Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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Juicio a Posada Carriles

Suerte de Chacumbele

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La testigo crucial contra Luis Posada Carriles, Ann Louise Bardach, acaba de puntualizar que viajó a Aruba el 18 de junio de 1998 para entrevistarlo, tras haber recibido por teléfono un mensaje del propio Posada Carrilles, escuchado también por Steve Engleberg, editor del New York Times (NYT), antes de autorizar la entrevista. Bardach voló con su esposo y el jefe del Buró del Caribe en el diario neoyorquino, Larry Rohter, a donde la aguardaba Posada Carilles, en bermuda y sandalias, para conceder una entrevista sin precedente.

A contrahílo del terrorismo clásico, que conjuga la propaganda de los hechos y el silencio de sus autores, Posada Carriles se aventuró a dar publicidad ex post facto a la campaña de bombazos en La Habana, que había empezado el 12 de abril de 1997 en la discoteca Aché (Hotel Meliá Cohíba) y concluido el 4 de septiembre de 1997, con la oncena explosión, en el restaurante La Bodeguita del Medio. La entrevista daría pie a la serie A Bombers Tale (NYT, 12-13 de julio de 1998). Según Bardach:

Posada Carriles confesó haber organizado la ola de bombazos de 1997 en hoteles, restaurantes y discotecas de Cuba.

  • Pasó desde El Salvador, el 25 de agosto de 1997, un fax manuscrito y firmado con su nom de guerre, Solo, que en el último párrafo puntualizaba: "Si no hay publicidad, el trabajo no es útil. Los periódicos americanos no publican nada que no haya sido confirmado. Necesito todos los datos de la discoteca…"
  • Aseveró que "nuestro trabajo es proveer inspiración y explosivos al pueblo cubano", y como lo hacía desde América Latina, contra objetivos dentro de Cuba, EE UU "no tenían autoridad sobre mí [porque] no soy ciudadano".
  • Luego de haber sido encarcelado en Panamá, por denuncia del propio Fidel Castro, el 17 de noviembre de 2000, y quedar en libertad por indulto de la presidenta saliente, Mireya Moscoso, el 26 de agosto de 2004, Posada Carriles solicitó asilo político el 13 de mayo de 2005 en EE UU. Así dejó que este país ganara autoridad sobre él y se colocó a una pedrada del FBI y las demás agencias federales, es decir: se jubiló como proveedor de explosivos. Lo que siguió implica haber quedado cesante como proveedor de inspiración a los cubanos dentro de la Isla, si es que alguna vez llegó a darla.
  • Desorden bipolar

Posada Carriles sucumbió a la tentación —inducida por allegados— de entrar ilegal y despreocupadamente a EE UU, a sabiendas de que la inteligencia castrista no le perdía pie ni pisada desde que, apenas a Cuban-born Venezuelan detective junto al Cuban terrorist-activist Dr. Orlando Bosch (The Miami Herald, octubre 16 de 1976, página 8-A), lo transfiguraron en "el Osama Bin Laden de Latinoamérica" por haberse escapado, el 18 de agosto de 1985, de la prisión de San Juan de los Morros (Guárico, Venezuela) antes de concluir la causa judicial por la voladura del DC-8 de Cubana de Aviación en Barbados. Bosch rehusó fugarse y terminaría saliendo en libertad, el 9 de agosto de 1987, por sentencia absolutoria.

Al preguntarle un juez de inmigración si estaba involucrado en solicitar a otros que metieran bombazos en La Habana, Posada Carriles contestó que no. Al repreguntársele si entonces no era cierto lo escrito por Bardach en NYT, respondió: "Estoy diciendo que eso no es cierto". Y a la pregunta de si había organizado la misión de Raúl Ernesto Cruz León con explosivos a Cuba en 1997, Posada repuso que nunca lo había visto ni había organizado nada para mandarlo a ningún lugar.

