Lunes, 18 de Diciembre de 2017
09:34 CET.
Opinión

Miami en vilo: Posada y Los Cinco

A poco de comenzar el juicio a Posada Carriles en El Paso (Tejas), la Alianza Martiana Inc., que preside Max Lesnick, alquiló por 1.500 dólares mensuales una valla publicitaria en el Magic Casino de Miami. Allí montaron propaganda gráfica a favor de la liberación de los cinco espías penitentes de la Red Avispa, con ánimo de reforzar la noción castrista de que los procesos judiciales contra Los Cinco (terminado) y Posada Carriles (en curso) se vinculan indefectiblemente, ya que aquellos se habrían infiltrado en Estados Unidos para vigilar a terroristas como éste.

Vigilantes de la bandería contraria protestaron enseguida y consiguieron que retiraran la imagen de propaganda política, por no ajustarse a las normas de anuncio publicitario. La valla salió en la primera plana de Granma y Lesnick subió a la tribuna digital Cubadebate para tachar a Miami de "ciudad del odio y la intolerancia". Esta doble tacha se enfila contra la condena de Los Cinco (por odio, no por justicia) y el retiro de la valla (por intolerancia, contra la libertad de expresión).

Las avispas

Tachar de injusta la condena a Los Cinco por espionaje es otro avatar del insulto al sentido común que supone descartar como espías a agentes de inteligencia de un Estado extranjero, infiltrados en otro sin su previo consentimiento. La agitación y propaganda castristas esgrimen que la Red Avispa no causaba daño a EE UU, sino que protegía a Cuba de sus exiliados terroristas (o terroristas exiliados). Nadie se llame a engaño: el Título 18 § 794 del Código Federal de EE UU considera espías, como cualquier otro código con mínimo sentido de la seguridad estatal, a quienes procuran información de defensa nacional para ser usada to the injury of the United Status or to the advantage of a foreign nation. Tal y como pregona el propio Castro, sus "avispas" se infiltraron en EE UU para beneficio de Cuba. Así que, de entrada, son espías.

Los agitadores y propagandistas de Castro agregan que sus "avispas" no pasaron información sobre defensa nacional, como si la conspiración para espiar exigiera que el espionaje en sí se hubiera consumado. Quedó probado en juicio que la Red Avispa no había podido dar con información clasificada, pero sus agentes estaban al acecho. Castro y sus alabarderos esconden que al menos nueve "avispas" colaboraron con el FBI y redondearon el caso.

Los agentes Mario (Joseph Santos) y Julia (Amarilys Silverio), por ejemplo, confesaron que tenían la misión de infiltrarse en el Comando Sur. Se podría reargüir que, por colaborar con la fiscalía, dijeron lo que convenía, pero un mensaje del 24 de octubre de 1997 de la Dirección de Inteligencia castrista a su oficial Ramón Vilariño (Alan u Oso) puntualizaba que "la penetración del Comando Sur es la primera prioridad [y] el primer vicejefe del departamento será el encargado de revisar el estado de la operación mensualmente". Así que la condena por espionaje no es injusta.

La valla

Tildar de intolerancia a la libertad de expresión que se retire una imagen de propaganda política castrista "en el corazón de Miami", ilustra la espléndida confusión de Lesnick y demás voceros del castrismo. La valla se retiró como consecuencia de la acción de Vigilia Mambisa, que goza del mismo grado de libertad de expresión que la corporación Alianza Martiana Inc. No hubo intervención alguna del poder estatal, que es la referencia clave para enzarzarse en discusiones sobre falta de libertades.

Si en el corazón de La Habana se hubiera montado la imagen gráfica de los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate asesinados a cohetazos el 24 de febrero de 1996, la policía política se hubiera encargado de tumbarla, apresar a todos los implicados y empapelarlos por Propaganda Enemiga. Por el contrario, Lesnick y su alianza pueden buscar con entera libertad otro lugar donde montar su tenducha en el mercado de ideas de Miami. Lo que sucedió es que la valla no vende el género de mensajes tolerado por la gente, como no se toleran los mensajes de algunos analistas políticos de la radio y televisión de Miami y deben irse con su música a otra parte por baja audiencia.

La intolerancia en Miami aflora sin CDR movilizador en cada cuadra ni guía política de único Partido, pero es tan bajo el perfil de intolerancia que Lesnick y otros viajan a La Habana, reciben instrucciones del coronel Carlos El Gallo Zamora (disfrazado de Director de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior) y regresan a Miami para cumplirlas en calidad de "voces alternativas" del exilio.

No hay diferencia de principio entre la propaganda de estos "volantes" orales, que vienen de La Habana a Miami en aviones charter autorizados por Castro, y la propaganda de los volantes escritos que lanzaban las avionetas de Hermanos al Rescate sobre La Habana. La diferencia estriba en que estas últimas no lo hacían legalmente, pero las propias leyes de Castro califican tal acción como delitos de Entrada Ilegal en el Territorio Nacional y Propaganda Enemiga. Ninguno lleva pena de muerte. La intolerancia castrista de derribar alevosamente dos avionetas de Hermanos al Rescate, para colmo en el espacio aéreo internacional, no tiene parangón.

El otro avión

Entretanto la bandería de Castro montó en El Paso el tinglado de juicio simbólico para sentenciar a Posada Carriles con deportación a Venezuela, donde enfrentaría los cargos pendientes por la voladura del avión cubano en Barbados. No se entiende bien cómo abogan por extraditar a Posada Carriles a Venezuela, donde la agitpro chavista no cesa de culparlo por el crimen de Barbados, y a la vez aleguen, para impugnar el juicio a Los Cinco en Miami, que "si el debido proceso significa algo, es garantizar que el gobierno no pueda montar una campaña de propaganda que asuma la culpabilidad del acusado ni atarlo a décadas de tensiones internacional [ni] atizar las pasiones de la comunidad a la vez que procesa penalmente al acusado" (Moción presentada por los abogados de Gerardo Hernández, página 74).

