Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Aniversario de Bahía de Cochinos

Jirones de Girón

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A poco de sobrevenir el fiasco de Bahía de Cochinos, una comisión ad hoc de la Casa Blanca y el Inspector General de la CIA indagaron por separado qué había sucedido. Del otro bando, la victoria de Girón ha dado pie a minucioso examen hasta en conferencias internacionales. The Miami Herald y El Nuevo Herald se desentendieron de una y otra perspectivas al enfocar el aniversario 50 del acontecimiento crucial en el diferendo entre Cuba y Estados Unidos.

Las páginas de opinión mostraron el descuido editorial de incluir la crónica precisa del historiador Enrique Ros acerca de cómo surgió la Brigada de Asalto 2506, derivada en derechura del Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro —que el presidente Eisenhower aprobó el 17 de marzo de 1960—, junto con el comentario del cineasta Joe Cardona sobre los héroes entre nosotros, que atribuye la formación de la brigada a que "la estrategia, inexplicablemente, se cambió de guerra de guerrillas a una invasión total" por la administración Kennedy. Sin embargo, lo peor aflora en reportajes que distorsionan hechos y admiten sin crítica opiniones desinformadas.

La batalla sangrienta

Así rompe el primer reportaje, pero como indica que "la brigada perdió 67 hombres en combate" y casi todo el resto (circa 1.200) cayó prisionero, la sangre a chorros hay que buscarla en el bando de Castro. Se afirma entonces que "Cuba reconoció posteriormente haber sufrido 1.250 muertos y casi 3.000 heridos", sin precisar dónde ni cuándo. Si Castro hubiera encajado semejantes pérdidas, su demanda de mayo 31 de 1999 por "daños humanos" contra la Casa Blanca no rezaría que, como consecuencia de la invasión a Girón, "176 personas perecieron y más de 300 resultaron heridas".

Subir la parada a miles en ambos casos es globo inflado por el soplo gacetillero de Miami, al estilo de Enrique de la Osa con "más de veinte mil muertos arroja el trágico balance del régimen de Batista" (Bohemia, enero 11 de 1959). Para colmo la prensa de Miami refiere un combate en que "Cuba reportó después 1.800 muertos y heridos". No consta tal reporte de Cuba por ningún lado. Ese número de bajas en un solo combate de Girón sólo puede sacarse de los partes de guerra imaginarios de Radio Swan.

Además de manipular cifras para justificar su sangriento titular, el reportaje atribuye al veterano de la brigada Julio González Rebull "una explicación muy clara sobre los motivos que le arrancaron la victoria de las manos a los brigadistas[:] la brigada no se rindió, se quedó sin munición. Estados Unidos nos entrenó y después nos abandonó". Si las municiones escasean puede guardarse la última bala para sí mismo o disparársela al enemigo y partirle pa'rriba a mano limpia. Desde luego que rendirse es más racional que estas opciones suicidas, pero es rendirse. Y lo esencial radica en que la victoria nunca estuvo en manos de la brigada, como demostraron tanto la comisión de la Casa Blanca, presidida por el general Maxwell Taylor (Paramilitary Study Group Report, junio 13 de 1961), como la auditoría interna del Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatrick (Inspector General's Survey of the Cuban Operation, octubre de 1961).

El sambenito de traidor que suele colgarse al presidente Kennedy oculta que, desde siempre, la invasión se concibió como "acción encubierta". No es culpa de Kennedy que el Consejo Revolucionario Cubano (CRC) y la jefatura de su brazo armado (Brigada de Asalto 2506) pasaran por alto que si las alternativas al fracaso de la invasión eran el apoyo aéreo continuado y aun el desembarco de marines, el plan estaba viciado de origen, ya que empezaba como acción encubierta —con la simulación de la rebelión de los pilotos de Castro— y proseguía eventualmente con franca intervención de EE UU.

Kirkpatrick concluyó: "Al encarar la opción de retirarse sin honor o hacer juego entre la derrota vergonzosa o la dudosa victoria, la CIA escogió hacer juego y acomodar sus planes a cualesquiera restricciones que impusiera la Casa Blanca". JFK buscaba no enredarse en Naciones Unidas con la violación flagrante del Derecho Internacional por intervenir en Cuba. El jefe de la CIA, Allen Dulles, y su lugarteniente Richard Bissell presentaron entonces, el 16 de marzo de 1961, tres planes alternativos de invasión con la brigada de exiliados: el original por Trinidad, otro por el noreste de la Isla y otro más por la Ciénaga de Zapata, que JFK acogió y ordenó modificar para que la cosa semejara aún más una revuelta guerrillera interna.

Ese mismo día Bissell agitó ante Kennedy informes de "inteligencia" que cifraban en "menos del 20%" el apoyo popular a Castro y en más del 75% el número de milicianos "que desertaría en caso de evidenciarse que había comenzado en serio la guerra contra Castro". Kirkpatrick observó con sarcasmo que la CIA preparó módulos de combate para miles de cubanos "que debían pasar desarmados por entre las fuerzas de Castro para unirse a los libertadores en los pantanos".

