Martes, 12 de Diciembre de 2017
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Economía

Parches para el socialismo

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Tratando de salvar al régimen, Raúl Castro y su grupo concibieron lo que ha sido presentado como la "actualización del modelo cubano", sin tener en cuenta que no existe tal modelo y que, por tanto, no hay nada que actualizar.

Las piedras angulares de la tal "actualización" son la entrega en usufructo de tierras ociosas, sin que los usufructuarios puedan disponer libremente de éstas ni del producto de las mismas; la reducción de las plantillas infladas o "proceso de  disponibilidad laboral"; la mejora del balance financiero externo a costa de reducir drásticamente las importaciones, apoyándose en intentos poco probables de sustituirlas; la reducción de los gastos del Estado eliminando progresivamente la libreta de racionamiento y las gratuidades "indebidas" y, lo que constituye el pivote de toda esa concepción: el incremento del trabajo no estatal, pero sin brindar los recursos necesarios y con una fuerte carga impositiva.

El Gobierno ha planeado que en los próximos cinco años el trabajo por cuenta propia ocupe a la tercera parte de la fuerza laboral activa.

Inicialmente, se previó que en el primer trimestre de 2011 la reducción de plantillas alcanzara a medio millón de trabajadores que se incorporarían a otras actividades donde falta mano de obra —como la construcción y la agricultura— y al trabajo por cuenta propia; pero las cosas comenzaron mal desde la arrancada. El propio Raúl Castro tuvo que reconocer más tarde la necesidad de ralentizar el proceso de despidos.

El pasado 21 de mayo, el diario oficial Granma anunció que, al concluir el mes de abril, 309.728 personas ejercían el trabajo por cuenta propia. En 2002, la cifra era de 141.300.

También señaló Granma que desde que se inició el proceso de reducción de plantillas en el sector estatal, en octubre de 2010, el número de trabajadores por cuenta propia se había incrementado en 221.839, lo cual está muy lejos del medio millón previsto inicialmente para el cierre del primer trimestre del año.

No se brindaron cifras acerca de cuántos de los trabajadores estatales despedidos se incorporaron a ese tipo de labor, pero si se toma como válido el 16% que corresponde tanto a las licencias otorgadas como a la que están en trámite, ascendería a unos 35.494, apenas el 7,1% de lo inicialmente previsto.

En la información oficial sobre la reunión del Consejo de Ministros, celebrada el 15 de mayo, se intentó dar una explicación muy simple de ese fracaso, expresando que "se demostró la insuficiente preparación inicial de la base". Además, que hubo dilación excesiva en los trámites. Pero la verdadera explicación estuvo en el atraso en el cronograma de ejecución del proceso de disponibilidad laboral, del que aún no se han informado los nuevos plazos.

En realidad, aunque son ciertas esas explicaciones, la razón fundamental es que se trata de un conjunto de medidas mal concebidas, contenidas en unos Lineamientos inoperantes, correspondientes a una estrategia absurda, que pretende resolver los problemas que han creado los mismos incapaces que ahora la adoptan.

Pretender que el país salga de la crisis estructural en que se encuentra sin una amplia apertura hacia una economía de mercado, sin un acceso amplio a créditos externos, sin la participación de inversiones extranjeras directas, sin eliminar las restricciones a la actividad privada —tanto a pequeña como a gran escala—, sin entregar de la tierra en propiedad ni eliminar las limitaciones en su uso, sin propiciar el comercio libre de productos agrícolas e industriales, etc., es un deseo irrealizable del consejo de ancianos que dirige al país y trata de entretener a la población con viejos métodos camuflados en novedades que no engañan a nadie.

Les aterroriza por igual la economía de mercado y el llamado socialismo de mercado aplicado en China. La primera, porque significa su desplazamiento inmediato del poder y, el segundo, porque significaría una limitación de su poder absoluto en el corto plazo, sin otra perspectiva que su fin.

En realidad, el socialismo de mercado no es un régimen social sino la dictadura de una clase parasitaria, que explota desde sus posiciones políticas a una sociedad en la que impera un capitalismo salvaje, y en la que se manifiesta corrupción, desigualdad e inconformidad creciente. Esa mezcla candente le ha permitido a China lograr un crecimiento económico y capear la situación, pero en Cuba la situación imperante ya ha pasado del estancamiento a un retroceso indetenible.

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