Domingo, 17 de Diciembre de 2017
15:08 CET.
Sociedad

Capacidad de sacrificio, incapacidad para juzgar

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Una reciente revelación del sitio Wikileaks ha destapado conversaciones entre diplomáticos acreditados en Cuba donde se hacen sombríos pronósticos sobre el futuro de la Isla, especialmente debido a los previsibles descalabros económicos. Estas especulaciones no son nuevas, me atrevería a decir que tienen un carácter cíclico y también que nunca aciertan en sus conclusiones aunque partan de presupuestos acertados.

No pretendo aquí descubrir "por donde le entra el agua al coco" ni dar la explicación definitiva del por qué de la perdurabilidad, contra todo pronóstico, del actual modelo social imperante en Cuba. Me voy a limitar a mencionar una de las fuentes de error de los análisis que han dictaminado con fecha fija "el ocaso del castrismo".

A manera de parábola: Un veguero pinareño que produce tabaco para capa se asomó un día a mi balcón y mirando el sembrado de tomate que un vecino tiene en su patio me dijo: "Dile a ese señor que en esas condiciones no tendrá resultados. Los tomates que allí se logren no alcanzarán ni para un pomo de puré". Basándose en sus profundos conocimientos y en su extensa experiencia, el veguero me explicó muchas cosas sobre las consecuencias de irrigar vegetales con agua clorada de la ciudad, la imperiosa necesidad de proteger el cultivo de los insectos y muchos detalles más que no menciono para no abrumar a los lectores. Han pasado más de dos años y mi vecino Felipe sigue cultivando y vendiendo tomates a la gente del barrio, indiferente a los consejos del hombre que provee de envoltura al mejor tabaco del mundo, para la gente más rica del planeta.

La moraleja que puede desprenderse de este ejemplo es que los que ponen muy alto el listón para calcular las exigencias de sus clientes, no están capacitados para entender cómo ocurren las cosas cuando el destinatario de lo que se produce pertenece a ese tipo de persona que nunca se ha comido un tomate decente ni se ha fumado un tabaco de exportación.

Cuando se analiza el tema cubano se está en presencia de un entorno donde los cálculos gubernamentales para planificar la producción y los servicios se hacen a partir de un factor extraeconómico que, en términos metafóricos, se expresa como "la infinita capacidad de sacrificio del pueblo". Por eso, hasta el día de hoy, las empresas socialistas no se declaran en quiebra. Por eso Cuba fue hasta hace poco una potencia deportiva mundial, aunque para ello hubiera que sancionar a los boxeadores que sacaban de la villa de entrenamiento una bolsa de yogurt para sus hijos. Por eso somos uno de los países que más médicos envía al tercer mundo, aunque la lista de espera para una operación de la vesícula se convierta en una agonía y haya que suspender el servicio en una clínica estomatológica porque no hay papel de estraza para envolver los instrumentos en el esterilizador.

Esos diplomáticos que calculan el inminente desastre provienen en su mayoría de naciones donde los obreros se lanzan a la huelga cuando se pretende prolongar la edad de jubilación y los estudiantes incendian ómnibus porque el precio del transporte público se eleva en unos centavos. Ellos nunca podrán entender cómo es posible que después de dejar sin trabajo a medio millón de personas la plaza se llene de gente el primero de mayo cantando aquel himno que en una de sus estrofas dice: "¿Qué importa el sacrificio para el trabajador? Unidos venceremos a cualquier agresor".

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