Martes, 12 de Diciembre de 2017
16:14 CET.
Opinión

Las contradicciones del Comandante

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En su más reciente entrevista, aparecida en la revista estadounidense The Atlantic, Fidel Castro afirmó que el modelo cubano no funcionaba ni en Cuba. Luego, ante el revuelo causado, el comandante se desdijo y expresó que había sido mal interpretado: en realidad había querido decir que el modelo capitalista era el que no funcionaba.

Algunos interpretan el gazapo de Castro como un lapsus verbal, otros dicen que fue un intento de respaldar por adelantado las reformas económicas anunciadas recientemente por su hermano Raúl. No faltan quienes afirman que se trata simplemente de un episodio de demencia senil.

Pero si se deja a un lado toda especulación y se analiza la trayectoria del personaje, la mentira, la manipulación de los hechos, las decisiones disparatadas y las contradicciones que han plagado su vida pública quedan a la luz. De ahí que no resulte sorprendente que, en el ocaso de su carrera, Castro diga una cosa hoy y mañana afirme lo contrario con total desfachatez.

Tomemos, por ejemplo, su descripción de la República antes y después del triunfo revolucionario.

¿Cuál república era aquella?

En octubre de 1968, en un discurso por el centenario del Grito de Yara en el que tergiversa la historia de Cuba para legitimar su régimen, Castro describe la república prerrevolucionaria del siguiente modo:

"¿Qué república era aquella que ni siquiera el derecho al trabajo del hombre estaba garantizado? [APLAUSOS.] ¿Qué república era aquella donde no ya el pan de la cultura, tan esencial al hombre, sino el pan de la justicia, la posibilidad de la salud frente a la enfermedad, a la epidemia, no estaban garantizados? ¿Qué república era aquella que no brindaba a los hijos del pueblo —que dio cientos de miles de vidas, pero que dio cientos de miles de vidas cuando aquella población de verdaderos cubanos no llegaba a un millón; pueblo que se inmoló en singular holocausto— la menor oportunidad? ¿Qué república era aquella donde el hombre no tenía siquiera garantizado el derecho al trabajo, el derecho a ganarse el pan en aquella tierra tantas veces regada con sangre de patriotas? Y nos pretendían vender aquello como república, nos pretendían brindar aquello como Estado justo".

Quince años antes, en octubre de 1953, durante su alegato titulado La historia me absolverá, para destacar la inconstitucionalidad del régimen de Fulgencio Batista y justificar el asalto al Cuartel Moncada, Castro describía de un modo muy distinto aquella república que a él le tocó vivir y que ya había destruido en 1968:

"Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tenía derecho a ello. Lo habían engañado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Creía ciegamente que éste no podría volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada; sentía una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrevería a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democráticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo veía cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro…"

¿Por qué no funciona el modelo cubano?

La pregunta clave que no hizo el reportero de The Atlantic, y que ninguno de los Castro puede responder, es la de por qué el modelo cubano no funciona.

La respuesta evidente está en la descripción objetiva del estado de cosas en la actual república socialista cubana, donde la supuesta garantía del derecho al trabajo no está complementada por el derecho a la propiedad privada de los medios de producción y al libre comercio, lo que impide que las fuerzas productivas del país puedan prosperar y desarrollarse libremente y hace que las personas se vean forzadas a delinquir para poder intercambiar en el mercado negro los bienes y servicios que el Estado totalitario, dueño ilegítimo de todo, no puede proveer.

Se podría concluir, pues, que el modelo cubano no funciona porque coarta la libertad económica, le niega al trabajador el derecho a la propiedad del fruto de su labor, obliga a delinquir a la población para poder subsistir y frustra la posibilidad de que los cubanos puedan ascender por su propio esfuerzo y sin ataduras políticas en la escala social, "privilegio" al que sólo pueden aspirar los miembros de la corrupta nomenclatura oficial.

Asimismo, el modelo no funciona porque supuestamente garantiza el acceso a la educación, pero controla el pensamiento y las actividades de la población por medio del adoctrinamiento ideológico, el monopolio de los medios de comunicación, el terror sicológico y la represión arbitraria contra sus adversarios políticos.

Dicho de otro modo, y parafraseando la descripción de Castro: 57 años después de La historia me absolverá Cuba tiene su Constitución y sus leyes socialistas, pero estas les niegan sus libertades a los cubanos. El país tiene Presidente, Congreso y tribunales, pero no existe la separación de poderes y el sistema carece de chequeos y balances que impidan el abuso de poder por parte de los gobernantes, de ahí que nadie pueda reunirse, asociarse, hablar ni escribir con entera libertad.

El gobierno, cuyo modelo no funciona según el propio Castro, evidentemente no satisface a los cubanos, pero los cubanos, que antes podíamos, ahora no podemos cambiarlo porque ya no existe una opinión pública donde los problemas de interés colectivo sean discutidos libremente; no hay partidos políticos de oposición reconocidos que posibiliten la alternancia en el poder; no hay emisoras radiales independientes, programas polémicos de televisión no estatales, actos públicos de la sociedad civil.

Los cubanos tenemos derecho a ser felices. Ahora más que nunca, deseamos un cambio, una mejora, un avance. Aunque esto no parezca cerca, nuestra esperanza sigue estando en el futuro, que por suerte, ya no pertenece por entero al socialismo.

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