Detrás del palo

Otro reportaje especial sobre Bahía de Cochinos en la prensa de Miami pretende sacar lasca a que no todos los brigadistas capturados pudieron regresar a EE UU para la Nochebuena de 1962. Quedaron atrás "nueve en prisión y 10 bajo tierra". El análisis puntualiza que cinco "fueron enjuiciados el 18 de septiembre de 1961 y ejecutados la misma noche por delitos supuestamente cometidos antes de la invasión, pero veteranos brigadistas dicen que [por] resentimiento personal de Fidel Castro. Otros cinco muertos eran miembros de los equipos de infiltración [que] llegaron a la isla antes de la invasión y fueron capturados. Castro se negó a liberar otros nueve brigadistas".

Tal negativa queda al garete por omitirse que estos nueve y los primeros cinco fueron juntos al mismo juicio [el 9 de septiembre de 1961, según puede leerse en primera plana del diario habanero El Mundo del mismo día] en causa separada del resto de la brigada porque eran ex miembros del ejército y la policía de Batista sobre los cuales pesaban acusaciones de crímenes cometidos durante la guerra civil (1956-58). Fueron juzgados por el Tribunal Revolucionario de Las Villas, tras ser capturados en territorio de esa provincia, y las cinco ejecuciones tuvieron lugar de madrugada en El Sitio, a la salida de Santa Clara. Los nueve restantes recibieron condenas de 30 años. La jugada gacetillera de dejar sin explicación por qué Castro "se negó a liberar" a nueve brigadistas sólo tendría parangón con otra que no aclarara por qué mandó a fusilar tan sólo a nueve [la muerte que completa la decena trajo su causa de un tiroteo en Camagüey].

El impacto de la invasión

El tercer reportaje juega tanto con la historia que la victoria electoral del republicano Bush hijo frente al demócrata Al Gore en 2000, decidida por el Tribunal Supremo de EE UU en caso de recuento de votos en la Florida, se enlaza con los cubanos resignados a vivir mayoritariamente en el condado Miami-Dade como consecuencia del fiasco de Bahía de Cochinos, antes que con la confusión en Palm Beach y tres condados más de tendencia demócrata por aquella "boleta mariposa", que se abría como un libro y tenía un punzón para perforar el lugar correspondiente al candidato de preferencia, de tal manera que Pat Buchanan, colocado entre Bush y Gore, recibió un número sorprendente de votos.

Esta peculiar noción histórica de causa-efecto viene acompañada de la percepción más alucinante del tiempo. Según el reportaje, los hermanos Kennedy se enfurecieron tanto por la derrota en Bahía de Cochinos, que urdieron la Operación Mongoose para "derrocar a Castro. Otras iniciativas incluían su asesinato. Posteriores planes para asesinar a líderes extranjeros que se oponían a las políticas estadounidenses, afirma Jones, pondrían posteriormente en la mira al líder independentista congoleño Patrice Lumumba…".

Ese Jones citado es Howard Jones, profesor de Historia de la Universidad de Alabama, que si afirmó tal cosa —con tanta posteridad— en su libro Bay of Pigs. Pivotal Moments in American History (2010) no sabe siquiera que Lumumba murió antes de Girón, el 17 de enero de 1961, a manos de su rival Joseph Mobutu y no de la CIA.

Coda

Estas y otras pifias se habrían evitado tan solo con recurrir al libro Operation Zapata. The Ultrasensitive Report and Testimony of the Board of Inquiry on the Bay of Pigs (Aletheia Books, 1981), que se publicó con prólogo y bajo el cuidado editorial de Luis Aguilar León, director (1993-95) de la página de opinión de El Nuevo Herald y pionero de la colaboración de los periodistas de este diario con Radio y TV Martí.

Así mismo la prensa de Miami tendría que repasar los testimonios del vencedor, so pena de hilar conexiones tales como que la Operación Mirage, maniobra diversionista de la CIA al este de La Habana, "neutralizó a la unidad de [Che] Guevara, impidiéndole participar en la batalla, lo que a su vez evitó más derramamiento de sangre entre los brigadistas". Hasta la CIA supo que las fuerzas que Castro tenía concentradas alrededor de La Habana "para hacer frente en otra dirección eran nueve veces superiores a las que empleamos en Playa Girón".

Last, but not least queda sin tocar en la prensa de Miami una clave definitoria del fiasco: la CIA se embulló tanto con el proyecto JMATE (originalmente JMARC) que pensó reciclar en la Cuba de 1961 la Operación PBSUCCESS de 1954 en Guatemala, donde la mala suerte de Jacobo Arbenz quedó sellada cuando el ejército guatemalteco se reviró. La CIA desarrolló allí el "Programa K" para penetrar los mandos militares y el embajador estadounidense John Peurifoy participó activamente en la subversión. En vísperas de Girón EE UU no tenían ya embajada en Cuba ni agentes de la CIA con acceso a los mandos militares castristas. Considerar que el desembarco de la brigada desencadenaría la revuelta en el pueblo y la deserción en las milicias fue mero wishful thinking, que la mano derecha de Bissell, Tracy Barnes, se empecinó en pasar de contrabando hasta en su réplica a Kirkpatrick (An Analysis of the Cuban Operation, enero 18 de 1962).

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