Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
13:57 CET.
Aniversario de Bahía de Cochinos

Suite para Girón

El plan contra el régimen de Castro aprobado por el presidente Eisenhower el 17 de marzo de 1960 rezaba "acción encubierta". Eisenhower mismo dijo al jefe de la CIA, Allen Dulles, que "nuestras manos no pueden aparecer en nada de lo que se haga". El apoyo aéreo masivo y el desembarco de los marines se descartaron de antemano, porque de haberse planificado, la intervención de Estados Unidos no podía negarse y hasta sobraba la Brigada de Asalto. No en balde la operación corrió por cuenta de la CIA antes que por el Pentágono. Así y todo, el exilio suele desfogarse en la vacilación de JFK, a quien llegan a tachar incluso de cobarde. Quizás convenga más mirar adentro.

Preludio

El 15 de abril de 1961, 8 bombarderos B-26 de la Fuerza Aérea de Liberación (FAL) salieron a bombardear los aeropuertos militares de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad (Habana) y Santiago de Cuba. Todos tenían insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR) de Castro y al menos dos llevaban el mismo número: 933. El ataque buscaba garantizar la premisa crucial fijada por la CIA en memorando del 4 de enero de 1961: destruir o neutralizar las fuerzas aéreas y navales capaces de ofrecer resistencia al desembarco, antes de que las embarcaciones anfibias se acercaran a la playa.

Al regreso los pilotos exageraron. Las fotografías de los aviones espías U-2 rebajarían los aviones destruidos a cinco, sin poder determinar cuántos fueron dañados. Según la cuenta que dio Castro el 23 de abril, sólo aviones fuera de servicio fueron destruidos en Ciudad Libertad, uno de transporte y otro de combate en San Antonio de los Baños, y uno de combate y dos aeronaves civiles en Santiago. Desde noviembre 13 de 1960 Castro había recibido un informe de inteligencia de seis páginas sobre los preparativos de la invasión en Guatemala. No sólo había previsto los puntos más probables de desembarco, sino también el golpe inicial contra sus FAR: los aviones fuera de servicio estaban a la vista, pero los demás habían sido camuflados y dispersados con protección antiaérea. Tad Szulc había sacado ya el artículo Anti- Castro Units Trained to Fight at Florida Bases (The New York Times, abril 7 de 1961) y Kennedy no pudo menos que comentar: "Castro no necesita espías en los EE UU; basta con que lea los periódicos".

A poco de haber despegado el escuadrón de ataque de la FAL, Mario Zúñiga salió de Puerto Cabezas (Nicaragua) a Miami en otro B-26 número 933. La cubierta de uno de sus motores había sido desmontada, tiroteada y reinstalada para dar la impresión de que el avión había sorteado fuego antiaéreo. Ya sobre el estrecho de la Florida, Zúñiga paró ese motor y pidió por radio permiso para aterrizar. En tierra se identificó como Juan García, pidió asilo político y alegó que otros tres pilotos de las FAR habían desertado y atacado bases aéreas de Castro. Al este de Guantánamo se malograba el desembarco diversionista de Nino Díaz y sus comandos. Un caza T-33 de la FAR salió a explorar y cayó al mar. Su piloto, teniente Orestes Acosta, sería incluido entre los desertores anunciados en Miami.

Sin embargo, los reporteros más perspicaces notaron que las ametralladoras del B-26 de Zúñiga no parecían haber disparado y su nariz era de metal. Los B-26 de Castro tenían narices de plástico. El presidente del Consejo Revolucionario Cubano (CRC), José Miró Cardona, declaró que los ataques habían sido realizados por desertores de la FAR. Castro replicó que ni Hollywood se hubiera atrevido a rodar semejante película.

A la queja del canciller castrista Raúl Roa, el representante de Washington ante Naciones Unidas, Adlai Stevenson, respondió que la cuestión fundamental no era entre Cuba y EE UU, sino entre cubanos. Y hasta presentó fotos de Zúñiga y su B-26, sin tener idea del papelazo que estaba haciendo. Lo que sí discurría ya en serio, bajo la dirección del comandante Efigenio Ameijeiras, era la redada de anticastristas reales o imaginarios dentro de la Isla.

