Jueves, 14 de Diciembre de 2017
18:19 CET.
Editorial

El reto de la Unión Europea

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La Unión Europea ha encomendado a su máxima diplomática, la baronesa británica Catherine Ashton, explorar vías de diálogo con La Habana. El diálogo es un instrumento eficaz en la resolución de conflictos, pero no un resultado en sí.

Es lógico que las autoridades europeas consideren no sólo poder ejercer su influencia sobre la situación cubana, sino incluso ser testigos de una solución a mediano plazo.

Sin embargo, no existe ningún elemento que indique un cambio de rumbo en La Habana, y sí una clara estrategia encaminada a ganar tiempo. Todos los presos políticos excarcelados en los últimos meses han sido deportados, se fragua una operación de limpieza política para expulsar del país a otros disidentes, y las reformas económicas anunciadas, lejos de pretender el desarrollo de una clase media independiente del Estado, apuntan únicamente a fomentar una precaria red de subsistencia. La lista de actividades autorizadas y la nueva ley tributaria dan fe de la verdadera naturaleza del "cambio".

¿Qué ha visto entonces la UE en Cuba?

Los elementos positivos señalados por los gobiernos comunitarios no han sido desencadenados por la voluntad política del régimen, sino por la presión interna. La Habana intenta fabricar oportunidades sobre sus propias debilidades, y la UE está obligada a reparar en lo que constituyen algo más que síntomas: no hay cambios en las leyes represivas, y el discurso amenazante de las autoridades frente a cualquier disidencia se mantiene igual. La historia cubana más reciente demuestra cómo el régimen se comporta frente a sus compromisos. No hay más que ver el resultado de los Pactos de Derechos Humanos de la ONU, firmados en 2008, nunca ratificados y jamás cumplidos.

La política europea deberá abrirse paso, sabiendo incluso lo difícil de lidiar con una dictadura. Es necesario explorar la voluntad de los Castro, y solamente luego modificar la Posición Común o acordar un documento bilateral.

Ashton ha de cumplir, de forma pública y transparente, el mandato de los ministros de Exteriores. Si la UE deja a un lado la candidez y juega de veras a la política, serán las acciones del régimen las que hablen por sí solas sobre el futuro de la Posición Común.

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