Jueves, 14 de Diciembre de 2017
18:19 CET.
Cuba

Genocidio contra Orlando Zapata y los demás presos cubanos

Orlando Zapata Tamayo murió el 24 de febrero a consecuencia de una huelga de hambre sostenida durante más de 80 días, en reclamo de trato adecuado a su condición de prisionero de conciencia. Muchas otras realizó desde el 20 de marzo de 2003. Apresado durante la oleada represiva de la Primavera Negra, no estuvo incluido en los juicios sumarísimos a los 75 con condenas de hasta 28 años de cárcel. Sólo fue sentenciado a tres años, pero no por bondad ni justicia. Debió haber sido excarcelado hace cuatro años. En realidad nunca cometió delito, pues únicamente defendió el derecho a expresar sus ideas, reclamar la libertad de prisioneros políticos, procurar la prosperidad del pueblo cubano y amar la Patria.

Desde su llegada a prisión, el sadismo del régimen "más democrático y respetuosos de los derechos humanos en el mundo" se ensañó con el joven negro, humilde, albañil y plomero, nacido el 15 de mayo de 1967. Celdas de castigo, golpizas y vejaciones no rompieron su dignidad. Acusaciones sucesivas dentro de la prisión produjeron juicios sin defensa, con condenas sumadas de 36 años al momento de ser asesinado. Pasó por varias prisiones por las protestas realizadas con otros presos de conciencia como él y prisioneros políticos, a pesar del aislamiento a que estaban sometidos.

¡Qué en Cuba no se tortura, alardea el gobierno! ¿Acaso el trato cruel, la ausencia de atención médica, la falta de medicamentos, la mala alimentación, la escasa agua contaminada, la inexistente higiene, el hacinamiento con presos comunes de alta peligrosidad, los gritos, los insectos y roedores, no son torturas físicas? Estar enclaustrado en dos por tres metros sin ventanas ni ventilación, con un hueco para las necesidades vitales y un chorrito intermitente de agua, sin alimentos ni ropa, con humedad y frío o calor intensos según la época, parece exquisita tortura. La ausencia de cartas o llamadas telefónicas; no tener libros y periódicos ni con que escribir, complementan el régimen en las cárceles cubanas. La privación de visitas familiares como castigo, luego de muchos meses de espera, es habitual.

Reyna Tamayo, la madre de Zapata, ha recorrido la isla de prisión en prisión. Demandó tratamiento humano para su hijo, atribulado y recio, a las autoridades de los penales, el Ministerio del Interior, el gobierno y el poder judicial. Se enteraba de los juicios realizados y las nuevas sentencias cuando ya se habían impuesto. Viajó miles de kilómetros en casi siete años para llevar alimentos y ropa adquiridos con mucho esfuerzo, para regresar con la mayor parte porque le limitaban el peso o le quitaban la visita. ¡Cuanta tortura a esa mujer cubana, humilde, negra! En un país, donde "no hay discriminación racial y todos tenemos iguales derechos".

A Orlando Zapata Tamayo lo trasladaron de Camagüey a La Habana cuando ya expiraba. El clamor de la oposición pacífica, la solidaridad de los prisioneros de conciencia y políticos, así como las denuncias de la opinión pública internacional, movieron a los ególatras totalitarios. Desde 2004 habían procurado que los presos no murieran en las cárceles, otorgando licencias extrapenales o dándoles tratamiento médico antes de llegar al límite del desgaste total.

Uno de esos presos, Miguel Valdés Tamayo, falleció el 9 de enero de 2007 en un hospital de La Habana por la dolencia cardíaca agravada en la cárcel. Había recibido la licencia meses antes. Fue el primer mártir de los 75. También era negro y humilde. Orlando, por su parte, fue sacado del Hospital Nacional de Reclusos de la Prisión de Máxima Seguridad Combinado del Este horas antes hacia el publicitado Hospital Hermanos Amejeiras, para que falleciera en una instalación civil del más elevado nivel, a la que no lo trasladaron oportunamente.

La mayoría de los 53 reos de conciencia del grupo de los 75 que permanecen en prisión sufren serias enfermedades, contraídas allí. Muchos están amenazados de seguir la ruta de Miguel y Orlando. Hay alrededor de 200 prisioneros políticos, y Cuba ostenta el bochornoso cuarto lugar mundial en cantidad de presos por habitantes: 531 cada 100.000.

El genocidio, según el Artículo II, inciso b —lesión grave a la integridad física o mental, según la Convención de la ONU de 1948—, está institucionalizado en Cuba. Fidel Castro atacó el Cuartel Moncada; hubo muchos muertos. Sólo cumplió 21 meses en una cárcel, donde cocinaba langosta, fumaba tabaco, recibía visitas, libros y correspondencia; fue retratado y conversó con periodistas. Durante la dictadura de Fulgencio Batista, el Congreso lo amnistió.

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