Sábado, 16 de Diciembre de 2017
13:04 CET.
Opinión

Mitos y realidades de una rebelión en Cuba

Archivado en

El proceso de levantamientos populares que se ha venido sucediendo en algunos países del norte de África, y particularmente las enconadas protestas que han derribado a Hosni Mubarak en Egipto, traen a la palestra el caso de Cuba, y se ha disparado la esperanza de un número indeterminado de cubanos de la emigración que cree llegado el momento ("ahora o nunca") de convocar a un levantamiento popular pacífico en la Isla.

La propuesta inicial procede de dos cubanos residentes en Europa, quienes han lanzado una convocatoria a dicho alzamiento, cuya fecha de inicio sería presuntamente entre el 19 y el 26 de febrero, avisada vía Internet a través de las redes sociales (Facebook o Twitter). El revuelo que ha concitado esta propuesta en los medios interesados en la situación cubana anima a reflexionar en torno al tema, no ya sobre el hecho —en sí muy cuestionable— de promover desde el extranjero una sublevación (en teoría, pacífica) en Cuba, sino en aspectos esenciales que apuntan a lo fantasioso, y hasta irresponsable, de tal propuesta.

Basta tener en cuenta el misérrimo acceso a Internet de los cubanos y las magras redes sociales existentes para comprender la imposibilidad de que el supuesto inicio de la liberación democrática sea por vía virtual. Y éste sería apenas el primer escollo. Obviando esa nimia circunstancia (me refiero a nuestra orfandad informática) y suponiendo gentilmente que llegara una "orden de alzamiento", aunque fuera a la antigua, enrollada dentro de un tabaco, habría que mirar de cara la realidad cubana, y entonces podríamos asegurar que tampoco tendría éxito alguno. No es que en Cuba falten condiciones reales para que se produzca un estallido social: la persistencia de una dictadura que detenta el poder hace más de 50 años; la crisis económica permanente como resultado del fracaso del sistema impuesto; la pérdida de fe en el gobierno; la incertidumbre ante un futuro potencialmente devastador; una población cuya mayoría sobrevive en el equilibrio precario entre la pobreza y la miseria, el 70% de la cual nació después de 1959 y no siente compromiso alguno con la generación "histórica"; y un extendido etcétera que casi todos conocemos, son factores más que suficientes. Paradójicamente, en nuestra Isla no se ha producido una manifestación de protesta generalizada debido a condiciones que no existen y que resultan determinantes. Algunas de ellas son:

- No contamos con organizaciones de la sociedad civil independiente capaces de coordinar un alzamiento de tal naturaleza.

- El pueblo, desconocedor hasta de sus escuálidos derechos y generalmente apático, está indefenso ante la maquinaria represora de un régimen entrenado en la resistencia para retener el poder, poseedor de un eficiente aparato represivo, de los medios masivos de difusión y experimentado en tergiversar los hechos. Por esto, no existe un vehículo que permita tejer a corto plazo una red ciudadana capaz de paralizar el país y obligar al gobierno, no digamos a la renuncia, sino siquiera a la negociación en busca de un pacto. Esto es tan cierto, que todavía permanecen en prisión casi una decena de los presos políticos que, en virtud del compromiso gubernamental, debieron quedar en libertad desde noviembre último.

- Al contrario de lo que sucede en Egipto, por citar el ejemplo más conspicuo, en Cuba no se conoce un programa opositor que pueda presentar resistencia efectiva  al gobierno (traducida esta resistencia en acciones positivas). Los partidos de oposición de nuestro país, en caso de un levantamiento, no pueden ofrecer al pueblo las garantías mínimas de orden social ni las propuestas de pactos que contemplen los intereses más generales para impulsar un cambio hacia la democracia.

- El pueblo, en su gran mayoría, no conoce los partidos de oposición, a sus miembros ni a sus plataformas (en los casos que las tengan), como tampoco el trabajo de los periodistas independientes y de los blogueros ha logrado difundirse suficientemente en la Isla como para determinar en la opinión de "las masas". No por gusto el gobierno mantiene un férreo monopolio sobre los medios.

- No existe siquiera un paquete de reclamos populares, debidamente estructurado o al menos arraigado en el espectro social, que logre reunir a una amplia masa de sectores sociales diferentes dispuestos a enfrentar las consecuencias de una rebelión, supuestamente pacífica.

Atendiendo a otras consideraciones, lo más probable en nuestro caso es que las filas de los "alzados" se nutrirían de una parte de los opositores y disidentes en general, quienes representan al limitado sector realmente determinado a enfrentar a las autoridades, lo que daría al gobierno una oportunidad dorada para encerrarlos —bajo cualquier cargo de nuestras ambiguas "leyes"— y así debilitar los focos de resistencia al interior del país. Sería un golpe demoledor para la incipiente sociedad civil independiente en un momento en que crecen los sectores inconformes de la población, comienza a surgir un consenso popular espontáneo sobre la necesidad de los cambios y empieza a formarse el caldo de cultivo necesario para orientar esos sentimientos de frustración e insatisfacción en pro de conquistas democráticas.

Podríamos citar otras muchas circunstancias que atentan contra el éxito de este controvertido alzamiento "pacífico", como es el rencor largamente acumulado en la sociedad, fruto de las políticas de diferenciación, vigilancia mutua, delación y desconfianza entre los ciudadanos, que ha sembrado sistemáticamente este régimen a lo largo de medio siglo. Una revuelta popular, sin fuerzas cívicas reconocidas o medios que controlen llamando al orden (como felizmente sí los tuvo, por ejemplo, el proceso polaco y hasta el rumano), con seguridad desembocaría en actos de violencia, ajustes de cuenta, saqueos y destrucción.

No quiere decir todo esto que en Cuba no sea posible un estallido social. Lamentablemente la realidad indica que el país se encamina hacia un peligroso punto de choque. Ya se han estado produciendo algunos focos de rebeldía en regiones puntuales, primeras señales prácticas del estado de malestar general que deberá agravarse a medida que se cumpla el plan gubernamental de despidos, la supresión de "subsidios" y otras carencias que ya se avizoran en el panorama a mediano-corto plazo. Tampoco es casual que el gobierno esté preparando intensamente fuerzas antimotines, equipadas con nuevos armamentos y técnicas recientemente adquiridas.

Es vital insistir en la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos. Es preciso seguir presionando sobre las grietas del régimen, establecer puentes con los sectores más favorables a los cambios organizados, sacar ventaja de las debilidades del sistema y procurar ampliar en todo lo posible los espacios cívicos, porque sin ciudadanos ningún cambio democrático en Cuba será posible ni permanente. Alguien dijo una vez, magistralmente, que en las guerras solo hay perdedores. Habría que añadir que en los diálogos y en las negociaciones solo hay ganadores.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.