Domingo, 17 de Diciembre de 2017
21:59 CET.
Reformas Económicas

Los límites del socialismo

En las últimas semanas de 2010 y las primeras de 2011, muchos cubanos han convertido sus portales, jardines y garajes en cafeterías-timbiriches. También proliferan los pequeños restaurantes familiares conocidos como "paladares". El entusiasmo inicial con que la gente ha acogido la "apertura" oficial de reformas, dirigidas —al menos según las autoridades— a una "renovación del modelo" socialista, demuestra la naturaleza emprendedora de los ciudadanos, en abierto contraste con el conservadurismo del gobierno.

El igualitarismo ramplón, rezago del viejo discurso de justicia social que nos homologó en la pobreza y que mutiló la iniciativa individual, está siendo desmontado a regañadientes por sus propios creadores. El catecismo de la escolástica revolucionaria, con sus componentes morales de sacrificio y austeridad como valores supremos de pureza, pasa de moda.

La redefinición de las estrategias y el abandono de la economía estrictamente centralizada por parte del gobierno, trae implícito el reconocimiento del fracaso del modelo seguido hasta ahora. Las nuevas medidas, contrarias a las pautas político-ideológicas establecidas durante décadas, y aunque imperfectas, atemporales y casi tan obsoletas como el sistema mismo, propician unas iniciativas individuales que a la larga podrían contribuir a quebrar el inmovilismo social.

Trabas

Entre tanto, el gobierno impone trabas a sus propias reformas, acotando de manera absurda las capacidades productivas de la gente. Basta detenerse en algunas de estas acotaciones para descubrir las contradicciones entre la necesidad de paliar la crisis y el temor por parte de los gobernantes a perder el control. El riesgo es tangible: un individuo que se independiza del Estado deja de ser esclavo para convertirse en ciudadano. Los dictadores temen el poder de los ciudadanos. Y aquí empieza el sistema de frenos tecnocráticos, tan ineficaz como insostenible.

En un restaurante familiar, por ejemplo, se permite un máximo de veinte sillas. Esta disposición está encaminada a evitar "el enriquecimiento" que conduciría al surgimiento de una clase media independiente y no comprometida con el gobierno. Ello supondría el fin del sistema tal como se implantó. El socialismo, pues, comenzaría a desmoronarse a partir de la silla 21.

Esto se comprobó en los restaurantes del Barrio Chino, enmascarados tras el velo de "legalidad" de las diferentes sociedades de ese origen y regentados por activos servidores del régimen —muchos de ellos antiguos (o actuales) miembros de la Seguridad del Estado—, en los que la incontenible acumulación de sillas que obliga a los comensales a estar casi uno sobre otro ha propiciado que allí se esfumara el socialismo de los Castro y en su lugar se haya venido entronizando un capitalismo feroz.

Otro control inaudito es el establecimiento de impuestos fijos en lugar de implementar un sistema que grave sobre los ingresos. En el caso de la renta de habitaciones, el propietario de la vivienda debe abonar una cantidad fija cada mes, con independencia de que tenga o no huéspedes. Tomando en cuenta que toda la inversión, los riesgos y el trabajo corren por cuenta de los particulares sin perjuicio del Estado y sin préstamos bancarios, ¿a qué responde una medida tan leonina? Evidentemente, a evitar que los particulares tengan ganancias "excesivas" que den al traste con el socialismo.

Al parecer, el modelo es más frágil de lo que aparentaba si para sostenerse requiere de un estado de pobreza permanente, lo que explica que Cuba sea el único país en el cual un individuo que invierte su capital y trabaja, debería velar por no enriquecerse.

Desempleo

Un factor de gran importancia en el futuro mediato es la ola de desempleos. Los pequeños negocios familiares y las escasas cooperativas no serán capaces de absorber ni siquiera en un porcentaje representativo la masa crítica de 1 millón 300 mil desempleados del Estado que habrá para 2012. La alta tasa de impuestos, la competencia como componente natural del proceso, la ausencia de un mercado mayorista para los inversores y la paulatina disminución del poder adquisitivo de importantes sectores sociales —muchos de los cuales pierden con sus empleos también las fuentes "alternativas" de ingreso—, irán enrareciendo el panorama social y afectarán a su vez los negocios particulares.

Le guste o no, el gobierno tendrá que modificar las actuales medidas para favorecer el flujo económico al interior de Cuba y prevenir el peligro de tensiones sociales; seguramente, para ello, se verá obligado a mover los límites. Es así que deberá abrir espacio a las libertades ciudadanas e independizar la economía de la ideología. Las medidas gubernamentales han llegado tarde, insuficientes e incompletas, pero pudieran ser la fisura necesaria para un paso importante. Es obvio que la vocación improvisadora del régimen procurará enmendar lentamente y sobre la marcha algunos detalles mínimos, tratando de retener lo más posible su poder; pero quizás ya comienzan a llegar los tiempos en que los cubanos seremos quienes realmente pongan los límites.

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