Sábado, 16 de Diciembre de 2017
13:04 CET.
Nuevas Tecnologías

#TWITTHAB: una convocatoria de la Cuba digital

Después de las lapidaciones mediáticas del serial televisivo Las Razones de Cuba, con agentes secretos de tramoya y cámaras ocultas manipuladas para causar pánico en las masas, más una gira propagandística para los protagónicos y el copyright del Ministro del Interior en sus diplomitas; después de un bombardeo nada virtual a La Habana, invocado no por la ciudadanía crítica sino en un editorial del Granma; después de sufragar una blogosfera oficialista con cuentas de internet y computadoras convoyadas al plan de trabajo de dar "contracandela" a los blogueros no institucionales; después de trabajar durante años con fantoches fascistoides incapaces de defender con nombre propio a la Revolución (incluidas conferencias a puertas cerradas con la élite militar); después de tanto escarnio y tanta esterilidad, ante la inminencia de un cable de fibra óptica que se supone abra la Isla al mundo y el mundo a la Isla, y ya con tecnología miniaturizada a la mano en "tarequitos" tipo B-GAN, Iphone o un simple teléfono móvil Made in China; después de la paranoia política de esta misma enumeración, por fin ha llegado la hora de ensayar profilácticamente en las calles el poder de convocatoria de la Cuba digital.

Y ese experimento, sea espontáneo o inducido a parecer como tal, se llama adorable, casi adolescentemente: #TwittHab.

Bastó un grupo de Facebook, un blog, un "Twicororo" como bandera y, por supuesto, una etiqueta en Twitter que aspiró a convertirse en líder de los trending topics cubanos. Fue como un tsunami y, como tal, su belleza natural duró solo unas horas. Después del choque con la praxis despótica de la internet insular, detectado el fenómeno por los intrigantes e interrogadores de siempre, sobrevino un efecto de tabula rasa que no ha dejado títere con cabeza en las redes sociales cubanas. El resultado fue que se reprodujo en la red, como una metástasis por resolución, el sistema de castas que penaliza cualquier disenso discursivo en Cuba. Y descubrimos entonces que la www era, también, solo para los revolucionarios: world wide left.

Resumiendo: se suponía que el próximo viernes primero de julio, a las 4 de la tarde, en la céntrica pizzería habanera Cinecittá (esquina de 23 y 12, donde en 1961 Fidel Castro declaró el carácter socialista y democrático de su Revolución), sería por primera vez posible en el país "salir de detrás de la @" y mirarse cara a cara entre cubanos, sin complejos que no pudieran paliarse de momento mediante una lasaña barata o una cerveza en CUCs, en un clima jovial de no confrontación que no implicaba aceptación ni siquiera entendimiento, pero que sí aseguraría una tregua inicial hacia futuros espacios donde la polémica entre ciudadanos, más allá de cargos y credos, reforestase la actual sordera entre enemigos que amenaza con disolver a nuestro ideal de nacionalidad. Se suponía que...

Pero los últimos días han desatado una avalancha de escarnios y advertencias por parte de los twitteros más radicales, que no son desmentidas y, en el peor de los casos, son suscritas por algunos de los menos conocidos organizadores del #TwittHab (jóvenes aún sin peso intelectual, en su mayoría).

En 140 caracteres se condensó una mímesis del lenguaje zoológico con que los líderes en Cuba se han mofado históricamente de la oposición, mostrando de paso su ignorancia ecológica a nivel de biosfera. Para no variar, se atizó a una conga universitaria para nada twittera, reminiscente de la que otro viernes, el 20 de noviembre de 2009, repudió al periodista Reinaldo Escobar y sus colegas en la no lejana esquina de 23 y G.

Hoy ya se habla menos de Twitter que de la SINA en #TwittHab. Menos del derecho vigente de asistir que nos une, que de los dólares injerencistas que supuestamente nos amenazan. Menos de libertad civil que de disciplina uniformada, en términos tan arcaicos como "trabajo voluntario" (ante los voceros del Estado totalitario, todo chiste debiera ser tomado totalmente al pie de la letra). Menos de @m@r al prójimo que de $ervili$mo al amo.

Como cumpliendo una orden que deja sin efecto los problemas del transporte interprovincial, comenzaron a sumarse periodistas y estudiantes de línea dura del interior del país y, finalmente, se amplió la convocatoria a esas zonas de menos conectividad (y en consecuencia menos contestatarias) que la capital. De colofón, se anunció la tradicional Noche de los Libros para esa fecha y lugar: familias que ríen con niños como metáfora anquilosada de nuestro kitsch social. De aquí al viernes "#1J" señalado, no sería de extrañar que el primero de julio se decretara, por excepción, como un día feriado.

A lo largo de esta semana, podría sobrevenir la presión física, no solo sobre los organizadores más osados del #TwittHab original (menos entusiastas ahora tras semejante manipulación), sino también sobre los twitteros independientes, muchos de los cuales ya han anunciado su presencia no beligerante en un escenario al que aún se sienten invitados por una convocatoria en principio inclusiva.

La lección anticipada a lo que ocurra en la esquina habanera de 23 y 12 es descorazonadora en términos de política cultural: el impuesto a pagar para desbaratar la barrera de la intolerancia en Cuba será intolerable (y artificialmente) alto. Y los culpables son oficiales y funcionarios sin cara, pero capaces de una citación oficial, lo mismo a quienes están dentro que fuera del establishment. Les aterra que no actuemos aterrorizados.

De ahí la apatía y el inmovilismo en medio del cual #TwittHab significó una legítima ilusión. De ahí la importancia de que los medios de difusión masiva no ninguneen a este fenómeno que, como cualquier otra energía cinética en la isla de las inercias, pudo significar una bocanada de aire fresco en una atmósfera viciada a falta de la verdad, pero que igual podría ser implementado para ridiculizar en público a las nuevas voces que, tanto fuera como dentro del establishment, ya están coqueteando con una patria menos disciplinaria. Les aterroriza que actuemos.

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