Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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VI Congreso del PCC

Sorpresas nos da el Congreso

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Este fin de semana los militantes comunistas del Distrito José Martí en Santiago de Cuba propusieron a Fidel Castro como delegado al VI Congreso del PCC. El hecho ocurrió durante una reunión de secretarios generales de núcleos del partido en la que los representantes del Segundo Frente propusieron también a Raúl Castro como delegado al magno evento.

Los dos militantes que leyeron ante el micrófono ambas iniciativas, un hombre y una mujer, hicieron referencia al privilegio, a la oportunidad, que se les había otorgado de poder proponer a estos altos dirigentes, develando con esta reverencia que la idea no surgió espontáneamente de la base, sino que vino de un nivel superior. Se me ocurre preguntar quién tiene la suficiente autoridad para determinar en cual provincia serían propuestos los hermanos Castro; puedo suponer que la decisión debe venir de una instancia nacional y hasta puedo sospechar que surgió en el mismísimo Buró Político, al que casualmente pertenecen los propuestos.

Muy significativo fue que quien propuso a Fidel Castro lo hizo mencionándolo enfáticamente como Primer Secretario del Comité Central, cosa que no se hacía desde el 31 de julio de 2006, cuando el máximo líder delegó en el hermano menor sus cargos de dirección.

También resulta llamativo que en la misma información se dejó caer una noticia tangencial: en la cita de abril será renovado el Comité Central del PCC.

Después de haber escuchado hasta el cansancio que el IV Congreso solo se concentraría en discutir los temas económicos esbozados en los 291 lineamientos ya conocidos y que lo referente a la vida interna de la organización se dejaría para la I Conferencia a celebrarse en este mismo año 2011, se nos da ahora la sorpresa de que no será así. Hay que recordar que la primera vez que se habló de la I Conferencia fue cuando Raúl Castro anunció la posposición del VI Congreso que todos esperaban para finales de 2009. En aquella ocasión, el menor de los Castro explicó que esta Conferencia se realizaría "de forma casi inmediata" y que allí se elegiría al nuevo Comité Central. Ahora todo queda al revés y nadie sabe exactamente de qué se ocupará la dichosa conferencia, si es que llega realmente a realizarse.

Nadie puede dilucidar los inescrutables designios de un poder que en medio siglo se ha caracterizado precisamente por su falta de transparencia, pero lo cierto es que se están desvaneciendo las ilusiones de aquellos que imaginaban que en el VI Congreso se produciría algún giro importante. El sueño de un Raúl Castro acomodado en la silla más alta de la mesa presidencial acelerando el paso hacia nuevos rumbos, será remplazado por una pesadilla: en el sitial de honor estará sentado Fidel Castro, reclamando la reelección a su puesto de Primer Secretario, con las manos firmes sobre el timón y el pie puesto sobre el pedal del freno.

A la larga nadie sabe qué será mejor para el futuro de Cuba, si dejarnos embaucar por la idea de que las cosas pudieran cambiar, o comprobar que todo quedará como hasta ahora.

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