Martes, 12 de Diciembre de 2017
01:53 CET.
Opinión

La disidencia versus Fredo Corleone

Archivado en

Ahora que se habla de relajar las restricciones de los viajes de turistas norteamericanos a Cuba, advierto un curioso fenómeno que se ha destapado en los programas de micrófono abierto de las estaciones de AM en inglés. Al mencionarse el asunto, muy pocas llamadas aluden —como cabría suponerse— a los sucesos del panorama político actual. Los radioescuchas debaten, una y otra vez, el argumento de una película hollywoodense de hace más de tres décadas que, para muchos de ellos, representa la "última palabra" sobre nuestro país: El Padrino, segunda parte, del director Francis Ford Coppola.

Se trata de La Habana gangsteril de Meyer Lansky (interpretado por Lee Strasberg), en el momento de la caída de Fulgencio Batista, caracterizado por el actor panameño Tito Alba. Esa Cuba es un meme, y es la única que existe en las sinapsis del americano promedio. Como cualquier otra "era imaginaria", la Kiuba clásica devino territorio virtual, un producto del espectáculo y una marca de la cultura de masas.

En ningún momento (y he seguido las conversaciones radiales con bastante insistencia) se habla del viaje a una civilización en ruinas donde hay unos rebeldes negros en huelga de hambre. Tampoco se menciona a las sacerdotisas vestidas de blanco que luchan por sabe dios qué causa. Ni siquiera se considera el extraño caso de cierto dictador jurásico. El personaje más discutido sigue siendo —créalo o no— Fredo Corleone (John Cazale), en la escena habanera donde toma un daiquirí de banana y va a ver el show de Supermán en el teatro Shangai. Esto es crucial.

Si tuviera que ponerle un nombre al extraño fenómeno, lo calificaría (influido, sin dudas, por mi experiencia cubana) de "diversionismo ideológico". ¿Por qué llamarlo así? Primero, porque la película de Coppola "desvía" el significado de una clave histórica local hacia un espacio de falsificación universal. Segundo, porque escamotea la "actualidad" para suplantarla con una fusión estandarizada de lo mitológico. (Me temo —estoy seguro— que ninguna de mis patibularias definiciones son exactas. Ya vendrán otros que piensen en conceptos precisos).

En pocas palabras: Steven Soderbergh o Francis Ford Coppola son, en este sentido, "diversionistas" y, al mismo tiempo, auténticos "ideólogos" del castrismo, productores de la narrativa diversionista del castrismo.

El papel que en 1793 se asignó al pintor Jacques-Louis David —el de propagandista de la Revolución— recae, en nuestro caso, en el cineasta y el productor hollywoodenses. Como David, también Coppola y Soderbergh crearon obras de arte de cuyo impacto es imposible sustraerse: la estampida de oligarcas en el baile de fin de año de El Padrino II (suerte de Last Tango in Havana), es un pronunciamiento político de tal fuerza retórica, que ningún discurso de Fidel podría comparársele en elocuencia.

En El argentino, de Steven Soderbergh, el actor puertorriqueño Benicio del Toro se presenta ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para defender los fusilamientos de La Cabaña. La “querida presencia” del fotogénico matón había sido creada por Korda, y comercializada por el magnate italiano Giangiacomo Feltrinelli. Anticipándose al arte de Shepard Fairey, Feltrinelli creó una imagen callejera que se autoreproduce y se autoperpetúa. El “Guerrillero Heroico” devino el objeto cultural diversionista por excelencia.

Esas imágenes primordiales, por pertenecer al acervo artístico de Occidente, permanecerán incontestadas: nada que la disidencia pueda argüir conseguirá la rectificación de tan encantadoras tergiversaciones epistemológicas.

Cuando los cubanos de la nueva oposición —los Guillermo Fariñas y los Orlando Luis Pardo Lazo, las Yoani Sánchez y las Reina Luisa Tamayo— se enfrentan al castrismo, dejan de ser simples héroes y heroínas para transformarse, automáticamente, en superhéroes. Sus sobrehumanos esfuerzos son, a un tiempo, patéticos, inútiles, fantásticos, titánicos, admirables y trágicos. No es a una camarilla de extorsionistas y comisarios comunes a lo que se enfrentan, sino al todopoderoso Establishment de la cultura popular y a algunos de sus más arraigados arquetipos.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.