Sábado, 16 de Diciembre de 2017
01:31 CET.
Clima

La Isla se congela

Archivado en

Comenzó por lo más caro, un Planchao, 200 mililitros de ron a 36 grados de alcohol. Vale 1 CUC en el tenderete más cercano. Zampado. Luego un Chispaetrén, 700 mililitros de ron rebajado, tal vez a 30 grados. Veinte pesos en el alambique clandestino de alguien. Embuchado. Ahora, por la garganta de Quique Tijeras pasa el último recurso: una infusión hirviente de hojas de naranjo, pero "el frío no se quita", masculla frotándose las manos en un rincón de su casa en Santa Fe, una localidad en el borde del Golfo, donde el salitre revienta las cabillas, oxida los cuchillos y alebresta el apetito. Mantiene dos jarros con agua hirviendo. No son para tomar un baño, sirven de estufa.

Este tapicero de 77 años es uno de los millones de cubanos que desde junio no ha dejado de cruzar los dedos. Así conjuró los seis meses de temporada ciclónica —"si pasa uno por aquí me vuela el techo"— y ahora lo hace para que la ola de frío se disipe lo más pronto posible.

Su vida se mueve entre incertidumbres. Son climáticas, pero también económicas. "Todavía no sé si siga con el negocito. El baro (dinero) está perdido", dice. Los insumos han encarecido. Últimamente, pocos contratan sus servicios.

Termómetros en competencia

Ha sido un cruel debut invernal, una semana en que los récord de bajas temperaturas no dejaron de superarse como en un torneo de neveras ambiciosas. Primero fueron 31 marcas absolutas, después nueve más. Una escalada que tuvo su apogeo en el 1,9 grados Celsius de la ciudad de Matanzas.

"Había trocitos de escarcha en el jardín", exclamó un habitante de esa urbe. Hacía más de veinte años que un frío parecido no se registraba en la Isla (2,8 grados en 1989).

En los pueblos satélites de la capital, las temperaturas descendieron a entre dos y tres grados. La estación meteorológica de Casablanca, en una de las laderas de la Bahía habanera, punteó 12,1 grados Celsius.

"Rubiera dice que esto sigue y ya los mandados se acabaron", dijo un joven albañil para resaltar los límites de las provisiones. Su frase aludía al pronóstico del doctor José Rubiera, la cara visible de los aciertos y fracasos del Instituto de Meteorología, años atrás popularmente llamado de "mentirología", por lo errático de los partes.

Los "mandados" son los contados productos de la cartilla de racionamiento, que apenas alcanzan para un tercio de mes y que la reforma económica en curso pretende llevarse en la golilla.

Con soltura, el albañil repara una cerca en la avenida Línea, del Vedado, a unos centenares de metros del mar. En su rostro, cenizo por el frío, hay avidez por calentarse de cualquier modo. Chupa una colilla que está a punto de quemarle los labios. El café se acabó.

El viento sopla fuerte y pueden verse las olas rompiendo violentamente sobre el muro del Malecón. Una cortina espumosa se suspende por segundos. De cara al océano, las postas cubanas de la Oficina de Intereses de Estados Unidos exhiben una rara danza pendular. Otros dan salticos dentro de las garitas. Apenas muestran sus rostros. Han encajado las gorras verdeolivo hasta las orejas.

Rosa L. ha recorrido las tiendas de La Habana en busca de una manta. "Volaron", es la única palabra que tiene para describir su fiasco en conseguir un cobertor por cerca de 10 CUC, casi su mensualidad de oficinista de un registro civil.

Pan y leche: la pareja del momento

Un duro invierno sería otra mala noticia para el gobierno. Está envuelto en una temida dinámica reformista de difícil pronóstico con la que intenta evitar "el precipicio de la revolución", como admitió hace unas semanas el propio general Raúl Castro, y consensuar un delicado nuevo pacto social en medio de una crisis de confianza sin precedentes.

El frío espolea el consumo de calorías y se desatan presiones en los mercados. El pasado año, por estas fechas, las panaderías habaneras colapsaron ante un pico de consumo. Ahora, sin ser generalizado, se sabe de desabastecimientos y largas filas.

"Me dicen que no volverán a sacar pan hasta mañana temprano", se queja una indignada señora a la salida de una panadería cuyo servicio supuestamente es de 24 horas. "Debían quitar el cartelito", dice.

La situación se agrava con el advenimiento de nuevas cafeterías particulares, cuyos dueños compran de madrugada centenares de unidades a precio de mercado negro. Un peso por cada panecillo de 80 gramos.

Para ayudar a solventar la crisis panadera, Rusia donó a principios de año unas cien mil toneladas de trigo. El primer envío arribó en marzo pasado, pero no se han tenido noticias de ningún otro.

En noviembre, la prensa informó de la instalación de dos modernas plantas para el procesamiento de la harina de trigo, lo cual permitiría prescindir de la compra de ese renglón en el mercado internacional para 2011. Actualmente, el país invierte unos 100 mil dólares en la adquisición de harina de trigo.

Pero el pan no es el único ausente. La leche, que sólo se distribuye a niños menores de siete años y a enfermos mediante estrictas dietas médicas, ingresó nuevamente en el club de los desaparecidos.

Un hombre que exhibía una bolsa del producto, y que fue seguido discretamente por DDC, resultó interpelado cinco veces en un recorrido de apenas 200 metros por personas ansiosas de ubicar la posible fuente del lácteo.

El paquete de un kilogramo se comercializa en las tiendas en divisa a 5,25 CUC, más de la cuarta parte del salario promedio, y no lo hay. En el mercado sumergido, igual cantidad de leche se cotiza a 2,50 o 3,00 CUC, con tendencia al alza. Es un trofeo encontrarla ahora mismo.

Cuba  pretende autoabastecerse mediante nuevos incentivos a los productores privados y la reorganización distributiva. La meta sólo se ve con prismáticos. La Isla todavía importa anualmente entre 30.000 y 35.000 toneladas de leche en polvo, que representan más de 100 millones de dólares.

La falta de alimentos adecuados junto a las frías temperaturas y la negligencia institucional provocaron un hecho tan trágico como inédito en el invierno anterior. Cobraron la vida de 26 pacientes del hospital psiquiátrico de La Habana. Entonces, los termómetros se detuvieron en 3,6 grados Celsius.

El gobierno prometió una investigación a fondo y el peso de la ley para los responsables. Hasta ahora, ni media palabra del caso.

Así lo recordaban dos jóvenes que viajaban de madrugada hacia Alamar, en el este de la ciudad. A la salida del túnel, corrieron a cerrar las ventanillas del ómnibus semivacío.  "Nos ahogamos de frío", gritaron.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.