Lunes, 18 de Diciembre de 2017
19:04 CET.
158 aniversario del natalicio de Martí

Hablemos de Martí

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Los aniversarios de figuras que marcaron nuestra historia y que hoy conservan su vigencia constituyen una excelente oportunidad para volver sobre sus ideas. Ese es el caso del 158 aniversario del natalicio de José Martí, que en esta oportunidad coincide con el inicio de los cambios que el gobierno introduce en la economía y que mas tarde o más temprano tendrán que ser generalizados a todas las esferas sociales.

José Julián Martí Pérez, hijo de una familia de limitada instrucción, gracias a su sensibilidad e inteligencia, al amor de la madre y la rectitud del padre, y a sus relaciones con el director de la Escuela de Varones de La Habana, Rafael María de Mendive, devino historiador, poeta, literato, orador, maestro, periodista y el político cubano de más alta talla.

Sin embargo, a pesar de la cantidad de páginas escritas sobre él, sus ideas esenciales apenas se divulgan. El haberle atribuido la autoría intelectual del asalto al cuartel Moncada y situarlo junto al marxismo como fundamento del proceso que condujo a un sistema totalitario, ha provocado que algunos cubanos, especialmente los más jóvenes, manifiesten rechazo a esa desnaturalización de su figura. De ahí la importancia de llamar la atención sobre aspectos sencillos pero raigales de su obra, válidos para el presente. Con ese fin, adelanto ocho de ellos.

- Su humanismo, al colocar al hombre como principio y fin de su obra libertaria; al soñar con que la primera Ley de la República fuera la dignidad plena del hombre, la cual es imposible sin las libertades que le sirven de sustento. Un humanismo expresado en el amor al prójimo que, como Jesús, incluía a sus propios enemigos y cuya mejor prueba consiste en que, a pesar del trato inhumano recibido en el presidio político, nunca expresó odio a España; o que a la vez que era enemigo del expansionismo norteamericano, era un ferviente admirador de la cultura de ese país y de su pueblo. De ese humanismo emana su ética, que en su accionar político constituyó un elemento distintivo expresado en su dimensión humana y en la correspondencia entre pensamiento y acción.

- Su profunda capacidad de análisis, gracias a la cual realizó un estudio crítico de los errores cometidos en la guerra de los diez años y demostró que aquella contienda no la ganó España sino que la perdió Cuba. De ese estudio derivó un sistema de principios que incluye: la revolución como forma de la evolución, el papel de la política y su carácter democrático y participativo, la inclusión de todos los componentes en el análisis de los fenómenos sociales, la unión de los diversos factores, y el tiempo en la política. En ese sistema están los cimientos de una teoría de la revolución que incluye la función de la guerra necesaria y el papel del Partido.

- Su férrea oposición al caudillismo, que lo llevó a negar su participación en el Plan Gómez-Maceo en 1884, de lo cual dejó constancia en carta al Generalísimo: "Un pueblo no se funda General, como se manda un campamento"; una idea tan sencilla como esencial, cuya consecuencia se manifestó a lo largo de la "guerra grande" y quedó recogida en su Diario de Campaña, 14 días antes de su muerte: "…Maceo tiene otro pensamiento de gobierno, una junta de los generales con mando, por sus representantes —y una Secretaría General: —la patria, pues, y todos los oficios de ella, que crea y anima al ejército, como secretaría del ejército". Idea que había repetido una y otra vez, como en abril de 1894, cuando expresó: "Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia". Ideas que deben incorporarse sin dilación a los actuales textos de enseñanza.

- Su concepción del Partido Revolucionario Cubano (PRC), como institución organizadora, controladora y creadora de conciencia para dirigir la guerra que habría de traer la República, "no para dominar y prohibir la existencia de partidos diferentes después del triunfo, no para trabajar por el predominio, actual o venidero de clase alguna; sino por la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en la Isla y en el extranjero". Para, como quedó recogido en las Bases del PRC, "fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud". E insistía en que "era una idea lo que hay que llevar a Cuba, no una persona". Pensamientos totalmente ajenos al sistema de partido único instalado actualmente en el país.

- Su concepción de la República, concebida como forma y estación de destino, a diferencia de la Guerra y del Partido, concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella. Una república como "estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, que implicaba el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre".

- Su ideario de Patria, a la que concebía como "comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, dulcísima y consoladora de amores y esperanzas". Una aspiración condensada en las siguientes palabras escritas en Maestros ambulantes: "Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y de la luz", y "La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos".

- Su enemistad con la violencia, a pesar de haberla sufrido en carne propia. En mayo de 1883 escribió: "…Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa… Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz".

- Su rechazo al socialismo de Estado, del cual dejó constancia en La futura esclavitud, donde planteó que "los pobres que se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia"; que "al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera"; que "como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio". Y que "De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo". 

Como los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetir una y otra vez los errores del pasado y Cuba en materia política ha regresado al siglo XIX, tenemos que convenir que el pensamiento político martiano continúa vigente, pues estamos detenidos en el tiempo en que a él le tocó vivir. La república con todos y para el bien de todos es materia pendiente. Una vez fracasado el modelo de socialismo totalitario, excluyente por naturaleza, el pensamiento martiano, síntesis de amor, virtud y civismo, constituye un legado que no podemos despreciar.

 

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