Jueves, 14 de Diciembre de 2017
19:37 CET.
VI Congreso del PCC

Última oportunidad perdida

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El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) pasará a la historia como la última oportunidad que tuvieron los hermanos Castro y demás "históricos de la Sierra" de enfrentar con valentía y decencia la crisis crónica provocada por ellos mismos durante medio siglo.

Por el contrario, el evento ha reafirmado la soberbia del régimen y dado un portazo a toda racionalidad para mejorar las cosas y aliviar al menos el sufrimiento de los ciudadanos.

Al quedar suprimidas las 45 propuestas de cambios reales que hizo la población, quedó claro que el evento fue fabricado por la élite política del país para asegurarse un buen espacio en los medios internacionales y decir de una vez que habrá capitalismo de Estado a la castrista —no a lo chino o lo vietnamita—, y que no habrá otra flexibilidad que no sea el timbirichismo imprescindible para evitar el colapso total de la economía.

¿Y la renovación?

En cuanto a la renovación de dirigentes, Raúl sepultó las esperanzas de aire fresco en la nomenklatura al precisar que los más jóvenes no están lo suficientemente preparados para sustituir a la gerontocracia actual. Medio siglo ha sido muy poco tiempo para "aprender". Y como los "históricos" son octogenarios o están a punto de serlo, el congreso recomendó que ningún jerarca esté más de 10 años en su cargo. Se trata de una jugada para hacer creer que se democratiza el socialismo, cuando el verdadero propósito es garantizar que el actual consejo de ancianos gobierne mientras viva.

Clara expresión de la posición retrógrada del congreso fueron el nombramiento del guardia rojo José R. Machado Ventura —muy impopular entre la militancia de base— como segundo secretario, el del represor Ramiro Valdés como tercer jerarca del régimen, y la exclusión del Buró Político del ministro de Cultura Abel Prieto, el único integrante no "duro" de esa instancia durante 14 años. 

El saldo petrificador del congreso se ve al trasluz en la nueva composición de la cúpula dirigente. Entre los 15 miembros del Buró Político (BP), sólo hay tres caras nuevas. De nuevo vemos a los seis generales de mayor rango, a Ramiro Valdés y a Machado Ventura. Ellos, conjuntamente con Fidel Castro —líder tras bambalinas— conforman el grupo de los nueve hombres más poderosos de la nación en lo político, militar y económico. Lo eran ya y lo siguen siendo. Sin contar a Fidel, el promedio de los 8 todopoderosos es de 74.3 años; con el caudillo es de 75.4  años.

Los otros siete miembros del nuevo Buró Político no tienen ni sombra del poder que tienen sus colegas en la élite. Han sido llamados al exclusivo club sólo porque necesitan tener "alto nivel" jerárquico para que los respeten en los sectores clave en que se desempeñan.

Ricardo Alarcón está allí únicamente porque le "corresponde", dado su puesto de presidente de la Asamblea Nacional. Es el mismo caso del secretario general de la CTC, Salvador Valdés Mesa, y el del coronel de inteligencia Marino Murillo, a cargo ahora de la "actualización del modelo económico socialista". Ni ellos ni los cuatro restantes tienen poder real.

El promedio de edad de los 15 integrantes es de 67 años, pero su núcleo determinante, como vimos, sobrepasa los 74 años. Si tenemos que la edad promedio del Consejo de Estado roza los 70 años, resulta que la cúpula gobernante cubana es la más anciana de la tierra.

En China y Vietnam, que en los años 80 emulaban con los soviéticos en la longevidad de su dirigencia comunista, ya no es así. Hoy la edad promedio del BP del PC de China es de 63.8 años, y la de la cúpula vietnamita es de 61.6 años. No hay ninguna otra élite gobernante planetaria que compita con los casi 75 años de la de Cuba.

Burla a los 'vejestorios' soviéticos

Lo irónico es que hasta los años 80, en Cuba se burlaban de los "vejestorios" que integraban la dirección gubernamental y partidista de la Unión Soviética y de Europa del Este, China, Vietnam, Mongolia y Corea del Norte.

El propio Fidel Castro hacía chistes en privado sobre "el asilo de ancianos" soviético y el chino. Cuando en 1981 se supo que Brezhnev estaba delicado de salud, la cúspide cubana se mostró preocupada de que asumiese el mando el número dos del Kremlin, Mijail Suslov, ideólogo del PC desde los tiempos de Stalin, porque tenía 79 años.

Fidel Castro dejó de hacer bromas sobre la edad de los dirigentes soviéticos cuando asumió la dirección del país alguien más joven que él: Mijail Gorbachov.

En fin, el VI Congreso del PCC no fue sólo la última oportunidad del castrismo de hacer algo por el pueblo cubano, sino que reafirmó el rumbo hacia el precipicio y continuará agravando la crisis que convierte en ruinas a una nación que en 1958 duplicaba el ingreso per cápita de España y casi igualaba al de Italia.

La moraleja de esta cumbre castrista es tan sencilla como desoladora: con los Castro, Cuba no tiene salvación posible.

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