Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Polémica

Volviendo al Pacto

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Haciendo uso del derecho de contrarréplica, aprovecho el artículo de Miguel Fernández-Díaz, Zanjar el Pacto, para volver sobre aquel hecho histórico que ha generado y seguirá generando interpretaciones contrapuestas. Con ese fin he seleccionado cuatro de los planteamientos contenidos en su réplica.

1- "Es curioso —dice Miguel— que una relectura del pasado arranque con la confusión entre historia e historiografía, al definirse la primera como "sucesión de hechos realizados primero e interpretados después". O peor, que todo el análisis se cobije bajo el paraguas semántico El Pacto de Zanjón, un hecho político, como si no lo fuera todo acuerdo entre bandos para poner fin a la guerra, id est: la continuación de la política a sangre y fuego".

La historia, entendida como sucesión de hechos realizados por los hombres, es objeto de interpretaciones posteriores, que también son realizadas por los hombres, por lo que uno y otro momento están impregnados del subjetivismo que los individuos imprimen a todas las acciones en que participan. Esa fue la idea que expuse en mi artículo anterior. Ahora, aunque no soy partidario de las discusiones academicistas, añado que la historia, tal como llega a los lectores, no es un reflejo absolutamente objetivo de lo ocurrido, sino el resultado de la interpretación. De ello se deriva que la historia que conocemos es una combinación de hechos e interpretaciones, aunque el colega Miguel lo califique de "confusión".

2- Más adelante, expresa: "La cosa sigue empeorando al considerarse 'hecho histórico indiscutible' que la Guerra de los Diez Años 'comenzó liderada por hacendados criollos blancos [y] terminó con el liderazgo de negros, mulatos y blancos pobres'. Aquella guerra terminó por acción del Comité Centro… tras disolverse el gobierno mambí".

Si estamos de acuerdo en que la guerra comenzó con el Grito de La Demajagua, tenemos que convenir en que: 1- se inició bajo la dirección de un grupo de hacendados blancos de Bayamo; 2- que la beligerancia se extendió hasta Las Villas para luego retroceder hasta la parte más oriental de la Isla; 3- que en su transcurso se fue tiñendo de negros y mulatos, que, iniciados como soldados, devinieron altos oficiales como Antonio Maceo, José Maceo, Jesús Rabí, Pedro Díaz Molina, Agustín Cebreco, Guillermón Moncada y Flor Crombet, lo que el historiador Jorge Ibarra, califica de "transformación del ejército insurgente de una fuerza de plantadores blancos en un ejército popular multirracial" y que Sergio Aguirre define como "una curva de profundización democrática que nace con el heroico hacendado Céspedes y termina con el más humilde, por su origen, de sus mayores generales"; 4- que esa guerra no terminó en las jurisdicciones del Centro el 10 de febrero, sino en Oriente el 7 de abril, cuando las fuerzas bajo el mando de Maceo, que abarcaban las jurisdicciones de Baracoa, Guantánamo, Sagua de Tánamo, Santiago de Cuba y la parte oriental de Holguín, cesaron los combates; una prueba de ello es que los delegados del Comité del Centro, cuando se dirigían al Departamento Oriental para informar de lo pactado, fueron testigos del desfile de los heridos del Batallón San Quintín, que acababa de ser diezmado por las fuerzas de Maceo. Es decir, que la guerra continuaba.

3- Dice Miguel que "La tesis que justifica el título es la conexión libresca de la política, como el arte de lo posible, con el Pacto del Zanjón, como "lo posible en aquel momento", ergo el Pacto del Zanjón fue algo político. Así se oscurece que, además de posible (por algo se firmó), aquel pacto vino forzado por la sencilla razón de que los mambises perdieron la guerra.

Lo que afirmé, y reafirmo, es que la firma del Pacto del Zanjón fue una manifestación práctica y consecuente de lo posible en aquel momento, y por tanto contiene enseñanzas válidas en materia de política. Aunque Miguel lo considere libresco, en política —ámbito de las relaciones de poder entre clases sociales, estados o sociedad y Estado—, cuando una de esas partes fracasa en la realización de sus propósitos por los medios políticos acude al uso de la fuerza, con el objetivo de derrotar al otro; lo que el teórico militar prusiano Kart Von Clausewitz, definió como "la continuación de la política por otros medios". Entonces, cuando la violencia fracasa y se regresa a las negociaciones, entramos de nuevo en el terreno de la política, donde cada parte trata de obtener, en esas condiciones, el mayor provecho. De ahí lo de arte de lo posible.