El 8 de marzo de 1999 Cruz León declaró ante tribunal cubano: "Mucho se ha dicho en la prensa sobre mi presunta relación con la extrema derecha cubano-americana junto al Sr. Posada Carriles, cosa esta que es totalmente incierta, lo que dije en mi declaración escrita y lo repito aquí, mi vínculo con estos hechos se reducen a mi única relación con el Sr. Francisco Chávez Abarca". Así que, efectivamente, Posada Carriles nunca vio a Cruz León, pero Castro supo arreglárselas para prender a Chávez Abarca y su confesión de haber servido como intermediario entre Posada Carriles y Cruz León tira la soga al cuello de Posada Carriles por simple regla de transitividad. De este modo Posada Carriles encaja dos cargos de perjurio que constituyen el núcleo duro del juicio, porque los restantes nueve cargos son lucecitas para escena:

  • Obstrucción de procedimientos, por entorpecer su propio trámite migratorio con respuestas evasivas o engañosas, omisiones y falsedades que llegaron al extremo de aseverar que no entendía inglés.
  • Fraude en trámite de naturalización, por asentar en el formulario de solicitud de ciudadanía americana que había cruzado la frontera terrestre con México, como si la inteligencia de Castro no hubiera sabido de antemano y avisado al diario Por Esto que el barco Santrina recogería a Posada Carriles en Isla Mujeres.
  • Siete falsos testimonios en el mismo trámite al decir que: 1) nunca estuvo en Cancún ni en Isla Mujeres; 2) nunca vio al Santrina ni 3) a Santiago Álvarez y los demás que venían en el barco; 4) entró a EE UU cerca de Brownsville (Tejas) y siguió a Houston; 5) de aquí viajó a Miami en un ómnibus de la línea Greyhound; 6) nunca tuvo pasaporte guatemalteco ni 7) usó otros alias que Ramón Medina y Franco Rodríguez.
  • Los cargos de perjurio (18 U.S.C. § 1621-1) se conminan con sanciones de hasta cinco años de cárcel o multa, o ambas. De probarse provocarían la inflexión dramática del juicio, que empezó "por mentiroso, no por terrorista" y terminaría colocando a Posada Carriles en la incómoda posición de terrorista mentiroso.

Desde luego que la defensa hace todo lo posible por sacarlo del mal paso en que se metió. Ya se había logrado que la jueza Kathleen Cardone suprimiera como prueba aquel fax comprometedor, pero el testimonio de Bardach tuvo mayor peso. Posada Carriles no sólo se dejó grabar por ella, sino que se arriesgó a entregarle tres páginas manuscritas, en las cuales planteó su juego estratégico así: He does not admit the bombs in the hotels but he does not deny either. [No admite las bombas en los hoteles, pero tampoco lo niega].

Al refugiarse en EE UU, como la inmensa mayoría de los cubanos en contra de Castro, Posada Carriles se metió en la boca del lobo judicial, que no admite su juego ambiguo, sino una de dos: inocente o culpable. Si es declarado culpable, Posada Carriles pierde de jure su guerra frente a Castro, que ya perdió de facto en tanto su campaña de bombazos no mató el turismo a Cuba, sino a un pobre turista en la isla. Y si es declarado inocente, esa campaña de bombazos que, según Bardach, Posada Carriles calificó de heroica, tendría que atribuirse a un soldado desconocido, porque nada tiene de heroico recurrir a torpes bombarderos centroamericanos por falta de cubanos dispuestos.

El problema ya no estriba en esa ausencia de heroísmo del lado anticastrista de la nación, sino de la falta de seriedad en ambos bandos. Antes Castro presentaba dobles agentes que revelaban planes de la CIA para poner un micrófono en el Palacio de la Revolución o volar algún polvorín. Ahora sale gente dizque reclutada por la CIA para conectarse a internet, oír radio por onda corta o aglutinar artistas a lo Robin en lugar de comandos a lo Batman.

Antes que continuar con dimes y diretes hay que rendirse a la evidencia. Más de medio siglo de castrismo parece suficiente para encomendar su desmontaje en Cuba a Dios (por medio de algún milagro) o a la Naturaleza (a través del efecto mariposa, vergi gratia: que un pescozón al secretario municipal del Partido en Mantua genere una revuelta contra Castro in crescendo hasta Baracoa). Para la condición humana quedaría tan sólo la opción cero: dar la Isla por perdida y concentrarse en neutralizar la colonización castrista del sur de la Florida.

Coda

Ya en EE UU, Posada Carriles accedió de nuevo a ser entrevistado por su "amiga Ana"*, mediante cuestionario fechado el primero de septiembre 2005. A la pregunta: "Pensando en su vida, ¿cuál fue el error  más grande?", Posada Carriles contestó: "He cometido muchos errores. No se cuál ha sido el más grande". Ahora puede eliminar esa incertidumbre escogiendo entre haber entrado como perro por su casa en EE UU o montado, con publicidad y todo, una campaña inútil de bombazos en La Habana.

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* Así dedicó Posada Carriles uno de sus lienzos, con tema de paisaje campestre cubano, a la periodista Ann Louise Bardach, quien también entrevistaría a Orlando Bosch.

 

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