Lunes, 18 de Diciembre de 2017
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Sociedad

Estampas de miedo

"Incendiamos vehículos, derribamos postes eléctricos, interrumpimos el tráfico de la Carretera Central, trasladamos armas y explosivos, quemamos ómnibus y el carro del correo, prendimos fuego al Instituto de Segunda Enseñanza…".

¡Tranquilos! La ristra de crímenes no es atributo de un terrorista de estos tiempos. El testimonio pertenece a Reinaldo Almanza Nápoles, coronel retirado de la Fuerzas Armadas, publicado bajo el título de Yo combatí con Camilo en el Periódico 26, de Las Tunas, el viernes 28 de octubre de 2005.

Acción y sabotaje se llamó al brazo armado de la guerrilla en las ciudades. Los hechos narrados por el coronel Almanza ocurrieron en 1958, en la ciudad de Ciego de Ávila. Así se hizo la revolución. "Eran necesarios unos meses de terror para acabar con el terror que había durado siglos. En Cuba hacen falta muchos Robespierre", había escrito Fidel Castro el 23 de mayo de 1954.

La fábrica del miedo

"En Cuba, la única fábrica existente es la del miedo; la de fusilar, encarcelar y desterrar. Quedó inaugurada el primero de enero de 1959 y no ha parado hasta hoy, aunque convengamos que data del 10 de marzo de 1952, cuando al pasar sobre la Constitución de 1940 —a la cual sin dilación debíamos retrotraernos— Fulgencio Batista proporcionó a Fidel Castro la arcilla para construir una dictadura jamás vista en esta Isla", dice un prestigioso jurista.

"En 388 años de colonialismo español, 128 gobernadores rigieron los destinos de Cuba. Esto es, poco más de tres años y tres meses para cada gobierno. Y eso que se trataba de una colonia. Compárese con el período de la llamada revolución, en la que un solo hombre, o una diarquía, ha gobernado por más de 51 años", dice a DIARIO DE CUBA un historiador, apuntando un dato significativo: "Nunca como en este medio siglo ha habido tantas cárceles en Cuba".

Este agosto, en pleno proceso de excarcelación de los prisioneros de la Primavera Negra de 2003, según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, fueron más las personas encarceladas que las excarceladas. Por hacer uso del derecho a la libre expresión, cinco ciudadanos fueron detenidos en Baracoa y otros tres en Ciudad de La Habana. Aunque liberados luego ante reclamos internacionales, tal libertad no debe llamar a engaño.

"Incriminar el delito político encausando a los acusados por 'desórdenes públicos' es congruente para en el presente y el futuro inmediato reprimir los delitos contrarrevolucionarios", declara un fiscal, solicitando el anonimato.

Pero no se trata solamente de incriminar penalmente a los opositores del régimen o a quienes disienten, sino de acosarlos en su vida privada, eliminándoles hasta los más elementales derechos.

"Con toda coherencia, digo que la universidad cubana es para los revolucionarios", afirmó el ministro de Educación, Miguel Díaz Canel, el lunes 6 de septiembre a la televisión estatal, recalentando el viejo axioma.

Más allá de invalidar estudios de Agronomía, la preferencia política en Cuba impide incluso cultivar un campo abandonado. Según el Decreto Ley 259 sobre la entrega de tierras estatales ociosas, para conseguir una parcela en usufructo es requisito indeclinable integrarse a una cooperativa de la gubernamental Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP).

Al rescindir el usufructo de cuatro hectáreas de terreno baldío, concedido a un agricultor considerado disidente, en la Resolución 118 de 2010, el delegado provincial de Agricultura en Las Tunas, Alexis Velásquez, resolvió: "La indudable causa por la que no se incorporó a la ANAP es porque nunca ha tenido voluntad personal de cumplir con esa obligación legal, lo que no es permisible aléguese lo que se alegue".

El apartado 2 del Artículo 20 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación, y el Artículo 6, ordinal 1, del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, reconoce el derecho a trabajar, que comprende el derecho de toda persona a ganarse la vida mediante un trabajo libremente escogido.

Más policía, menos ganado

Parecería que en Cuba violentar los derechos de los ciudadanos constituye para las autoridades todo un deporte. "Los que integran el gobierno se hicieron del poder por métodos violentos. Durante más de medio siglo lo han conservado por ese proceder y resulta una gran tontería creer que en lo adelante optarán por métodos pacíficos, cuando en realidad, envejecidos y sin el imprescindible relevo generacional, se están atrincherando en la intolerancia. Ese es un cuento viejo. Ahora me viene a la mente aquello de la rectificación de errores y tendencias negativas. En Cuba no existe socialismo, sino un totalitarismo rancio. ¿Usted dice que le han negado cuatro hectáreas de terreno a un disidente en Las Tunas? Bueno, en Cuba hay millones de hectáreas abandonadas, pero del poco más de un millón que han entregado en usufructo, el 46%, esto es 543.840 hectáreas, están sin producir", dice a DIARIO DE CUBA un sociólogo, autor de ensayos sobre conciencia nacional y manipulación de las multitudes.

A la labor de la emergente sociedad civil, se suma un creciente descontento y escepticismo popular, abonado por las conocidas carencias y las recientes medidas gubernamentales.

La apatía en la sociedad actual ya es notoria a todos los niveles. Mientras se exige a los campesinos producir más, semanas atrás las cámaras de la televisión mostraban cómo cientos de miles de plátanos se podrían en los almacenes. Lástima que a esas cámaras se les tenga prohibido enfocar las mansiones, los despachos y los automóviles de quienes prohíben una agricultura y un comercio libre, los verdaderos culpables de tantos esfuerzos baldíos.

"Yo en Cuba lo único que he recibido son malos tratos desde que llegué. Me trataron mal en el aeropuerto y de la Policía sólo he recibido incompetencia. Nadie ha sabido decirme ni cómo encontrarme con el cónsul. Escriba de mí", dice la ciudadana venezolana Dalila Margarita Puentes Barreto, víctima de un robo con fuerza mientras se encontraba en Las Tunas.

La Aduana y la Policía son puestos bien remunerados. A pesar de eso, también en ellos repercute el disenso involuntario contra el que es imposible emplear el Código Penal, aún en su versión enmascarada de hacer pasar por transgresiones comunes las de connotación política.

En lugar de estimular la cría de ganado y de incrementar los pastos, el régimen optó por penalizar el sacrificio de reses, aumentar el sueldo a los policías y construir cárceles en lugar de establos.

Miles de hombres fueron a prisión por hurto y sacrificio de ganado. Esos hombres no cuentan como presos políticos, pero en realidad son prisioneros de conciencia. Son ladrones, incuestionablemente, pero antes de sancionarlos a penas equivalentes al homicidio, los jueces debían preguntarse qué los llevó a delinquir.

Sin libertad económica no existe libertad política. Quienes llevan las riendas en Cuba deberían acabar de comprender que los miedos, en todo caso, engendran gente sumisa, jamás una sociedad creadora. Pero la sumisión tiene un límite y al cabo la gente comienza a actuar por su cuenta. Sabido es que la anarquía es tan perniciosa como la intolerancia, como archiconocido resulta que, en Cuba, al robo se le llama "resolver".

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