Lunes, 18 de Diciembre de 2017
22:49 CET.
Opinión

¡Qué venga el cable!

La noticia de que ya está en camino el cable de fibra óptica que enlazará a Cuba con Venezuela  ha despertado numerosas expectativas. ¿Podremos contratar unservicio de internet en nuestras casas? ¿Se abaratará el preció de la conexión en los hoteles? ¿Mejorará la velocidad? Ya aprendimos, con la restringida aparición de internet en la isla, que el más mínimo resquicio puede ser aprovechado.

No importa que la voluntad política se mantenga inmóvil en el campo de la libertad de expresión. Si la base material que facilita ejercer ese derecho aumenta, la libertad se expande. Esa es la fórmula que hemos descubierto. Prueba de su cumplimiento es que hoy circula mucha más información entre los ciudadanoscubanos que en los 45 años comprendidos entre 1960 y 2005, y no porque se haya proclamado alguna ley del gobierno que lo permita, ni porque se haya declarado algún tipo de glásnost, sino porque ciertos objetos, como los reproductores de DVD, las computadoras, las cámaras y grabadoras digitales, las antenas parabólicas (prohibidas pero existentes), los memory  flash, los teléfonos celulares y otros artilugios más, han contribuido a erosionar en el último lustro el monopolio partidista-estatal sobre la información y la opinión.

La óptica pesimista ve en el cable una mayor oportunidad para que la propaganda oficial aumente su influencia, pero  allí entra a jugar otro elemento de la ecuación, que se expresa en la carencia de argumentos y en la imposibilidad de mostrar resultados veraces y tangibles. Los nuevos kilobytes que tendrán a su servicio no podrán ser ocupados con alguna verdad incontestable sobre el sistema, hasta ahora desconocida por falta de espacio en la red. Como en esos estantes del mercado en pesos convertibles, donde cada vez hay menos cosas que vender, los nuevos muebles solo pueden ser ocupados por los mismos productos, colocados uno detrás de otro con alucinante monotonía. Del lobo, un pelo, dice el refrán. Nosotros afirmamos: Del cable, apenas un hilito, por donde escaparán las verdades secuestradas, las opiniones amordazadas que se agolpan tras los muros de la censura.

Por otra parte, la llegada a Playita Siboney en Santiago de Cuba del extremo cubano de la fibra óptica pondrá fin al argumento preferido por nuestros gobernantes para limitar el uso de la red. ¿Dónde van a ampliar las conexiones que no terminen filtrándose hacia usos alternativos? Y no hablo solamente de la blogósfera ciudadana, muchas veces contestataria. Es el e-mail de los parientes de afuera, la búsqueda de una beca, de un trabajo en el extranjero; la página web que anuncia una paladar, un hospedaje particular, la compra a través del sitio Revolico, el acceso a servicios de noticias... En fin, las nuevas plumas que le crecen a las alas y que hacen más obsoleta y cruel la rigidez de la jaula.

Qué venga el cable, ya verán ustedes como nos las arreglamos para acceder a él, para pincharlo o aunque sea morderlo y lo mejor de todo, quedarnos con él para el futuro.

 

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