Sábado, 16 de Diciembre de 2017
00:49 CET.
Emigración

Cadena perpetua

La historia es verídica. Y recrea con meticulosa fidelidad los detalles del hecho. Con la excepción, lógica, del nombre de la protagonista, a quien llamaremos Juana.

Luego de trabajar durante varios años como asistente social en un policlínico de La Habana, a Juana dejó de interesarle su empleo. Así que lo abandonó. No fue más al policlínico. Aunque sin renunciar formalmente. No podía hacerlo, porque —salvo en casos excepcionales— el sistema cubano de salud no adjudica lo que las autoridades llaman "liberación definitiva" en la mayoría de sus puestos de trabajo.

Transcurrieron diez años. Juana había olvidado ya que alguna vez fue trabajadora de Salud Pública. Entonces recibió una invitación de su hija, quien vive en Estados Unidos, para que fuera a visitarla. Empezó a gestionar papeles y a pagar dinero para que el gobierno la dejase viajar, pero… vaya sorpresa:

No contaba con el agravante de haber sido en días lejanos trabajadora de la salud, lo cual la obliga a seguir siéndolo a perpetuidad, sin beneficio alguno, pero con el perjuicio de vivir oprimida por las disposiciones internas del sistema, tan diabólicas a veces como puede serlo la cadena perpetua que hoy obliga a Juana a someterse a largos y complicados trámites de solicitud de permiso siempre que, por interés particular, intente poner un pie del Malecón hacia fuera.

Es lo que aquí llaman "liberación temporal", que en el caso de algunos técnicos, o de empleos como el de Juana, suele ser otorgada en un lapso no muy extenso, si lo comparamos con el que padecen los médicos, quienes están obligados a esperar por la "temporal" durante años, si es que finalmente se la conceden.

Sabido es que, al menos en teoría, el sistema de salud sólo otorga "liberación definitiva" a los médicos que deciden emigrar legalmente. Hasta hace poco, estaban obligados a esperarla —desempleados, o ejerciendo funciones de perfil inferior a sus capacidades profesionales— durante cualquier cantidad de años, por lo común muchos más de los cinco que, en teoría, estipulaba la disposición.

Recientemente ha sido dictada otra normativa que de algún modo deja sin efecto la anterior, pero para colmo de males. Pues los miles de médicos que habían permanecido ya cinco o diez o aún más años sin empleo oficial, a la espera de su "liberación definitiva" para emigrar, tendrán que reincorporarse a sus puestos de trabajo y brindar servicios durante cinco nuevos años, como requisito para ser liberados.

Es curioso que ahora mismo, mientras los trabajadores de la salud (pongamos sólo un caso) cumplen esta cadena perpetua impuesta por el régimen, el que además continúa renovando para peor sus eslabones, la prensa extranjera insista en dar lata con eso que catalogan de "reformas" y "cambios" en la Isla.

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