Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Ciencia

Héroes sin armas

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Por su historia preñada de hechos violentos, en Cuba se le presta más atención a los episodios guerreros que a otras formas de hacer historia, como la ciencia, que tanto aportó a la conformación de la nacionalidad, la nación y la patria durante siglos.

Precisamente en este mes de mayo arribamos al 150 aniversario de la fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, cuyo nacimiento estuvo condicionado por el desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas y el esfuerzo sostenido y mancomunado de cubanos, que se unieron desde diferentes posiciones políticas e ideológicas. En reconocimiento a esos héroes, casi anónimos, sería válido recordar a nueve de ellos.

Tomás Romay Chacón (1764-1849). Médico de profesión, cofundador del Papel Periódico de La Habana y de la Sociedad Económica Amigos del País, realizó innumerables contribuciones a la ciencia y a la cultura, pero fue en la medicina donde hizo grandes aportes: en 1794 presentó ante la Junta Ordinaria de la Sociedad Patriótica de Amigos del País —primera reunión científica de médicos cubanos— su Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente Vómito Negro; descubrió e implantó la vacunación contra la viruela; introdujo los estudios de la Anatomía sobre el cadáver, los de Clínica en las salas de los hospitales, llevó a los alumnos a las cabeceras de los enfermos y a la morgue para la práctica de autopsias; y fue uno de los que solicitaron del rey Fernando VIII, la necesidad de crear una academia de ciencias en la Isla. Por sus actividades de prevención de enfermedades y por promover el adelanto de la medicina, es considerado "el primer gran higienista cubano" e iniciador del movimiento científico en la Isla. Romay era un hombre de su época y de su clase, defensor del sistema político establecido, admirador de la monarquía española y enemigo intransigente del liberalismo revolucionario; una prueba irrefutable de que se puede ser forjador de la ciencia, de la cultura y de la nacionalidad, con independencia de la filiación política o ideológica.

José Estévez Cantal (1771-1841). Químico y botánico. Alumno de Tomás Romay, fue probablemente el primer cubano que recibió una formación científica en Europa y el  primer botánico cubano de alguna importancia. Entre sus trabajos destaca el primer catálogo de plantas cubanas, iniciado por Baltasar Boldo, considerado como la primera flora de Cuba. Fue el primer químico cubano que se destacó en la búsqueda de nuevas variedades de caña y que con la aplicación de esta ciencia logró que se consolidara una nueva rama de la Terapéutica: la Hidrología Médica. Gracias a sus análisis de las Aguas de San Diego —la más famosa de nuestras fuentes minero-medicinales— se pudieron aprovechar sus propiedades curativas. A través de Estévez, la Botánica, la Química y la Mineralogía se introdujeron en la Isla y contribuyeron a vigorizar el ya avanzado movimiento de reformismo cultural y científico.

Esteban Pichardo Tapia (1799–1879). Abogado y geógrafo, nacido en Santo Domingo. Considerado "el más destacado geógrafo de Cuba". Su labor geográfica y cartográfica sirvió de base para el mapa de curvas de nivel a escala confeccionado en 1908 por el Ejército de Ocupación Norteamericano. Su principal obra geográfica fue Caminos de la Isla de Cuba Itinerario. En 1829 entregó el Compendio de Geografía de la Isla de Cuba para su uso en colegios y escuelas secundarias. Además incursionó en la literatura con un tomo de poesías y el Diccionario casi razonado de voces cubanas, publicado en1836.

Felipe Poey Aloy (1799-1891). Investigador y profesor en Ciencias Naturales.

 En Francia, donde conoció a Georges Cuvier, publicó sus primeros estudios entomológicos. En 1838 presentó un proyecto para establecer en La Habana un gabinete de Historia Natural, que luego pasó a formar parte de la Universidad de La Habana. Estudió el bórer de la caña de azúcar y las plagas de los aguacateros, y aportó diversos conocimientos básicos de la biología. Considerado como "el iniciador de la era científica de la historia natural en Cuba", fue uno de los 30 miembros fundadores de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales.

Nicolás José Hernández Gutiérrez (1800-1890). Médico cirujano, fundador del Repertorio Médico Habanero, primera revista cubana dedicada exclusivamente a la medicina. Introdujo en Cuba el cloroformo como anestésico quirúrgico. A la muerte de Tomás Romay, Nicolás se convirtió en la figura principal de la comunidad médica habanera. Fue una de las figuras destacadas en la lucha por fundar la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en la que ocupó la presidencia para la que fue reelegido hasta su fallecimiento. Fue designado Rector de la Universidad de La Habana entre 1879 y 1880.

