Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
02:18 CET.
Sociedad

La hora del Delegado

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Su casa está en un segundo piso. Medianamente lujosa y bien amueblada, los ventanales altos la hacen ver más fresca en medio del sopor del verano. En el portal, ante el cartel de "Aquí vive el Delegado", conversan varios vecinos. La gestión del Delegado debería ser una traducción de los problemas del barrio ante la gobernación municipal, pero algunas muestras tomadas al azar dicen lo contrario: o son meros "lleva y trae" de la política de base (anquilosada, hierática), o están tan agobiados por las mismas dificultades que sus electores y no pueden ver la marea donde deberían nadar hacia el horizonte.

¿Dónde se desploma la figura del Delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular? En la arrancada, claro está. Pero, ¿cómo es que sus electores empiezan a descreer de él al otro día de resultar elegido? ¿Por qué legislar una disfuncionalidad institucional?

El carrito loco de la política doméstica

El oficio de "lleva y trae", la misión de recadero entre el barrio y la Asamblea, es la primera muerte del Delegado, supuestamente investido de poderes por sus vecinos. La típica imagen de un hombrecito o mujer común ataviados con una carpeta de quejas y lamentos, de propuestas de soluciones, que luego viene a desilusionarlos con una directiva u orden circular salida del primer buró del Gobierno municipal, es parte de la sepultura que un Delegado comienza a cavarse ante quienes lo aplauden por abulia o por miedo a dar la nota alta.

La escena de un grupo de vecinos esperando un martes en la noche para entrevistarse con su delegado es cada vez más escasa. Las sesiones de entrevista de este gobernador liliputiense se hacen una caricatura que pasa fácil de la risa a la mueca de hastío.

Un salidero en el acueducto, la necesidad de dos bolsos de cemento para reparar un muro, el consultorio médico que no abre hace dos semanas, los recolectores de desechos públicos que no pasan hace un mes…, son los reclamos que recibe esta pieza humana, interpuesta ante la gente común por la maquinaria diabólica del socialismo.

Nuevos aires resuenan ya. Las noticias habaneras de que un puñado de disidentes ha pedido la libertad de movimiento por el país, y que se cumpla el derecho a la entrada o salida del territorio nacional sin el sacrosanto permiso de un funcionario castrense y sus dependencias reservadas a tres candados, parecen ser el detonante final del Delegado en Cuba.

¿Y si un día funciona, compay?

Dos mujeres en Santiago de Cuba exigen a esta disminuida autoridad que interceda por ellas, pues la policía política se ha llevado a su sobrino casi adolescente y "tenemos  miedo de que le pase algo", dicen estas dos hermanas, votantes de dicho Delegado, quien baja la cabeza.

Más al oriente, el gobierno municipal de Guantánamo amanece flanqueado por una decena de opositores y familiares de tres detenidos. ¿La causa?: los policías se han llevado a los hombres sin un permiso, sin enseñar orden de detención. Los familiares reclaman a los diputados para que intercedan ante los oficiales, que se saben impunes.

¿Será que algunos se cansaron de pedir mejoras en el grumo de pan diario? ¿Habrán elegido exigir por algunas promesas de libertad y dignidad antes de protestar por una cañería rota o la tardanza de la cuota de racionamiento?

Este mensajero de los gobiernos municipales, ¿está listo para la avalancha que se le viene encima? ¿Estamos ante su final o ante su crecida definitiva? Ahora el Delegado se enfrenta a lo que todo luchador exige en la vida: un escenario libre, una contraparte limpia.

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