Domingo, 4 de Diciembre de 2016
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Educación

Escuelas primarias, laboratorio político

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“Los textos escolares están plagados de consignas políticas que en nada ayudan a los niños”, dice quien ha preferido llamarse Rubén para hablar con DIARIO DE CUBA.

Frente a él, sobre la mesa del comedor, hay un montón de libros a la espera de ser protegidos con forros de colores y trozos de nylon. Rubén y su esposa se afanan en ponerles el mejor acabado. Es septiembre y ha comenzado el curso escolar. Los libros de texto todavía no les cuestan un centavo como padres que son, pero al igual que ellos, hay muchos cuyo deseo es que “no les metan tanto veneno a los chicos en la escuela”.

La doctrina que oscurece y mata

El sistema de enseñanza primaria en Cuba comprende dos ciclos, de pre-escolar a cuarto, y de quinto a sexto grado. En ambos, los textos de Lengua Española, El mundo en que vivimos y las tele-clases de Inglés, así como los de otras asignaturas, tienen un alto contenido político.

“Los niños —agrega Rubén— se ven obligados a aprender a leer con consignas revolucionarias y alusiones a la guerra, a Playa Girón y al Moncada; es decir, están recordando la muerte todo el tiempo, y eso no es bueno para nadie”.

En los libros de Lengua Española, los temas de aprendizaje están ligados a figuras centrales de la revolución, como Fidel Castro y el Che Guevara. En el libro de segundo grado, se incluye una viñeta que rememora a Lenin y su labor de fundador de la Unión Soviética.

El pasado 13 de agosto, día del natalicio de Fidel Castro, el periódico Granma publicó una nota de beneplácito por lo logrado a favor del nuevo curso escolar. La noticia menciona los cerca de millón y medio de libros de textos fabricados en una Empresa Gráfica de Villa Clara. Según el escrito, los mismos serán distribuidos, sin costo alguno para los alumnos, en la totalidad de los municipios del país. Cuando se revisa el balance temático de algunos de dichos textos, puede observarse la reiteración de temas como el de la granjita Siboney (donde Castro y sus hombres acamparon antes de asaltar el Moncada), el combate de Playa Girón, los “cinco héroes”, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y otros nombres y fechas posteriores a 1959.

Como Rubén, Maritza, que sí es opositora al régimen, dice que a veces no puede hacer nada: “Eso es lo que les evalúan en clase, y si tú te pones a contradecirlos en casa, entonces se les forma un enredo tremendo en la cabeza, y a esa edad…”.

A una edad tan temprana, cuatro horas fuera de casa dejan poco para los padres, pero “yo he criado a dos, y cuando crecen les explico mejor. Ese es mi método. Me he fajado en la escuela cuando quieren que vayan a una marcha o que digan unos versos en el ‘matutino’ obligado, pero fuera de ahí, he esperado a que crezcan para explicarles”, dice, resignada.

Doctrina fuera del horario docente

Aunque a todas luces se trata de un adoctrinamiento político con el acento en la base, es decir, en la enseñanza primaria, todos los niveles reciben su dosis de ideología.

Aparte de las cuatro horas reglamentarias de docencia, los alumnos de la enseñanza primaria tienen horas extras en las que estudian temas como Biblioteca y Computación, donde, otra vez, los “cinco héroes” (espías presos en Estados Unidos), el embargo o la vigilancia revolucionaria son platos de primera en el consumo diario. “Lo que les meten en la cabeza se les pega bastante, aunque tú intentes lo contrario. Los mandan a pintar un Che (Guevara), a hacer una poesía ‘a los 5’ o les ‘suenan’ un discurso de Fidel en un DVD”, concluye Maritza con resignación.

Sobran los ejemplos en los que la rigidez del sistema educativo ha sancionado y fustigado a profesores, padres y alumnos por igual, en caso en que hayan disentido de la doctrina.

En 2008, Lisandra Domíguez Mora, de 13 años de edad e hija postiza del pastor disidente Delmides Fidalgo López, residente en el municipio holguinero de Buenaventura, fue encerrada en una oficina de la Seguridad del Estado y expulsada de la escuela por no querer quitarse un pulso de goma con la palabra Cambio, según expresó el pastor a la prensa independiente, antes de agregar: “casi nada podemos hacer contra las formas de adoctrinamiento, pero en edades tempranas es aún más traumático”.

Lenguaje subliminal… todo el tiempo

La mayor impotencia de los padres es ante la inducción política que flota en el medio ambiente.

Cada escuela está “engalanada” permanentemente con banderas alusivas al 26 de julio, fecha del ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Aunque los nombres de los centros pueden ser los de próceres de las contiendas del siglo XIX, casi siempre son los de un mártir local en las guerras del África o de luchadores contra la dictadura de Fulgencio Batista.

“Y esto no es nada —agrega Rubén—, cuando los niños caminan por la calle, no es difícil que se encuentren muros con imágenes de Lenin o consignas de Patria o Muerte. Por mucho que los atajes, siempre chocan con la mano del discurso oficial”.

Como norma metodológica, los cursos escolares, que apenas llegan a los diez meses, son entreverados por dos jornadas patrióticas de fuerte contenido político, la de Camilo y Che, dedicada por entero a estos dos guerrilleros que bajaron a tiros de la Sierra Maestra, y la Jornada de Abril, fecha en que rememoran indefectiblemente los aniversarios de la Unión de Jóvenes Comunistas, la Organización de Pioneros “José Martí” y los combates de Playa Girón.

La televisión, por su parte, no se queda atrás. Al no existir cuñas comerciales entre programas, los spots inundan la pantalla de llamados a la guerra de todo el pueblo, el amor al socialismo y el comunismo y el odio al imperialismo yanki. De modo que poco pueden hacer los padres disconformes, “si dos veces a la semana, ante cada inicio de la jornada estudiantil, les insuflan una monserga política a los pequeños. Es algo que pesa bastante a la hora de educarlos en casa”, finaliza Rubén.