Lunes, 11 de Diciembre de 2017
15:38 CET.
Aniversario de Bahía de Cochinos

Milicianos, ¡a desfilar como si fuesen chinos!

En el patio trasero de una antigua residencia cuyos moradores huyeron a Estados Unidos tras la revolución, bajo un sol veraniego y con vistas al desfile militar anunciado por Raúl Castro en conmemoración del 50 aniversario de la victoria en Bahía de Cochinos, se entrenan dos batallones de milicianos.

Las pompas militares se celebrarán el 16 de abril en la Plaza de la Revolución, fecha en la que también comenzará el VI Congreso del Partido Comunista. Aunque la economía local hace aguas y las finanzas públicas están en números rojos, los mandarines criollos creen que el esfuerzo y el derroche valen la pena.

Con ese objetivo se alistan tropas, y al desfasado armamento ruso se le da una mano gruesa de pintura verde olivo. Son armas y carros de combate que llevan largos períodos de sueños en refugios antiaéreos desperdigados por toda la isla, en espera de una hipotética guerra contra los yanquis.

Miles de trabajadores han sido movilizados por dos meses para tomar parte en el desfile militar. Uno de ellos es Mariano, 51 años, quien está fuera de forma física, como la mayoría de los reservistas que entrenan en el patio de la otrora mansión, hoy Casa de la Cultura del municipio 10 de Octubre.

Un enérgico oficial de las fuerzas armadas, a gritos, pretende que la tropa de hombres maduros y cebados por el exceso de carbohidratos, marchen a paso de ganso con uniformidad asiática. Pero ni a trancas.

"El estado mayor de las fuerzas armadas desea que el desfile por el 50 aniversario de la victoria de playa Girón, en cuanto a calidad y vistosidad, sea similar al efectuado por China el 1 de octubre de 2010", dice Miguel durante un receso.

Para que los toscos reservistas, poco diestros en ejercicios militares, vean lo que es una marcha marcial y uniforme, el oficial al frente del adiestramiento los montó en un camión ruso y los llevó a un teatro en el Vedado. Allí les mostró un documental donde la majestuosidad del ejército chino queda en evidencia.

Los reservistas quedaron anonadados con lo que vieron. "Vaya demostración de esos 'narras', todos eran del mismo tamaño y marchaban tan parejo que parecían una sola persona", exclama Diego, un miliciano con barriga de cervecero.

El oficial al frente de esta tropa de tipos que llegan fuera de hora y en sus cantimploras en vez de agua echan ron, pretende reformar la conducta del batallón a base de consignas patrióticas.

Los hombres, algunos de la tercera edad, escuchan atentamente y repiten hasta el cansancio las marchas, intentando imitar lo visto en el documental. Pero es imposible. El oficial pierde los estribos.

"Ni cojones. Si siguen comiendo pinga, los acuartelaré hasta el día del desfile. Pónganse pa' la cosa", dice con un vozarrón de trueno. La tropa calla. A la hora del rancho, se desperdigan por el amplio patio de la antigua residencia de los Condes de Párraga.

Con un pedazo de cartón por cuchara, se zampan el almuerzo de una sentada. Mientras comen, charlan de la nefasta temporada beisbolera de Industriales, y de los problemas dejados en casa. Luego vuelven a la carga. Tratan de marchar a paso de ganso, al igual que una formación china. Pero no dan para tanto.

 

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