Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.
Reformas Económicas

Frankenstein a la carta

Las cosas son así: En un año, el Estado socialista despedirá a la cuarta parte de sus trabajadores. Más menos en ese término de tiempo, un capitalismo salido de sus faldas deberá absorber la mitad de los parados, montando a la carrera una plataforma productiva y de servicios dependiente del propio Estado, a su vez endeudado, falto de liquidez y a merced de los vaivenes de la economía mundial, incluyendo el embargo financiero de Washington.

Bajo una retina policial, esa iniciativa privada recibirá de su patrono una castración impositiva que deberá mantenerla en una adolescencia acumulativa tal, que no aspire a una adultez independiente y reivindicativa. ¿Respirará la criatura o está condenada antes de nacer?

Sin atender a los costos políticos que tal estrategia contiene —muchos y formidables— pocos expertos se atreven a responder de modo categórico. A priori, no condenan el experimento, pero a cambio ofrecen juicios sumamente inquietantes para sus patrocinadores. “Si la lista de tipos de licencias permitidas se ampliara y se crearan nuevas facilidades, entonces se podría llegar a absorber el medio millón de desempleados estatales, si bien cuesta trabajo pensar que ello pueda lograse en el período de un año”, vaticinan los economistas Pavel Vidal Alejandro y Omar Everleny Pérez Villanueva.

Para ambos investigadores, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, de la Universidad de La Habana, “la política económica se encuentra actualmente ante un dilema similar al de los años 90, pero en condiciones diferentes”. De acuerdo con su enfoque, hace dos décadas la sociedad financió el abultado déficit fiscal con sus parcos salarios, que de la noche a la mañana se volatilizaban. Ahora, como es imposible retrotraer la historia, lo harán enfrentando la destrucción del mercado laboral y reescribiendo un nuevo pacto social —si eso es posible— en términos aún no precisados por el poder, que hasta ahora pagaba simbólicas mensualidades a cambio de esfuerzos simulados.

“La otra diferencia es que la economía no resiste más distorsiones entre empleo y productividad después de tantos años acumulándose las consecuencias del ajuste pospuesto. Si no se sale definitivamente del círculo vicioso entre bajos salarios y baja productividad, la economía nunca podrá emprender un crecimiento sostenido”, sentencian.

La tesis de ambos expertos es una cura de caballo. No queda claro si la administración de Raúl Castro está dispuesta a llevar el ajuste hasta las últimas consecuencias, con la escasa protección del paraguas chino o del venezolano —en dificultades políticas y económicas—, o si calibrará cada paso en espera de reacciones internas.

Según un artículo de la revista católica Palabra Nueva, el dilema no puede ser entre "'capitalismo' y 'socialismo', trampa preferida de inmovilistas y fariseos de la política", sino entre "lo que funciona y lo que no funciona" para "preservar los beneficios logrados en estos años y eliminar las políticas contraproducentes".

Pero, ¿qué funcionará?

Boris Moreno, máster en Ciencias Económicas, opina que uno de los lastres es “la estructura muy poco dinámica de las exportaciones cubanas, que siempre ha sido un cuello de botella para financiar la capacidad de importar del país”. El experto adiciona más contratiempos: la disfuncionalidad de la economía planificada que hace que “el modelo sea ineficiente, aislado del exterior, incapaz de generar divisas, con una agricultura atrasada y una industria con niveles muy bajos de eficiencia e incapaz de potenciar las capacidades empresariales”.

La izquierda se escandaliza

En un artículo titulado ¿A dónde va Cuba? ¿Hacia el Capitalismo o al Socialismo?, Jorge Martin, de la Corriente Marxista Internacional, asegura que tales medidas “amenazan con incrementar la desigualdad, desarrollar la acumulación de capital privado, minando seriamente la economía planificada e iniciando un proceso muy poderoso hacia la restauración del capitalismo”.

Martin, quien se muestra pendular en su análisis —de hecho admite que “una economía planificada no necesita nacionalizar todo, hasta la última peluquería”, concluye que la estrategia no admite inocencias y aúpa la clásica dicotomía sistémica.

Se abrirá un abismo entre el sector privado y el público. En una situación donde el Estado no es apto para producir bienes manufacturados de calidad, el sector privado intentará crecer a expensas del sector estatal. En otras palabras, los elementos capitalistas crecerán y los elementos socialistas se replegarán. La idea de que el Estado puede mantener a los capitalistas bajo control es utópica. “En la medida en que el sector privado se vuelva más fuerte, los elementos del mercado se afianzarán más”, escribe Martin y remata: “Dos corrientes contradictorias y mutuamente excluyentes existirán hombro a hombro. Tarde o temprano una de ellas prevalecerá. ¿Cuál?".

El propio autor no regala especulaciones. “Prevalecerá aquel sector que logre atraer mayor inversión productiva y, bajo esta premisa, logre desarrollar un nivel mayor de productividad laboral y mayor eficacia”.

“La clave reside en quién dirigirá esta obligada transición; si la burocracia o la clase obrera con organizaciones independientes. Ese es el sentido concreto del reclamo por la libertad de asociación y organización política y gremial de los trabajadores cubanos, cuyas organizaciones están expropiadas por la burocracia”, dispara, por su parte,  Matías Villar, quien escribe para Prensa Obrera Digital.

De acuerdo con Villar, la actual política de ajuste “en tal magnitud supone un inédito cuadro de tensión social e incertidumbre” todavía más si pensamos en el destino de las reformas soviéticas. “El estímulo a las cooperativas, que podrían operar como subcontratistas de las empresas estatales, se asemeja a la experiencia de la ex URSS en el período gorbachoviano, cuando éstas fueron el canal de acumulación de capital de la burocracia, que al mismo tiempo vaciaba el parque estatal”.

En el caso cubano, tales cooperativas son de hecho una forma de penetración del llamado oro de Miami, ávido por implicarse en el tejido empresarial de la Isla, que, pese a la paranoia oficial, se las ha agenciado para montar no pocos negocios informales.

“Si llevamos prácticamente cincuenta años con este problema, ¿cuál es la urgencia que nos obliga a tratar de resolverlo en seis meses con métodos sin fundamentación técnica alguna?, se pregunta el doctor en ciencias sociales Lázaro González, residente en la Isla, al abordar la dramática destrucción del mercado laboral.

El experto acusó de “puro voluntarismo” dicho proceso, calificó de erróneo cualquier balance de cargas y capacidades laborales por falta de estudios concienzudos y adujo que los despidos provocarán “malestar, bolas e incertidumbre”.

Mientras, el ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo, ha lanzado una carnada, diciendo que la llamada actualización del modelo económico podría elevar los salarios en el corto plazo.

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