada para formar así al "hombre nuevo" comunista. Es de imaginarse la eficiencia que tenían aquellos mocitos para cultivar toronjas y naranjas, algo que exige una destreza que por supuesto no podían tener. A esa edad, el retozo prima sobre la responsabilidad, la productividad era ínfima y los costos estratosféricos.

El general Raúl Castro, que acaba de suprimir —con medio siglo de retraso— el "trabajo voluntario" porque es incosteable, y ha abandonado aquellos planes de niños-agricultores que causaban daños irreparables en ellos al ser separados de sus padres en una edad decisiva, es tan culpable como su hermano de haber convertido a la otrora próspera economía cubana en puras ruinas.

El dictador menor falta el respeto a los cubanos cuando habla hoy del pasado como si él hubiese estado en otra galaxia. Y sobre todo, sabe bien que con esos 200 millones de dólares recibidos de Caracas no se puede "recuperar" y menos aún impulsar la producción estatal de cítricos, ni ninguna otra. Ya es muy tarde.

Ello sólo será posible cuando las fuerzas productivas sean liberadas. El general también lo sabe, pero no lo hará.

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