Martes, 12 de Diciembre de 2017
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Cuba

Tímidas señales

La sección Cartas a la dirección del diario Granma publicó, el viernes 29 de enero, algunos criterios acerca de la privatización de la gastronomía en Cuba. Espontáneos u orientados, la publicación de tales criterios en la prensa oficial demuestra la necesaria participación ciudadana en la solución de los problemas nacionales y lo dañino de dividir a los cubanos por el simple hecho de opinar a favor o en contra del poder.

Aunque tardío e insuficiente, la publicación de las opiniones de D. González de la Cruz, sin que se le califique de contrarrevolucionario, constituye un pequeño paso, tardío e insuficiente, pero un paso al fin. Veamos cuatro de esas opiniones:

1- "En la situación que tenemos no se trata de privatizar nada porque en la práctica ya ocurrió… ¿Qué clase de propiedad social son los centros de servicio y gastronomía en que los gastos corresponden al Estado, mientras los beneficios con todo tipo de orígenes fraudulento e ilegales, van a parar a lo bolsillos de quienes trabajan en ello…?" Y añade: "¿Qué representaría para el Estado la eliminación de la actual farsa de propiedad estatal?, pues nada menos que la eliminación de un gasto colosal de salarios, seguridad social, un enorme aparato burocrático y consumos materiales enormes de imposible recuperación…".

2- "La propiedad, sea privada o estatal, cuando está en función social es válida. Culpar a la propiedad privada en general de regresar al capitalismo y por tal motivo obviarla, es como calificar a la máquina de vapor también de capitalista por haber propiciado el desarrollo de este sistema…"

3- "El materialismo histórico establece que la base económica determina su superestructura… Me pregunto qué moral se supone que esté surgiendo del tipo de propiedad estatal que tenemos en que los bienes del Estado se utilizan para el lucro y el saqueo a la población".

4- "…si queremos salvar nuestro socialismo, no basta con proclamarlo en consignas machaconas, debemos hacerlo desde adentro con las rectificaciones necesarias y pronto".

El debate de la privatización

Tal parece que Granma está promoviendo un debate acerca de una privatización, que como dice González de la Cruz, ya se realizó de la peor forma. De la peor, porque la obsesión por evitar la formación de una clase media cubana condujo a una privatización sui géneris, sin propietarios legales, que ha sido perjudicial tanto al Estado como a la sociedad. Esa realidad obliga, tarde o temprano, a proceder a una verdadera privatización, en la que los cubanos puedan ser dueños legítimos.

En marzo de 2001, en uno de los párrafos de Moral ciudadana, publicado en el diario digital cubaencuentro.com, escribí: "Una gigantesca y eficiente red de productos y servicios, al margen de la ley, funciona a lo largo y ancho del territorio cubano. La oferta de artículos originales o adulterados abarca, desde una aguja de coser hasta un detective privado; desde una linda caribeña hasta una consulta astrológica, desde una reparación de calzado hasta la construcción de mansiones… A falta de locales propios la red emplea los del Estado, donde comercializan o prestan sus servicios, lo que originó el vocablo Estaticular, es decir, gastos del Estado y utilidades del particular. La fuente principal de abastecimiento es el robo, con la consiguiente corrupción…".

En la ponencia Aspectos conceptuales de la propiedad, presentada en Economía 2000, un seminario sobre el presente y futuro de la economía cubana civil, expuse: "En la sociedad, el desarrollo personal se realiza a través de las relaciones y la colaboración social, y la propiedad es un instrumento que permite la realización de esa colaboración… La disyuntiva no radica entre propiedad privada versus propiedad social, sino en la capacidad para considerar, en determinada época, lugar y condiciones, cuál o cuáles de las formas es más ventajosa para el desarrollo de la colectividad, lo que hace de la institución de la propiedad un fundamento del orden social".

En cuanto a qué moral está surgiendo del tipo de propiedad estatal que tenemos, la respuesta es sencilla: la moral que se corresponde con la base material que la sustenta. En el mencionado artículo Moral ciudadana, dije: "¿Cuál es el dilema de la familia cubana si el trabajo dejó de ser la fuente principal de ingresos? La respuesta es sobrevivir… Si además esas conductas son aceptadas socialmente y cada familia de una u otra forma convive con ellas y las comparte, entonces eso es moral, precisamente una moral negativa de sobrevivencia".

Más reciente, en La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado, publicado en la revista digital Consenso, escribí: "Cuando se pierde o se deteriora la relación entre propiedad y apropiación, como ha ocurrido en Cuba..., resulta que los ciudadanos, desposeídos e impedidos por ley de ser propietarios y/o de recibir en dependencia de sus aportes, en vez de responder a los heroicos llamados productivos… prefieren buscar los medios para subsistir a través de ilegalidades, engaños, robos, mendicidad y apropiación de esa propiedad de todo el pueblo, con el consiguiente perjuicio productivo y el deterioro ético de los ciudadanos".

Además del mandato de los mártires, como expresara González de la Cruz, hay algo que no puede ignorarse. En La agricultura cubana… expresé: "tanto la milenaria experiencia práctica como la ciencia económica han demostrado el insustituible papel del interés de los trabajadores en el aumento de la producción y de la productividad del trabajo, ámbito en el cual la propiedad desempeña un estimable papel… Una realidad ausente en las relaciones de propiedad vigentes en Cuba, las cuales bloquean la plena participación, en un país donde precisamente su potencial económico radica en la alta calificación de sus ciudadanos".

Pequeña y mediana propiedad… desde los tiempos coloniales

En todas las épocas, pensadores cubanos se preocuparon por el fomento generalizado de la pequeña y mediana propiedad. El Obispo Juan José Díaz de Espada elaboró en 1808 un proyecto basado en una economía diversificada de pequeños productores agrícolas; José Antonio Saco planteó la conversión de la plantación esclavista en pequeñas parcelas agrícolas; Francisco de Frías, Conde de Pozos Dulces, consideraba que Cuba debiera ser por excelencia la patria de la pequeña propiedad y de los cultivos en escala menor; Enrique José Varona, tanto en la colonia como en la República aconsejaba promover la pequeña propiedad y fomentar una clase media nacional; y José Martí consideraba que la República era un estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba, un espacio de libertad para la expresión del pensamiento y de muchos pequeños propietarios.

Así, desde los tiempos coloniales, se fueron creando una infinidad de pequeñas propiedades que se consolidaron con el concepto de función social definido en la Constitución de 1940 y que gestó un importante sector de pequeños y medianos empresarios nacionales cuyas últimas manifestaciones fueron barridas con la Ofensiva Revolucionaria de 1968. Luego, en 1993, las tímidas reformas iniciadas, que respondían más a la conservación del poder político que a las necesidades de la sociedad, fueron detenidas con la contrarreforma de 1996.

Esos y otros criterios fueron planteados hace muchos años. Lo único novedoso radica en que, después que el problema ha empeorado, otros cubanos vuelvan sobre el tema y que la prensa oficial lo publique sin llamarlos enemigos o contrarrevolucionarios. El problema radica en que si realmente se quiere buscar la solución a tan graves problemas se impone un verdadero debate, inclusivo, al margen de las ideologías e intereses del poder, lo que inevitablemente exigirá cambios estructurales. Hay que avanzar hacia una participación ciudadana efectiva o continuamos cuesta abajo hacia la hecatombe.

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