Lunes, 18 de Diciembre de 2017
00:36 CET.
Cuba-Venezuela

Chávez insulta y sigue

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Sorprende la nula reacción del Partido Comunista, del Gobierno y de los medios de comunicación oficiales cubanos ante el último insulto del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al primer secretario del PCC y presidente cubano, Raúl Castro, llamándole "el merodeador" porque, según Chávez, "merodea por ahí".

El último insulto —que no el primero— pues hace algún tiempo, Hugo Chávez avisó que no se quedaría con los brazos cruzados si los norteamericanos tomaban La Habana y se llevaban a Raúl Castro en un avión. Chávez daba por hecho que el mandatario cubano iba a dejarse apresar, desconociendo su trayectoria histórica y sorprendiendo, además de por su mala educación, por su frágil memoria, al obviar que él mismo lloró en el Fuerte Tiuna, mientras estuvo detenido por los golpistas en 2002, de donde salió libre por gestiones de Fidel Castro ante Isaías Baudel, ya defenestrado.

Con estas groserías, Chávez evidencia su escasa educación formal y su minúsculo sentido de Estado y —lo que es peor— se retrata como ingrato al morder la mano de quien lo acoge, pone los mejores medios a su disposición para operarlo e intentar curarlo, e incluso acude a despedirlo a pie de avión.

Salvo Ramiro Valdés, que afeó una vez en público la locuacidad de Chávez sobre la salud de Fidel Castro, cuando coincidieron en el Memorial "Che Guevara", en Santa Clara, recordándole al extranjero que cuando él (Ramiro) entra en ese recinto, permanece en silencio por respeto al guerrillero argentino-cubano. Ningún otro dirigente, funcionario o medio de comunicación oficial ha sido capaz de reprobar la actitud antiraulista del asiduo visitante.

Chávez piensa que privilegiando su vínculo con Fidel Castro en detrimento de Raúl, tiene asegurada la asimilación acrítica del Partido Comunista, del Ejército, del Gobierno y de las numerosas organizaciones verticales del castrismo, ahora al amparo del eufemismo de ONGs. Su actitud, sin embargo, reafirma la distorsión institucional que padece Cuba debido a la bicefalia castrista.

Chávez no es el único culpable de esta situación, pues cuando Carlos Lage mandaba algo, no tuvo mejor ocurrencia que decir que Cuba y Venezuela eran un mismo país con dos presidentes, provocando que muchos balcones de La Habana se vistieran con banderas cubanas. El movimiento espontáneo fue organizado por veteranos del Movimiento 26 de julio, la mayoría jubilados y enfermos, pero que aún atesoran el caudal patriótico que aprendieron en las escuelas republicanas y burguesas a las que asistieron de niños y donde aprendieron a amar a Cuba, por encima de todo. El resto del Gobierno, incluido Raúl Castro, calló y dejó pasar la oportunidad de poner las cosas en su sitio, sin algarabía, pero con firmeza diplomática.

Por muy importantes que sean o parezcan los vínculos bolivarianos, ello no debe implicar la reproducción automática del error castrista durante la Guerra Fría, cuando Fidel Castro y una gran parte de los cubanos, convirtieron a la entonces Unión Soviética en el nuevo Espíritu Santo. Todo lo que venía de Moscú era aceptado sin rechistar y ahora parece que ocurre lo mismo con Caracas. Aun cuando la colaboración cubana en Venezuela valga más que el petróleo que Venezuela vende a La Habana. Una circunstancia que no es nada nueva, pues ya funcionó anteriormente con el llamado "Acuerdo de San José", mediante el cual la URSS asumía los compromisos venezolanos en Eurasia y Venezuela asumía los de la URSS en las Américas y el Caribe, incluida Cuba, que entonces aseguraba "ahorrar" y revendía parte de los 13 millones de toneladas anuales del crudo importado a precios preferenciales, a valor de mercado.

El castrismo sigue cometiendo el error de subordinar Cuba y sus ciudadanos a países amigos y, por extensión, a cuanto extranjero aparece por La Habana en plan del Melquíades de Cien años de soledad.

Quizá cuando Fidel Castro muera o Chávez desaparezca política o físicamente a causa del cáncer, no faltarán los indignados en el Buró Político y el entramado. Incluso no es descartable que si el venezolano muere antes que su mentor, Fidel Castro saque a relucir este y otros temas que maneja ahora en la sombra, para desacreditar la figura del bolivariano, como ya hizo con el Che Guevara ante Gianni Mina. Pero mientras les llegue la hora final a uno o a otro, la orden es callar y reír cuanta grosería salga de la boca de un huésped ingrato.

Por suerte, los cubanos acumulan larga experiencia en eso de ver a extranjeros llegar a Cuba y besar el santo, aunque el Politburó (léase Castro, S.L.) se reserva el momento procesal oportuno para cambiar las tornas evangélicas y servir las cabezas de los nuevos San Juan Bautista a posteriori y nunca antes del desembarco con las sacas llenas de dinero o gran capacidad de servicio para burlar el "bloqueo imperialista". Si no, que le pregunten a Guatón Marambio, a Pepín Fernández o a Enrique Martinón.

Sin embargo, no hay que preocuparse excesivamente por la renuncia oficial a la soberanía y el respeto que Cuba y sus dirigentes merecen, por ilegítimos y antidemocráticos que sean. Granma ya avisó recientemente que reclamará su derecho a la información y que considera absurdo que para entrevistar a un pionero haya que pedir permiso a un viceministro de Educación. Esta contundencia nos llena de esperanza, pues quizá dentro de unos años, Granma interpele al Ministro de Asuntos Exteriores Bruno Rodríguez para que explique por qué calla siempre ante las ofensas de Hugo Chávez a Raúl Castro.

Y es una pena, porque los gobernantes y los medios de comunicación oficiales cubanos atesoran un glosario del insulto que ya quisiera para sí Hugo Chávez y su tropa. Tomen nota: rumberas del imperio, divas macilentas, deréclito humano, anexionista, apaciguador, quintacolumnista, mercenario, vendepatria, grupúsculo, hijos biológicos de Goebbels, narcómanos alucinados y fullero, entre otras lindezas avasalladoras que esgrimen cuando consideran que alguien ofende al castrismo y su cúpula. Ahora bien, cuando Hugo Chávez ofende a Raúl Castro, mutis por el foro. Allá ellos con su petróleo.

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