La bandería de Castro tendrá que conformarse, porque al parecer Posada Carriles terminará siendo condenado "por mentiroso, no por terrorista". Y por esto último no podrían juzgarlo imparcialmente ni en Cuba ni en Venezuela, sino en EE UU, donde pueden escogerse jurados que no saben nada del caso del avión cubano en Barbados.

A este respecto tampoco saben nada quienes echan a rodar, por la prensa y la blogosfera, pasajes como este: "Cuando vivían en Caracas, Posada Carriles y su amigo Orlando Bosch fueron acusados, por el Gobierno del entonces presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, de organizar el atentado. Ambos fueron juzgados pero absueltos por un tribunal militar. La decisión del tribunal fue anulada pero, en el ínterin, los dos escaparon de la cárcel. Posada huyó a Centroamérica y Bosch a Estados Unidos, donde fue condenado y, posteriormente recibió un perdón presidencial por parte de George H. W. Bush".

Bosch nunca escapó de la cárcel. Luego de anularse el fallo del tribunal militar y pasar el caso a la judicatura penal ordinaria, Posada Carriles se fugó antes de dictarse su sentencia, pero Bosch salió de nuevo absuelto y quedó en libertad. Esperó a que el fallo absolutorio ganara firmeza y entonces viajó a EE UU. Aquí fue detenido por haber violado, al salir clandestinamente del país a mediados de 1974, su libertad condicional, que había sido otorgada hacia 1972 en el caso del cañonazo, el 16 de septiembre de 1968, a un barco polaco fondeado en el puerto de Miami. Tras su regreso a EE UU, Bosch no fue condenado ni recibió perdón presidencial de Busch padre: encaró deportación por aquella violación y el presidente ordenó pararla.

Así que la ignorancia supina sigue campeando por sus respetos, junto al ciego partidismo, en el abordaje periodístico del avión DC-8 que el 6 de octubre de 1976 cumplía el vuelo 455 de Cubana de Aviación. Al parecer debe prevenirse que la campaña de bombazos en La Habana, del 12 de abril al 4 de septiembre de 1997, corra igual suerte.

Tribulaciones de Posada Carriles

Luego de entrar despreocupadamente en EE UU a mediados de mayo de 2005, Posada Carriles mintió tanto en trámites de inmigración y naturalización que, con arreglo al tecnicismo jurídico, encara hoy dos cargos de perjurio, uno de obstrucción de procedimientos, uno de fraude y siete de falso testimonio. Pero sólo los cargos de perjurio (18 U.S.C. § 1621-1) tienen salsita, y no porque lleven condena de multa o prisión de hasta cinco años, o ambas. Lo que importa es que, de probarse, acreditarían con fallo judicial, en vez de con alardes propagandísticos, que Posada Carriles estuvo involucrado en la campaña de bombazos en La Habana.

Al preguntársele bajo juramento si lo estaba, Posada dijo no. Al repreguntársele si entonces no eran ciertos los comentarios al respecto de la periodista Ann Louise Bardach (The New York Times), Posada respondió: "Estoy diciendo que eso no es cierto". Luego le preguntaron si había tenido que ver algo con que Raúl [Ernesto] Cruz León llevara explosivos a Cuba en 1997 y Posada contestó que nunca lo había visto ni había organizado nada para mandarlo a ningún lugar. Bardach tiene parque suficiente para desmentir a Posada Carriles, porque fue él quien la llamó para darle una entrevista en Aruba, el 18 de junio de 1998, por apremio estratégico de añadir publicidad a los bombazos en La Habana y poner así en crisis la industria del turismo en Cuba. Por el contrario, Cruz León no era buen testigo de cargo hasta que apresaron sorpresivamente a Francisco Chávez Abarca en Caracas, el primero de julio de 2010.

El 8 de marzo de 1999 Cruz León declaró en juicio ante un tribunal cubano: "Mucho se ha dicho en la prensa sobre mi presunta relación con la extrema derecha cubanoamericana junto al Sr. Posada Carriles, cosa esta que es totalmente incierta, lo que dije en mi declaración escrita y lo repito aquí, mi vinculo con estos hechos se reducen a mi única relación con el Sr. Francisco Chávez Abarca". La captura de Chávez Abarca vino a cerrar el cuadro: si fue a través de él que Posada Carriles propició la acción de Cruz León en La Habana, única con saldo fatal, no importa que Posada Carriles jamás lo haya visto ni hablado con él.

Por si fuera poco, Orlando Bosch aseveró el 16 de agosto de 2006 al diario barcelonés La Vanguardia: "No hace tanto, unos 10 años, hubo atentados en hoteles de La Habana… Eso lo hizo Luis Posada. Pagó a un salvadoreño. A un centroamericano. Con el hambre que tienen, le das 100 dólares y hacen cualquier cosa".

Coda

En documento desclasificado que data del 21 de julio de 1966, el oficial de control de Posada Carriles en la CIA, Grover T. Lythcott, refirió que su agente (A/15) trabajaba con entrega por el derrocamiento de Castro, pero no era individuo de boom and bang, sino persona en contra de acciones mal planificadas o realizadas con demasiado entusiasmo. La bandería de Castro soltó ya que la CIA se equivocaba, pero más bien parece ser que Posada Carriles abandonó esa tesitura al separarse de la CIA, porque (sin entrar en la voladura del avión de Barbados) los bombazos en La Habana (1997) y la tentativa de atentado a Castro en Panamá (2000) son muestras ejemplares de tales acciones. A no ser que, detrás de estos hechos, esté la CIA.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.