Allemande

El 16 de abril, antes que el cortejo fúnebre de las víctimas del bombardeo del día anterior entrara en el Cementerio de Colón, Castro tildó a los enemigos de "mercenarios", ratificó el estado de alerta y soltó que había "hecho una revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos". Entretanto, la Fuerza Expedicionaria Cubana (FEC) venía llegando al punto de encuentro "Zulú", a unas 40 millas (65 km) de las costas de Cuba, escoltada por destructores de la marina de EE UU. Luego seguiría sin escolta hacia Bahía de Cochinos. El dictador nicaragüense Luis Somoza habría despedido en los muelles de Puerto Cabezas a la FEC y pedido a sus jefes que le trajeran de vuelta unos pelos de la barba de Castro.

Los cargueros Houston, Río Escondido, Caribe y Atlántico trajeron casi 1.500 hombres con su armamento, y Lake Charles transportó personal de infiltración y suministros. Todos navegaron con bandera de Liberia, en compañía de los buques de asalto anfibio (LCI, por sus siglas en ingles) Blagar y Bárbara J, bajo bandera nicaragüense. Radio Swan trasmitía mensajes que aparentaban claves para activar la resistencia dentro de la Isla: "¡Alerta! ¡Alerta! Mira el arcoiris. El pez se levantará en breve. Chico está en casa. Visítalo. El cielo es azul…". La Casa Blanca canceló otras incursiones aéreas para no dar pie a acusaciones por violación del Derecho Internacional. La CIA protestó, pero el secretario de Estado, Dean Rusk, se mantuvo en sus trece. La orden llegó a Puerto Cabezas cuando los pilotos de la FAL ya estaban listos para despegar.

El comandante Juan Almeida, designado por Castro jefe militar en la región central, pasa por Punta Perdiz, a unos 11 kilómetros de Playa Girón, y recibe informes de actividad en el mar y de guerrilleros anticastristas en la zona rural de Amarillas. Los policías de Ameijeiras y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) han detenido en pocas horas a miles y miles de sospechosos para dar al traste con la Operación Generosa, que la CIA había urdido para levantar quinta columna contra Castro.

La FAR alista cuatro cazas a chorro T-33, cuatro cazas de hélice Sea Fury y al menos cinco B-26, tanto para el combate aéreo como para atacar objetivos navales y terrestres. La CIA desconocía que los T-33 estaban artillados con ametralladoras M-3 y así cogerían mangos bajitos frente a los B-26 de la FAL, que no tenían ametralladoras de cola.

Courante

Al filo de la medianoche del 16 para el 17 de abril, el jefe de la posta de milicianos en Playa Girón, Mariano Mustelier, ve unas luces en el mar y piensa que alguna embarcación perdió el rumbo. Hace señales con las luces de su jeep y le responden con fuego cerrado: "Llegaron los americanos", gritó Mustelier y corrió a avisar.

A bordo del Blagar, el agente de la CIA Grayston Lynch recibe un mensaje espeluznante de Washington: la aviación de Castro no ha perdido su capacidad combativa. La Brigada de Asalto 2506 comienza a desembarcar a eso de la una de la madrugada. Poco después Castro despierta con la noticia y manda enseguida a José Ramón El Gallego Fernández a enrumbar con el batallón de la Escuela de Responsables de Milicias (Matanzas) hacia Playa Larga. Así mismo ordenó al capitán Raúl Curbelo Morales que la FAR atacara los buques de la FEC.

Radio Swan dejó de trasmitir en clave y llamó a la insurrección, con especial interés en impedir que los aviones de Castro despegaran: "Rompan sus instrumentos, pinchen sus tanques de combustible". El embullo llegó al punto de reportar el avance de la fuerza invasora en todos los frentes y aun el suicidio de Raúl Castro.

La FAR ataca con éxito al carguero Houston, que encalla, y al buque de asalto anfibio Barbara J. El prurito cubano de ser primero queda satisfecho con los paracaidistas de la brigada que protagonizan la primera acción militar de este tipo en América Latina. El fuego antiaéreo del Blagar tumba un avión de Castro, pero otro consigue impacto directo de rocket contra el carguero Río Escondido, que llevaba 145 toneladas de municiones y más de 40 mil galones de combustible. Al escuchar el estruendo, el agente de la CIA Rip Robertson vocifera por radio en Playa Girón: God Almighty, what was that? Fidel got the A[tomic] bomb? Su colega Grayston Lynch responde: Naw, that was the damned Río Escondido that blew.