Francisco Frías Jacott, Conde de Pozos Dulces (1809-1877).

Agrónomo, divulgador científico y reformador agrario. Autor del Programa de Desarrollo Agropecuario, dirigido a establecer las bases de una identidad nacional agro-tecnológica y agro-científica para el logro de un equilibrio social y económico. Ferviente partidario de la pequeña propiedad, la pequeña industria y el trabajo de la familia campesina. Fue el primer expositor —en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana— de la teoría de Darwin; defensor del Instituto de Investigaciones Químicas, fundado en 1848; y promotor, en 1861, del Instituto Agrónomo Cubano. En 1868 fue  premiado por sus trabajos Memoria sobre la industria pecuaria en la Isla de Cuba y el concerniente al tema de si descansa sobre bases científicas la opinión de que la destrucción del reino animal lleva consigo la del vegetal y viceversa.

Francisco de Albear y Fernández de Lara (1816- 1887). Ingeniero. Entre la reparación del Convento de San Agustín en La Habana —su primera obra—, pasando por la construcción del acueducto Isabel II, se encuentra todo lo destacado en materia constructiva de la época. Su gran obra fue la utilización de las aguas de los manantiales de Vento, para lo cual investigó todo lo relacionado con la calidad y el traslado del líquido hasta los depósitos de Palatino. Para ello demostró la influencia negativa de la luz solar sobre las aguas depositadas; modificó la geología de los terrenos para adaptarlos a la protección del canal; y lo desplazó por debajo del río Almendares. Se trató de un proyecto que no se repetiría hasta mediados del siglo XX, cuando se construyó el túnel de la bahía habanera. Por esa obra fue premiado, primero en Filadelfia y luego en París, con la Medalla de Oro, mientras la Real Junta de Fomento lo calificó como "el más famoso de los ingenieros cubanos".

Andrés Poey Aguirre (1825-1919). Meteorólogo. Precursor en Cuba de las investigaciones en ese campo, por lo que se le considera el "verdadero creador de la Meteorología científica en Cuba". En 1848 elaboró un atlas con 28 mapas litografiados para las escuelas primarias, el primero de su tipo impreso en la Isla. En 1850 creó un observatorio en su casa, donde desarrolló investigaciones atmosféricas. En 1855 elaboró un catálogo sobre los huracanes titulado Tabla Cronológica, que comprende 400 huracanes y ciclones que han ocurrido en las Indias Occidentales y el Atlántico del Norte de 1493 a 1855; obra considera fundamental en está  materia.

Álvaro Reynoso y Valdés (1829-1888). 

Químico, fisiólogo, agrónomo y tecnólogo industrial. Sustituyó a José Luis Casaseca en la dirección  del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana, al que convirtió en la Estación Agronómica. En 1862, cuando Cuba ocupaba el primer lugar mundial en la producción de azúcar, se ubicaba en el último en productividad agrícola. A la solución de esa contradicción dedicó Reynoso todo su esfuerzo. En su obra cumbre, Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar, publicada en 1862, concibió un sistema integral de medidas aerotécnicas para garantizar el cultivo intensivo de la caña de azúcar. Para ello analizó íntegramente todas las operaciones relacionadas con el cultivo y cosecha de la gramínea. A Reynoso se le considera "padre de la agricultura científica cubana". A pesar de todo el tiempo transcurrido, hoy Cuba no supera las zafras azucareras de hace un siglo.

Junto a estos nueve héroes de la ciencia cubana, es necesario reconocer los aportes de algunos científicos extranjeros, entre ellos Alejandro de Humboldt (1769-1859), José Luis Casaseca Silván (1880-1869) y Ramón de la Sagra Periz (1798-1871). El primero, en muchos aspectos conocía a Cuba mejor que los propios cubanos; el segundo, considerado el "padre de la química cubana"; y el tercero, profesor destacado de Historia Natural que creó y dirigió el Jardín Botánico y la Institución Agrónoma de La Habana.

La reseña acerca de estos ilustres científicos pone en ridículo el absurdo intento de asociar patria y nación con socialismo y revolución.

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