Domingo, 17 de Diciembre de 2017
18:03 CET.
Entrevista

Raúl Castro cumple ochenta años

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El general Raúl Modesto Castro Ruz cumple este 3 de junio 80 años. Nació en 1931 en Birán, zona rural de la antigua provincia de Oriente. De su estancia en el Colegio La Salle, en Santiago de Cuba, ha dicho su hermano, Fidel Castro: "En un cuarto de cuatro estábamos Ramón, él, Cristovita, el hijo del administrador de un aserrío y yo".

Eso ocurrió en el segundo lustro de la década del treinta del pasado siglo, cuando el hoy octogenario general contaba con unos cuatro años y medio. Pero años después, en la década del cuarenta, antes de despegarse de sus estudios para volver a Birán, otros cuatro serían quienes compartirían el mismo dormitorio, también en Santiago de Cuba.

En diciembre pasado, y entre otros asuntos, este periodista escribió al presidente del Consejo de Estado la siguiente posdata, sin obtener respuesta:

"General, cuatro chicos dormían en el mismo cuarto en el Colegio Dolores, y juntos iban al muy matinal servicio religioso, ellos eran: Raúl Castro Ruz, Jorge Serguera Riverí, Francisco Álvarez Suárez y Ramiro Puentes. De los cuatro, solo dos viven. Como sé que usted no me concederá una entrevista, pretendo entrevistar, centrado en esa época, al restante sobreviviente. Me cuentan que entre clases, justo a la entrada de la cocina del colegio de los jesuitas, era usted muy animoso jugando a las bolas, y quiero explorar al niño adolescente Raúl Castro (…)".

En honor a la verdad, hecha pública nuestra curiosidad periodística, imaginamos que alguien "sugeriría" a la persona que pretendíamos entrevistar no referirse a sus años juveniles junto a tan encumbrado condiscípulo.

Pero como no fue así, en su casa colonial en Puerto Padre, sentado en una silla baja, junto a una caja de la que extrae un abultado legajo escrito en papel Biblia, tenemos a Francisco Álvarez Suárez, un anciano que el 1 de julio cumplirá también 80 años. No descendiente de gallegos como los Castro Ruz, sino de asturianos por vía paterna y materna, dueños de una ferretería y de un hotel y, como Fidel Castro, también graduado de bachiller en el Colegio de Belén.

"Ayúdame a pararme", dice, para ir a sentarse en una poltrona como la de Hemingway en Finca Vigía. Aunque con padecimientos circulatorios, artríticos, prostáticos y de hipertensión arterial, es Francisco de complexión tan semejante a la del menor de los Castro Ruz que, si lo vistiéramos de general de ejército, tendríamos delante al mismísimo Raúl Castro, y ello, quizás por analogía, nos explique el desvelo casi obseso del joven escolta ayudante por mantenerse junto al señor presidente a cada segundo.

—¿Qué recuerda mejor de aquella época?

—Eso, nuestros juegos de bolas. En todo el colegio éramos los únicos que jugábamos arrodillados, los demás lo hacían de pie, eso nos hacía jugar todos los días.

—¿Qué distinguía esos encuentros?

—La disputa, la acometividad. Ninguno de los dos teníamos miedo y nos jugábamos cualquier cantidad de bolas.

—¿Quién solía ganar?

—Yo.

—¿Cómo lo llamaban a usted en el colegio?

—El guajiro.

—¿Y a Serguera?

—Papito.

—¿Y a Puentes?

—Ramiro.

—¿Y a Raúl?

—Chico, no me acuerdo, tendrías que preguntarle a él.

—¿Es cierto que Papito Serguera era el más inteligente de ustedes cuatro?

—¿Quién te dijo eso?

—Unos amigos de Ramiro Puentes. Y hace años le hice esa pregunta al difunto Serguera en presencia de una persona allegada a Gloria Cuadras, pero se encogió de hombros diciéndome que no lo creía. ¿Cuál su opinión? ¿Cuál era el más inteligente de ustedes cuatro?

—Éramos normales, sacábamos buenas notas, pero no recuerdo excelencias ni que unos sobresalieran sobre los otros.

—¿Qué tiempo estudiaron juntos?

—La primera enseñanza hasta el ingreso en bachillerato.

—¿Cómo era un día en el Colegio Dolores?

—Rutinario. Salón de estudio, misa en latín, desayuno, clases hasta poco antes del mediodía, almuerzo, salón. Por la tarde, deportes; jugábamos pelota, baloncesto, voleibol; después, al baño, estudio, comida, recreo, rosario en el segundo piso todos los internos, rezando en latín. Bastante monótono que era aquello.

—¿Es cierto que fue Ramiro Puentes quien les enseñó a anudarse la corbata?

—No sé a los otros, pero a mí, sí. Me enseñó a hacer un muy buen nudo que todavía uso. Ahora que lo dice, me he percatado que ese mismo nudo es el que usa Raúl. Ramiro fue un buen amigo, me visitó aquí antes de irse a Estados Unidos, se mató allá en un accidente.

—¿Y los otros dos compañeros de cuarto lo han visitado en todos estos años? Raúl Castro y Papito Serguera estuvieron por acá, y usted viaja con frecuencia a La Habana.

—Pues no. Con Omar Iser Mojena le mandé a Raúl una foto de nosotros en el colegio. Luego él mandó acá a Ramón Blanco Pérez, uno de sus ayudantes, interesándose por mí. 'Muy amable, pero no tengo problemas', le dije. Después sí tuve problemas y le pedí ayuda.

—¿Y lo ayudó?

—De su despacho respondieron diciéndome haber trasladado el asunto al Tribunal Supremo, a donde yo había solicitado procedimiento de casación. Lo que pedía era que resolvieran ajustándose a los hechos. No estaba pidiendo que me tiraran la toalla. Eso fue en 1986.

—¿Cuál era el problema?

—La indemnización del hotel de mi padre.

—¿A cuánto ascendía?

—A 17.000 pesos los bienes inmuebles y a 54.000 el inmueble. Eso, cuando el peso cubano era equivalente al dólar.

—¿Y cuánto le indemnizaron?

—Unos 17.000, cuando es un hecho probado por el amillaramiento que entre muebles e inmuebles se trataba de 71.000. Y a nadie se le ocurre que al amillarar los caudales para establecer las contribuciones las autoridades de un pueblo van a poner menos de lo que realmente es, perjudicando los ingresos del municipio.

—¿Quiénes fueron los jueces?

—Vea, esta es la sentencia —dice Francisco mostrando el legajo de papel Biblia.

Luis M. Buch, leo, y recuerdo que en sus memorias el exsecretario de la Presidencia de la República dice que rehusó la indemnización de sus bienes nacionalizados. "Marina Hart Dávalos, jueza ponente", agrega la sentencia.

"Pienso que 80 años son demasiados años para cumplir funciones del Estado", dijo Fidel Castro a Tomas Borges en una entrevista en 1992. Le digo a Suárez:

—A usted le falta un mes para cumplir esa edad, el 1 de julio. ¿Qué opinión tiene al respecto?

—Estoy de acuerdo con él. Yo, en mi persona, considero que no estoy en plenitud de facultades físicas si tuviera que asumir tan importantes tareas.

—Gracias por dedicarnos su tiempo, señor Francisco.

—Ay, el tiempo, que ya va siendo muy poco.

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