El CRC difunde su primer boletín con la profecía de que antes del amanecer los cubanos se levantarán en masa para barrer al comunismo. En otro afirmaron que muchos milicianos habían desertado, pero un asistente del jefe de la CIA decía ya que la Operación Zapata colgaba de un hilito. Al ser notificado de otra acción de paracaidistas en Horquita, entre San Blas y Yaguaramas, Castro repuso tranquilo que estaban condenados a muerte y ordenó: "Échenle a las milicias". Y al recibir el parte de que el batallón de la Escuela de Responsables de Milicias había tomado el caserío de Pálpite, exclamó con sobrada razón: ¡Ya ganamos!

Sarabande

El 18 de abril los tanques de Castro avanzan hacia Playa Larga, Playa Girón y San Blas. Los T-33 de la FAR derribaban tan fácil a los B-26 de la FAL que la CIA ordena bombardear otra vez la base aérea de San Antonio de los Baños, pero el escuadrón ad hoc no encontró el blanco. El asesor de seguridad nacional, McGeorge Bundy, reporta a JFK que las fuerzas armadas de Castro no ceden, no llega la respuesta esperada del pueblo a la expedición y la situación de la brigada se complica. La CIA recurre por primera vez a pilotos estadounidenses para acciones combativas. El Fiscal General, Robert Kennedy, susurra al senador George Smathers (D-Florida): The shit has hit the fan, pero el CRC declara en Nueva York que el territorio liberado se expande y cada vez más campesinos, obreros y milicianos se viran contra Castro. Radio Swan llama a los habaneros a conectar todos los electrodomésticos y encender todas las luces para provocar un apagón a las 7:45 de la mañana. En Naciones Unidas, el delegado soviético lee nota de Jruschov y su colega estadounidense, la respuesta de JFK, que niega categóricamente la participación de pilotos de EE UU.

Un batallón de milicianos llega a Cayo Ramona por la noche y ocupa posiciones para impedir que los brigadistas escapen al interior de la Isla. Media docena de B-26 de la FAL atacan una caravana de vehículos. Entre los pilotos hay dos americanos contratistas de la CIA. La caravana se reorganiza y prosigue su marcha hacia Punta Perdiz.

En su informe del 31 de enero de 1961, el brigadier David Gray aseveró que la Brigada de Asalto 2506 podría resistir hasta cuatro días en condiciones de ataque por sorpresa y supremacía aérea, pero el éxito completo dependía del alzamiento popular en Cuba. Para ello el Pentágono y la CIA habían preparado 35.000 módulos de combate. Unos 15 mil se embarcaron en la FEC, junto con cañones sin retroceso, morteros, jeeps y camiones. Desde abril 10 de 1961, la CIA había informado a Bobby Kennedy que, en el peor de los casos, la FEC se convertiría en guerrilla. Sólo que por donde desembarcaron no había fácil acceso al Escambray.

Gavotte

El 19 de abril el almirante Arleigh Burke pide a JFK usar dos cazas a chorro para tumbar los aviones de Castro, pero el presidente repone que había advertido que las fuerzas estadounidenses no entrarían en combate. A regañadientes se autoriza que un escuadrón del portaviones Essex haga el paripé de escoltar a los B-26 para intimidar a los pilotos de Castro, pero la CIA y el Pentágono pasan por alto la diferencia horaria entre Cuba y Nicaragua. A los 9 ó 10 aviones perdidos la FAL sumaría perder el tiempo sin encontrar aquella escolta.

Para colmo, los pilotos americanos Leo Francis Berliss y Thomas Williard Ray atacan con su B-26 el central Australia y van alegremente al re-enganche, para acabar siendo derribados. Logran catapultarse, pero son liquidados en tierra. Raúl Roa saca a relucir en la ONU el cadáver de Berliss, con su Número de Seguridad Social (014-07-6921) y todo. El secretario general (U Thant) admite con prudencia birmana que hay prueba bastante de que algunos poderes externos están involucrados en la escalada del conflicto. Adlai Stevenson no encuentra dónde meter la cabeza tras soltar Roa: Naturally, these planes came from the moon. En 1979 el cadáver de Pete Ray fue repatriado a EE UU y la CIA terminaría por admitir su vínculo al concederle la distinción Intelligence Star.

