Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Sociedad

Juntos hasta el fin

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Se ha dicho (en el diario El País, el pasado 15 de mayo) que el régimen le niega hoy respaldo a dos miembros de ETA residentes en la Isla, porque "no quiere comprometer sus relaciones bilaterales con España". Pero quizá esta sea una manera fácil de simplificar un problema demasiado complejo.

También se aseveró al respecto que "la actitud del Gobierno castrista ha abierto una división en el seno de la comunidad etarra en Cuba". Y eso, además de una simplificación, podría ser una nueva muestra del aturullamiento que suele exhibir la prensa extranjera ante los muy particulares casos y cosas de casa.

Porque la comunidad de etarras residentes en Cuba ha estado siempre dividida, sin que en ello incidiera la actitud del régimen, como no fuese a la hora de brindarle todo su apoyo a la fracción dominante dentro de esa comunidad, es decir, a los caudillos terroristas que llevan la sartén por el mango en el entorno de las empresas UGAO y Euskal Herria, las dos gallinas ETA de los huevos de oro dentro del proceso de inversión extranjera en la isla.

Hasta el presente minuto, el régimen no ha retirado su respaldo a tales caudillos. Probablemente no se lo retire nunca, sin que le importe mucho ni poco que ese respaldo implique un comprometimiento de sus relaciones con España.

Así, pues, el propio título del reportaje publicado en El País, "Cuba corta la salida a ETA", es también simplificador, cuando menos. Y cuando más, es desvariado.

El reportaje en cuestión aborda el caso de Elena Bárcena Argüelles, alias Tigresa, y Francisco Javier Pérez, alias Niko, a quienes el régimen les niega documentación falsa "operativa" que les permita irse a vivir a Francia o a otro país.

Y es basado precisamente en el El País que se desgranan apuradas conclusiones: "La conexión histórica de ETA-Batasuna con Cuba se resquebraja (...) En la práctica, esta decisión supone cerrar la salida a los etarras allí instalados (...) La nueva actitud del Gobierno cubano supone un giro de su comportamiento (...) Aunque la retórica de la solidaridad revolucionaria siga en pie, la luna de miel del castrismo y ETA-Batasuna parece tocar a su fin".

Tal vez, antes de dar por terminada la luna de miel entre el castrismo y ETA, sería recomendable hacer algo tan sencillo como preguntarle a los pejes gordos de esa organización que continúan viviendo como siempre en la Isla, a sus anchas, con estatus de privilegiados y con las máximas garantías de seguridad, a pesar de que la justicia española se ha cansado de reclamarlos formalmente.

Tal vez resultaría saludable no confundir el árbol con el bosque, si de la comunidad de etarras en Cuba se trata. Ni sería prudente pasar por alto que los miembros de fila de esa organización, antes que la cobertura, digamos, oficial del régimen para moverse hacia el exterior, necesitan el permiso de sus jefes.

Así que bien pudiera estar ocurriendo que en vez de no querer comprometer sus relaciones con España, el régimen les niegue el permiso de escape a Tigresa y Niko para no comprometer las relaciones con los jefes de su comunidad.  

De hecho, en el propio reportaje de El País se asegura que los cogotudos de UGAO y Euskal Herria "se oponen frontalmente a cualquier denuncia que pueda ser interpretada por el Gobierno cubano como un gesto de deslealtad". Y claro que son estos cogotudos (no los desesperados miembros de fila Tigresa y Niko) quienes determinan la vigencia de la luna de miel del castrismo con ETA, cuñas del mismo palo y, como tales, abocados a un mísero destino: juntos hasta el fin.

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