Sábado, 16 de Diciembre de 2017
13:04 CET.
Polémica

Pacto de sangre

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1- Precisamente porque la historia que llega a los lectores es historiografía parece saludable aplicar al relato del pasado la misma regla del periodismo, que es el relato del presente: discernir entre hechos y opiniones e interpretaciones. Es puro convencionalismo (de mi parte) hacerlo con uno u otro término, pero dejaría historia sólo para los hechos (incluyendo sus derivaciones con arreglo a la lógica de los hechos mismos) para abroquelarme contra tanto forro que se cuela como interpretación sin traer causa de los hechos, sino de las predisposiciones y tomas de partido del ¿historiador o historiógrafo?

2- La polémica empezó en torno al liderazgo en la Guerra de los Diez Años. Nada tiene que ver que el Ejército Libertador se tiñera, y negros y mulatos llegaran a generales. Aquella guerra concluyó (es mera forma de decir) con el Pacto de Zanjón, que no fue negociado por ningún liderazgo racial, y prosiguió en agonía bajo otro liderazgo que tampoco tenía tal definición: blancos el presidente y general en jefe, mulato el jefe de Oriente, y negros y blancos los brigadieres de aquel departamento. ¿Y para qué vamos a hablar de pobres? Casi todos los hacendados que se alzaron ya estaban en quiebra (tengo la sospecha de que no lo hubieran hecho en caso contrario) o se empobrecieron durante la guerra.

Por lo demás, si vamos a estirar la guerra más allá del pacto, entonces no puede fijarse el final en abril 7 de 1878, porque la guerra siguió (incluso después de espantar Maceo para Jamaica) al punto que el gobierno colonial declaró oficialmente su cese el 7 de julio de 1868. Y aún continuaría en estertor, con Ramón Leocadio Bonachea, hasta abril 15 de 1879.

3- Está claro que el Pacto del Zanjón fue "manifestación de lo posible", pero tomarlo como acta de nacimiento de la "la sociedad civil legalizada" significa borrar que antes hubo también, en el régimen colonial, sociedad civil dentro de los marcos de la ley.

4- Y aquello tiene que ver mucho con la denuncia de Martí, porque se trata de reformas con las que se apeó Domingo Dulce para dar marco legal a la sociedad civil, siempre que no se pusiera en contra del poder colonial, es decir: las mismas libertades "posibles" que estableció el Pacto de Zanjón. Lo que no acabó de cristalizar (ni en el pacto ni después) fue la libertad civilizada de decir o hacer, siempre que no se causara daño a los demás, lo que el Estado no quisiera. Poner aquel pacto como causa distante de todo lo que vino después es la misma jugada teológica del primer motor o de que la revolución de Castro vino Martí mediante.

5- Me parece muy loable sacar de lo oscuro al Pacto del Zanjón, pero creo que no llama tanto la atención sobre la negociación y el diálogo, sino más bien da cuenta de cómo se llegó al diálogo y la negociación. Tuvieron que pasar diez años "de intolerancia, descalificaciones, repudios, tiros y machetazos". Y sentado que Castro ganó dos guerras civiles en sucesión e impuso los pactos sociales denominados Ley Fundamental (1959) y Constitución socialista (1976), reformados a su antojo, ¿qué lección podemos sacar de aquel pacto del cual nadie se acuerda? Que el vencedor impone sus reglas y el perdedor tiene que rendirse, como el Comité del Centro, o salir zangando, como Gómez y Maceo.

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