Todavía un C-46 logra aterrizar en la pista de Playa Girón con municiones y equipos para la brigada, pero el Blagar no puede llevar tres lanchones de suministros sin destructor de escolta. El capitán dijo por radio que la tripulación cubana se amotinaría. La infantería de Castro, con apoyo de tanques y artillería, ha tomado Playa Larga, asedia Playa Girón y antes del mediodía entra en San Blas. El comandante de la brigada envía su último mensaje a Blagar: I´m destroying all equipment and communications. I have nothing left to fight with. I´m taking to the woods. I can’t wait for you. El CRC emite su último boletín para aclarar que Castro había tildado el desembarco de invasión, pero se trataba de suministro y apoyo a patriotas que venían luchando dentro de la Isla por meses. Dulles confiesa al ex vice Nixon: Everything is lost. The Cuban invasion is a total failure. Hasta el presidente protocolar de Cuba, Osvaldo Dorticós, está en el teatro de operaciones cuando Castro anuncia la caída del último reducto enemigo (Playa Girón) a las 5:30 pm.

Guigue

El 20 de abril Castro practica tiro con un cañón autopropulsado SAU-100 contra el Houston encallado, luego de comprobar que no habría participación directa de tropas regulares de EE UU. Esta circunstancia había sellado la mala suerte de la FEC desde que Eisenhower aprobara, el 18 de agosto de 1960, el presupuesto de $13 millones para la acción encubierta contra Castro. Tal y como explica Piero Gleijeses en Ships in the Night: The CIA, the White House and the Bay of Pigs (Journal of Latin American Studies, Número 27, febrero de 1995, páginas 37-42), la Casa Blanca y la CIA creyeron que estaban en sintonía con respecto a la operación y manejaban en realidad nociones diferentes: JFK pensaba que la Brigada de Asalto 2506 podía pasar a la guerra de guerrillas en las montañas y la CIA, que JFK recurriría a los marines antes que abandonar a la brigada.

Al examinar el 8 de diciembre de 1960 el tinglado armado por la CIA contra Castro, el coronel Edward Lansdale dudó que el pueblo se levantara por causa de la invasión y puso en entredicho la base política de aquel montaje. También el almirante Robert Dennison abrigaba serias dudas y remitió a la CIA, el 20 de diciembre de 1960, un cuestionario de 119 preguntas. Sólo 12 fueron contestadas. El 15 de febrero de 1961, el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Thomas Mann, pasó al Secretario de Estado, Dean Rusk, un memorando que desmentía la invasión como detonante de revuelta popular contra Castro. Mann predijo que, por el contrario, la Operación Zapata conduciría a la encrucijada de tener que abandonar la brigada a su suerte, intentar trasladarla hacia las montañas o intervenir militarmente en Cuba.

Otro subsecretario de Estado, Chester Bowles, advirtió en marzo 31 de 1961 a Rusk que la posibilidad de éxito era tan baja que la invasión sólo contribuiría a reforzar el prestigio de Castro. Y el asesor presidencial Arthur Schlesinger alegaría el 5 de abril de 1961 que la brigada no tenía fuerza suficiente para tumbar rápido a Castro: para hacerlo había que desembarcar con los marines, pero de este modo Cuba en 1961 sería para EE UU lo que Hungría para la Unión Soviética en 1956.

Los oficiales de la CIA Jacob Esterline y Jack Hawkins visitaron el 8 de abril de 1961 en su propia casa al jefe de planes, Richard Bissell, para plantear sus renuncias porque la Casa Blanca había podado tanto la acción contra Castro que la victoria era técnicamente imposible. Tras efectuar la autopsia de la invasión, el inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, concluyó en octubre de 1961 que la envergadura de la operación excedía las capacidades de la CIA. A igual conclusión había arribado el 11 de mayo de 1961 la comisión del Pentágono presidida por el general Maxwell Taylor.

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