Lo anterior explica que al no obtenerse la independencia ni la abolición de la esclavitud, ni uno de los dos contendientes alcanzar la rendición del otro mediante la guerra, hubo que volver la mirada a la negociación, es decir, regresar a la política. Por eso el Pacto fue sencillamente una manifestación de lo posible. Lo acertado de esa decisión fue confirmado por la historia posterior: la liberación de los esclavos que tomaron parte en la guerra resultó un golpe de muerte para la esclavitud, mientras que de las libertades contenidas en las cláusulas del Pacto nació la sociedad civil legalizada.

4- Continúa Miguel: "Sin embargo, el despiste mayúsculo es colar aquel pacto en una relación de 'fundamento para todos los movimientos sociales posteriores', ya que habría concedido a los cubanos 'las libertades de prensa, de asociación y de reunión'. Siempre es bueno saber de qué se está hablando. El Pacto del Zanjón reconoció esas libertades en el mismo sentido denunciado por Martí: 'la dichosa libertad [que] permite que hable usted por los codos de cuanto se le antoje, menos de lo que pica; pero también permite que vaya usted al Juzgado o a la Fiscalía, y de la Fiscalía o el Juzgado lo zambullan a usted en el Morro, por lo que dijo o quiso decir' (El Diablo Cojuelo, enero 19 de 1869)".

La denuncia de Martí, citada para desbancar mi planteamiento, no sirve de argumento, pues la misma está referida a la Cuba de 1869, una década antes del escenario que emergió del Pacto del Zanjón.

Gracias a la amnistía contemplada en el Pacto y a la permisibilidad para que los exiliados regresaran a Cuba, José Martí, Juan Gualberto Gómez y Antonio Maceo pudieron pisar nuevamente tierra cubana ¿Y a qué vinieron? Martí, a establecer contactos, intervenir en debates, escribir en diarios y revistas, participar en la conspiración de la Guerra Chiquita, hasta ser deportado nuevamente. Maceo, a ponerse en contacto con viejos amigos de la guerra y con la "Juventud de la Acera", para preparar el movimiento en Occidente, en la medida que podía prepararse y realizar una labor idéntica en Oriente. Juan Gualberto, a luchar por la igualdad racial, a militar en clubes revolucionarios, a conspirar en la preparación de la Guerra Chiquita, donde conoció y trabó amistad con Martí, hasta ser deportado y al regresar en 1890 fundó la Fraternidad, donde publicó Por qué somos separatistas, por lo cual fue condenado a prisión. Sin embargo, haciendo uso de las libertades obtenidas y aprovechando la victoria judicial de los republicanos en España, mediante la que se declaró lícita la propaganda republicana sin imponerla por medios violentos, Juan Gualberto apeló la sanción y logró el falló a su favor. Gracias a ello pudo hacer propaganda independentista, sin llamar a la Guerra. El resultado habla por sí solo: cuando llegó a Cuba Gerardo Castellanos, enviado por Martí para preparar el nuevo alzamiento, ya existía en la Isla un movimiento organizado en varias provincias.

Además se crearon órganos de prensa, asociaciones económicas, culturales, fraternales, educacionales, de socorros mutuos, de instrucción y recreo, sindicatos y los primeros partidos políticos de Cuba. En 1879 se aprobó la Ley de Imprenta, en 1880 la Ley de Reuniones y en 1886 la Ley de Asociaciones, refrendadas por el artículo 13 de la Constitución Española, que entró en vigor desde 1878.

Por ejemplo, el Directorio de las Razas de Color, fundado en 1886, ya en 1892 agrupaba a 75 sociedades de toda la isla y en ese año celebró, durante una semana, una Convención en La Habana para discutir las aspiraciones de ese sector. Con independencia de la voluntad dictatorial del gobierno español, las libertades concedidas a Cuba fueron empleadas para la el reinicio de las lucha independentista en 1895. Luego los resultados de la contienda del 95 se reflejaron en la Constitución de 1901. Los derechos recogidos en esa constitución se ampliaron en la de 1940, que fue la base legal de todos los movimientos posteriores, hasta el asalto al Cuartel Moncada en 1953. Condiciones cívicas y políticas que hoy, a 132 años del Zanjón, constituyen una aspiración.

Los objetivos de este y del anterior análisis, amigo Miguel, son: 1- sacar al Pacto del Zanjón del lugar oscuro en que se ha tratado de colocar y demostrar que si la Protesta de Baraguá planteó la necesidad de continuar la lucha por la independencia, el Pacto del Zanjón la hizo posible y 2- llamar la atención acerca de la importancia que tienen la negociación y el diálogo en un escenario como el nuestro, impregnado de intolerancia, descalificaciones, repudios, tiros y machetazos.

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