Martes, 12 de Diciembre de 2017
18:57 CET.
Política

El protestantismo cubano en su contexto social

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Recientemente ha podido observarse la aparición de figuras eclesiásticas, dentro del variado espectro del protestantismo cubano que han mostrado una actitud pastoral diferente a la habitualmente asumida por estas denominaciones, al menos luego de los primeros momentos de confrontación entre las iglesias y el Estado revolucionario. ¿Se ha producido una ruptura con respecto a las posiciones del Consejo de Iglesias de Cuba? ¿Qué influencia en el futuro político cubano podrían tener estos acontecimientos?

Habría que comenzar por esbozar un breve panorama de estas iglesias en Cuba. Gracias al adoctrinamiento marxista ocurrido durante cinco décadas (aún con el actual rechazo formal de la población hacia el marxismo) el número de creyentes, entre protestantes y católicos, no debe ascender a más de un tercio de la población cubana. Como resultado del impacto que tuvo la constitución de un socialismo de corte soviético, actualmente la mayoría de la población cubana carece de instrucción cristiana y prolifera el sincretismo: un sucedáneo para el vacío dejado por las religiones tradicionales del país, fuertemente atacadas por constituir un adversario ideológico para el nuevo tipo de Estado en formación.

De hecho, las manifestaciones de religiosidad africana reciben mucha mayor atención, por parte de la prensa gubernamental que cualquiera de las expresiones restantes. Por otra parte, estas iglesias se enfrentan al reto de transmitir su mensaje a una sociedad que ha perdido muchos de sus pasados valores religiosos y parece más impresionable por el ocultismo o una religiosidad excéntrica. Esto solamente hace ya escaso el impacto del protestantismo dentro del ámbito nacional.

La búsqueda del diálogo ecuménico en función de desarrollar la cooperación entre las iglesias, a fin de lograr mayor influencia en una sociedad en crisis como la cubana, parecería ser la solución más razonable y de inmediato impacto del momento. Sin embargo, son graves los obstáculos que la han impedido.

Durante años, desde la aparición de la carta pastoral El amor todo lo espera y la respuesta simultánea que a la misma constituyó la carta de ochenta y seis figuras protestantes y disidentes del catolicismo, se ha vivido una fricción entre la postura social y política de la Iglesia católica y las iglesias protestantes pertenecientes al Consejo de Iglesias de Cuba. El actual acercamiento entre la Iglesia católica y el gobierno, al parecer tampoco logrará eliminar esta ya vieja fractura pues el Consejo de Iglesias ha sido marginado de la precaria mediación entre el gobierno y los grupos disidentes. Y, aunque tras la muerte del activista Juan Wilfredo Soto García la mediación iniciada el pasado año parece haber naufragado, ha quedado claro para varios líderes protestantes que la incondicionalidad al gobierno solo significará la marginación del escenario social.

A diferencia del catolicismo que, a través de publicaciones como Espacio Laical y Palabra Nueva (y en otro momento a través de Vitral y Vivarium), iniciaron un diálogo con el mundo de la cultura a fin de atraerlo hacia sus valores y doctrina social, la difundida tesis de que la iglesias evangélicas no deben intervenir en política ha impedido que un pensamiento social protestante pueda desarrollarse,  incluso en aquellas iglesias que por tradición lo poseen.

La única publicación protestante interesada en algo similar a las católicas antes mencionadas parece ser Caminos, del Centro Martin Luther King Jr., pero tampoco logra influenciar a la intelectualidad, en parte por basarse en la misma perspectiva marxista que fundamenta la ideología oficial (o lo que queda de ella).

Incorporar a Fernando Martínez Heredia al consejo de redacción de Caminos no ha logrado entusiasmar a la intelectualidad o la prensa cercana a ella. Las pretensiones de renovación del marxismo de Martínez Heredia no logran tampoco efecto en una sociedad que busca valores tradicionales, siendo eco de aquello que Ortega y Gasset denominara —en El tema de nuestro tiempo— el alma desilusionada.

Son los grupos religiosos evangélicos que defienden estos valores tradicionales los de mayor crecimiento entre la población y, sin embargo, los menos preparados para constituir una alternativa a la ideología oficial, pues hay un escaso desarrollo teológico en este campo que lo permita y tampoco existe el apoyo eclesiástico para lograrlo. De manera que falta mucho aún en el protestantismo cubano para poder lograr una efectiva influencia en su entorno.

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